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Virasoro al 1500

Morir en un balcón: se inició juicio por crimen tras un robo

La víctima les gritó a los ladrones que estaban asaltando a su vecino: le dispararon y murió a los pocos minutos.


“Me pegaron un tiro y me muerto”, le dijo Francisco a su mujer antes de fallecer. “No, no te podés morir, yo te amo como el primer día”, le replicó María Cristina. Este fue el último diálogo que tuvo Francisco Calvano con su mujer. El hombre se asomó por el balcón de la casa de su madre y le gritó a dos muchachos que habían asaltado momentos antes a su vecino. Los ladrones le contestaron con un disparo, que impactó en el cuello de la víctima y le quitó la vida. Y ahí comenzó la desesperación de María Cristina –que había pasado junto a su marido 43 años– que quedó plasmada en un llamado al 911 donde a los gritos pidió auxilio. Ayer se inició un juicio oral que tiene sentado en el banquillo al único imputado en el caso. El fiscal Ademar Bianchini está convencido de que es el autor material del innecesario disparo contra Calvano. Para el acusado, solicitó la pena de prisión perpetua por los delitos de robo calificado y homicidio criminis causa, planteó que apoyó la querella. Por su parte, la defensa planteó la ajenidad de su pupilo en el hecho y avaló su teoría en la declaración del muchacho que admitió el robo pero se desvinculó de la muerte. Sostuvo que hubo un tercer actor en el hecho que fue quien apretó el gatillo. El juicio es presidido por un tribunal pluripersonal compuesto por Alejandro Negroni, Mónica Lamperti y Héctor Núñez Cartelle.

Una muerte absurda sufrió Francisco Calvano el 22 de noviembre de 2014 en el balcón de la casa de su madre ubicada en Virasoro al 1500. Según refirió María Cristina, su esposa, durante la audiencia, su suegra estaba enferma y su hijo iba a diario a darle los medicamentos. Dos veces al día Francisco, de 53 años, asistía a su madre. Esa noche eran cerca de las 20 cuando llegaron a la casa de la anciana. Como al día siguiente la madre de la víctima cumplía 85 años, María Cristina fue a peinarla. Mientras tanto, su marido levantó la ropa y luego se puso a barrer. Abrió la puerta del balcón que estaba con llave y mientras realizaba esta actividad la mujer escuchó un estampido y su marido cayó contra la puerta. Le escuchó un quejido y se acercó.

– ¿Te descompusiste? le preguntó María Cristina.

–“Me pegaron un tiro y me muero”, contestó el hombre.

–“No, no te podés morir, yo te amo como el primer día”.

La mujer recordó que le tocó el cuello, y tenía una pelota como el tamaño de una lenteja, refirió. Gritó por la ventana, llamo a la Policía, a su hermana y uno de sus hijos. Tras ello, les tiró las llaves a los vecinos por el balcón. Al subir le dijeron que su marido les gritó a unos chicos que robaron al vecino y le dispararon. La víctima murió en el lugar.

Cristina sostuvo que su marido era un ser muy especial, excepcional y no merecía morir. En tanto, el fiscal sostuvo que el autor del disparo fue Javier Espinoza Bullón, quien fue detenido 9 días después en su casa y desde entonces permanece detenido. El testimonio básico de la teoría fiscal está cimentado en la declaración del vecino que fue asaltado. El hombre de 79 años sostuvo que esa noche ingresó su auto en la cochera y frente a su casa había dos muchachos que daba la impresión de que esperaban el colectivo. Cuando estaba cerrando, corrieron y empujaron el portón. El más bajo de ellos le apuntó con un arma a la cabeza, mientras el otro revolvió su auto, detalló. Le pidió la billetera y el celular y ambos huyeron. El hombre cerró el portón y salió por otra puerta. En ese momento vio al joven que lo apuntó con el arma llevar el brazo hacia arriba y disparar, y enseguida su vecino que estaba en el balcón se desvaneció. El testigo refirió que eran dos y se fueron corriendo. También aseveró que al más bajo de los asaltantes lo reconoció en una rueda de presos. Según detalló fue quien lo amedrentó con un arma.

Por su parte, el imputado tras escuchar el pedido de prisión perpetua que realizó el fiscal y la querella a cargo de Antonio Ramos y Walter Calenta, hizo su descargo. Dijo que estaba en la puerta de su casa cuando llegaron dos muchachos en moto y le dijeron “vamos a laburar” y se subió al vehículo. Admitió el robo, pero sosuvo que cuando huían escuchó una detonación y una voz que le decía “quieto ahí o te mato” y siguió corriendo. Sostuvo que tenía un calibre diferente al arma homicida y que no fue quien disparó.

Dijo que la persona que estuvo vinculada a la causa era quien tenía la moto y otra persona que identificó fue quien disparó. Refirió que hace un tiempo tuvo una comunicación telefónica con su compinche y le dijo “vos bardeaste” y su interlocutor dijo “no fue queriendo, le tiré por tirar”. El imputado sostuvo que recién la semana pasada dio a conocer esta versión a su defensa y que teme porque el hermano de la persona que disparó intenta llevarlo a su pabellón, ya que están detenidos en la misma cárcel.

Por su parte, la defensa oficial a cargo de María Eugenia Carbone y Cesar Baroni, sostuvo la inocencia de su pupilo y basó su teoría del caso en la declaración de Espinoza Bullón.Hoy continuará el debate.

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