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Neoliberalismo antropófago versus soberanía argentina

¿Se puede ser tan enfermo como para convencer y convencerse de que una actividad tan chocante como colgar bolsas que representen cuerpos humanos muertos sea una actividad política?


Por Daniel Fernández Lamothe / Especial para El Ciudadano

¿Tenemos conciencia de lo maniatado que está el país para encarar las acciones necesarias que mejoren la vida de los argentinos? Esa es la base de nuestra mala situación: el país rico donde vive mucha gente que padece hambre, ignorancia, mala salud y pérdida definitiva de oportunidades. Mientras tanto ustedes, los que se jactan de ser “apolíticos” porque está todo podrido, con su voto o su apoyo callejero (ahora, porque les calentaron la cabeza los dueños del poder mediante una feroz campaña mediática) van avalando década tras década todas estas políticas entreguistas.

Después de repudiar a Menem en el ´89, lo votaron en la reelección (largas esperas en la cola en Uruguayana era el precio por traer electrodomésticos de Brasil. Un negoción). Espantados luego por el fraude que perpetró el riojano, acudieron al salvavidas de plomo del radical más ganador del momento. Y De la Rúa llevó el país a diciembre del 2001.

Azorados, pasaron los dos años rodeados de fantasmas. El problema es que eran fantasmas de peronistas que los acosaban, anunciando un cielo de bonanza. El horror los confinó. Dos años tremendos; protestas populares, represión con muertos.

Muchos de ustedes retornaron con toda facilidad al “apoliticismo”. Y vinieron largos años duros de soportar. Doce. Estos peronistas… Fue la segunda vez, en 75 años, que los argentinos conocieron una etapa pujante y solidaria. Aun así los números de la economía no eran buenos del todo.

A la muy complicada situación en la que se hallaba el país cuando asumieron, se sumaron algunos errores propios del gobierno kirchnerista y otros propios de las limitaciones de su ideología. Todo eso derivó en la pérdida de las elecciones de 2015 a manos de los más atrevidos, cínicos y corruptos representantes de este neoliberalismo antropófago con el que cohabitamos.

El neoliberalismo que estamos conociendo se mantiene muy lejos de impulsar un espíritu de libertad para todos, con el que atrapan incautos. Apoyándose en un profundo individualismo, reclama libertad para hacer lo que se le ocurra y cuando se le ocurra. Lógicamente, todo esto refiere a la libertad para comerciar, negociar, invertir y andar por los aires con mucho donaire sin la mínima participación del Estado.

Resumiendo, el neoliberalismo quiere hacer sus chanchullos, por ejemplo, lograr que se pueda exprimir totalmente a los trabajadores sin que intervenga un sindicato, porque no tienen que existir, y que tampoco se meta a reglamentar un ministerio de trabajo. Eso es lo que predomina en el pensamiento neoliberal: sacarle el jugo a todo otro; te la cuenten como te la cuenten Macri, Bullrich, Carrió o el propio Durán Barba. Y ustedes, sin pensarlo demasiado porque son “apolíticos” le metieron el voto, salieron a la calle coreando sus mentiras, las más de las veces sin conocer para nada a los que promovían esas movidas, insultaron a los peronistas, aunque no tuvieran ningún cargo, agraviaron a la figura presidencial innumerables veces y de las formas más jodidas. Ustedes actuaron así, y hasta se dieron el gusto de ser violentos por un rato, actitud que siempre repudiaron en los demás.

Y así, el país quedó maniatado por todas partes. No hay un segmento de su economía que no esté comprometido por los roñosos vendepatria. Desde Rivadavia, incluido como fundador de la entrega, hasta Macri, que para fortalecer las ligaduras dejó la deuda externa más grande de la historia, no han hecho otra cosa que cumplir con las órdenes de los poderosos organismos financieros internacionales para su beneficio en contra del nuestro. Lo doloroso es verlos a ustedes, argentinos también, que ni siquiera han reclamado para saber qué se hizo con el dinero de esta bomba de tiempo variable, llamada deuda externa, que el macrismo puso sobre nuestras cabezas.

Párrafo aparte

¿Se puede ser tan enfermo como para convencer y convencerse de que una actividad tan chocante como colgar bolsas que representen cuerpos humanos muertos sea una actividad política? Ha sido una acción dolorosa, cínica, soberbia, inmoral, pero sobre todo, repugnante y merecedora de sanción. Eso no es libertad de expresión eso es amenaza. La libertad de expresión existe para que la ejerzan solo las personas.

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