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Médicos rosarinos recibirán títulos como hepatólogos

Por Antonio Capriotti


cienciadentro

Hace más de 20 años que la Asociación Argentina para el Estudio de les Enfermedades del Hígado (Aaeeh) se ocupa de conseguir el título de hepatólogo para los especialistas en gastroenterología que se dedican a la atención y el estudio de enfermedades del hígado. El 17 de diciembre los primeros 18 profesionales acreditados para atender estas enfermedades recibirán su título. De ellos, tres son médicos de Rosario. El primero, el doctor Hugo Tanno, recién distinguido en el Concejo Municipal. En segundo lugar,los doctores Fernando Bessone y Julio Vorobioff, que comenzaron su formación con Tanno. Como la formación médica es continua el doctor Vorobioff la amplió con un Bellow (“compañero” en inglés) en la Universidad de Yale, Estados Unidos. Bessone, por su parte, rotó por servicios de hospitales emblemáticos de Buenos Aires y continuó su formación en San Pablo y Barcelona.

Los orígenes de la hepatología

El doctor Julio Vorobioff recurre a la historia de la hepatología y la ubica como una disciplina que nace como parte de la actividad médica a principios del siglo pasado, sobre todo en Alemania, con uno de sus maestros, Hans Eppinger, y su discípulo, Hans Popper. “Se trata de una disciplina reciente. Va tomando vuelo propio a partir de de los 50 cuando comienzan a hacerse las primeras reuniones en Chicago, donde se crea la Asociación Americana de las Enfermedades del Hígado, que ya lleva 63 reuniones consecutivas”, explica. Aún con el paso del tiempo en el mundo no existe la especialidad del médico que se dedica a las enfermedades del hígado. Argentina será pionera ya que en pocos días otorgará el título de la especialidad a quienes la ejercen desde hace años.

La pregunta entonces es por qué eligieron ocuparse del hígado, dedicarle todo el tiempo a un órgano del que se sabía muy poco y cuyas enfermedades carecían de soluciones terapéuticas. “Tengo que reconocer que las clases de Hugo Tanno me sedujeron”, afirma Bessone. “Hicieron que me interesara por la cirrosis descompensada, por la aparición del virus B y su relación viral en la hepatitis B. Me encantaba cómo daba las clases y me dije: «Esto me gusta». Eso me decidió a hacer la residencia en gastroenterología”, agrega. “Además hice dos años de clínica con una rotación por el Hospital Posadas para aprender radiología con Pablo Mazure y Luis Colombato”. Dos fellows en Brasil: el doctor Luis Gallotto y otro en el Hospital “Das Crianzas”, completa. Su formación continuó en Barcelona con el doctor Miquel Bruguera.

Julio Vorobioff, sostiene que se inclinó por el hígado por lo mismo que su par. “Además, porque en un servicio de gastroenterología hospitalario la mayoría de las internaciones son por patologías hepáticas”, señala y agrega: “Sumado a la influencia de Hugo y de mi padre que fue gastroenterólogo. Con todos estos antecedentes tuve la posibilidad de formarme en la Universidad de Yale en Estados Unidos, donde pude trabajar en investigación en el laboratorio del doctor Grossman, un argentino radicado desde muy joven allá”, relata.

Ambos médicos ocuparon en su momento la presidencia de la Asociación Argentina de Estudio de Enfermedades Hepáticas (Aaeeh). Y serán junto a Hugo Tanno y a otros 15 ex presidentes los primeros en recibir el título de la “nueva” especialidad que llevará como nombre Especialista en Hepatología Clínica de Adultos.

—¿Qué significa para ustedes recibir este título de especialista después de sus trayectorias?

—Vorobioff: Ahora oficializan la práctica que nosotros veníamos realizando. Creo que el reconocimiento de la especialidad a quien en primer lugar fortalece es a la misma Aaeeh, que lo impulsó, lo gestionó y lo consiguió. Para mí, en lo personal, es un honor. No es habitual que reconozcan una especialidad después de 40 años de ejercerla en la práctica. Fuimos médicos que hacíamos hepatología que al final casi de sus carreras somos reconocidos como especialistas.

—Bessone: Mientras avanzaba en el ejercicio de la medicina comparaba y desde temprano advertí que la hepatología no tenía nada que ver con la gastroenterología. Me tocó vivirlo. La hepatología es clínica y si bien el hígado forma parte del aparato digestivo, las enfermedades del hígado nada tienen que ver con el aparato digestivo salvo algunas aisladas. La enfermedad del hígado es una enfermedad clínica tiene que ver con la medicina interna. Sufrí durante muchos años porque al principio lo que se podía hacer con las enfermedades del hígado era muy poco. Hoy la hepatología ha crecido, tiene el trasplante hepático, cura las hepatitis, mejoró las sobrevidas de las colestasis. Y ha encontrado el marcador genético a enfermedades por sobrecarga de metales. Por otro lado, con la incorporación de las imágenes se pudieron diagnosticar casos sombríos. Me hace feliz haber vivido todo este período histórico.

La enfermedad en la hepatología

Los síntomas de hepatitis constituyen una de las consultas más frecuentes en los consultorios de los especialistas. Para el doctor Bessone, “es la enfermedad por la que nos sentimos atraídos” y relata que “cuando era estudiante de medicina, a los 21 años, tuve una hepatitis A que me angustió mucho. Tuve 45 días metido en la cama. Fue algo muy traumático. Nunca lo consideré como un factor que me decidiera a elegir la especialidad pero estuvo muy metido en el medio”. Luego, el especialista agrega: “Por ese entonces la hepatitis era el terreno a investigar rodeado de dudas. No se podían tratar. Sabíamos que existían hepatitis crónicas y no tenían ni nombre ni apellido. Fuimos testigos de avances tremendos en esta enfermedad. Vivimos la época del Interferon, de las drogas por vía oral. Fuimos testigos del nacimiento de la hepatitis a virus C, en el año 1989. A partir de esa fecha, comienza otra historia. En el mundo llegaron a detectarse 150 millones de portadores. Fue la causa número uno del trasplante hepático. Hoy a punto de curarse con dos pastillas durante 12 semanas”.

Cuando se le pregunta al doctor Julio Vorobioff sobre las recomendaciones para cuidar al hígado y prevenir que se enferme, expresa con seguridad que la primera recomendación es que vacunar a los niños al nacer contra las hepatitis A y B, “ya que este acto ha significado en el mundo un avance extraordinario”.

Sobre si ha podido evaluar el impacto de la inclusión de la vacuna contra la hepatitis en el Calendario de Vacunación Nacional, ambos profesionales responden que ha sido “impactante ver los resultados de la vacunación de la hepatitis A”. “Argentina es el país donde más hepatitis fulminantes había en toda América Latina. Desde 2007 caen abruptamente esos números. Y el año pasado no ha sido reportada ninguna hepatitis fulminante por virus A”, agregan.

—¿Cómo les hace sentir el recibir el diploma de especialistas?

—Bessone: “Muy feliz. En primer lugar porque es un logro de la Aaeeh. Desde hace tiempo que se trabaja con el Ministerio de Salud de la Nación y con la Universidad de Buenos Aires (UBA). Hoy la mayoría de las enfermedades hepáticas tienen tratamiento, o se les detecta una mutación. Hoy se sabe cuál es la mutación de las enfermedades por sobrecarga de cobre y de hierro. Además el trasplante hepático nos abrió un camino inmenso”.

—Vorobioff: “Es un reconocimiento al desarrollo de una disciplina y a quienes se internaron en ella avanzando cuando había pocos elementos y menos soluciones. Reconocimiento a la labor de la AAEEH y al avance de la disciplina”.

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