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Sexualidad

Mayores de 50, entre el placer y la prevención

Dos profesoras están al frente de la cátedra de salud y sexualidad del programa de la UNR para adultos. Allí 35 alumnos y alumnas hablan sobre el cuidado, los deseos y los mitos en tiempos de Viagra y de mujeres liberadas. El eje es la prevención: VIH y sífilis se expandieron entre adultos mayores.


Los alumnos caminan alrededor de los bancos. La profesora los divide en tres grupos y a cada uno le da una actividad. Es la última clase del cuatrimestre y el objetivo es que terminen de conocerse. Son 35 y tienen entre 50 y 80 años.

Cada martes, van al anexo de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) de Corrientes al 2000 para aprender sobre salud y sexualidad en la tercera edad. El curso lo coordinan la bioquímica Adriana Caille y la gerontóloga Adriana Lombardo desde hace tres años. Surgió para prevenir enfermedades de transmisión sexual.

Según la Secretaría de Salud Pública de Rosario, el año pasado hubo 27 casos de sífilis y en los últimos 5 años el 14 por ciento de los nuevos diagnósticos de VIH fueron en personas de más de 50 años. Para las docentes, la expansión de las enfermedades hacia la tercera edad tiene varios motivos: dejaron de cuidarse porque no hay riesgo de embarazo y no tienen información actualizada sobre las formas de contagio.

“Con el Viagra los hombres están activos durante más tiempo. Interactúan con varias mujeres, en general más jóvenes. Como ya pasaron el período fértil no usan preservativos. Al no tener información actualizada se relajan y aparecen enfermedades que habían desaparecido”, contó Caille a El Ciudadano.

Después de los 50

Gabriel tiene 62 años y no quiere sentir que sólo sirve para cuidar nietos. Al igual que los compañeros fue al taller para volver a conectarse con el deseo. “Se imaginan que no tenemos sexo, que nos sobra el tiempo, que no podemos trabajar. Nos descartan en muchos lados por nuestra edad. Este curso confirma que estoy tan apto como cuando me decían muchacho. No quiero ser un adulto que sólo sirva para cuidar nietos”, dijo el hombre de 62 años.

Mariela está sentada al lado y no para de hablar con él. “Me hubiera gustado conocerlo antes. Es un hombre muy interesante”, contó. Ella tiene 64 años y es empresaria. “No me siento menos por la edad que tengo. Vine a buscar un enfoque diferente de la vida y encontré un mundo más libre. Me ayudó a abrir mi cabeza. Los valores cambian según las edades”, agregó.

Durante el cuatrimestre, cerca de 10 docentes entre médicos, psicólogos, gerontólogos y escritores intercalan clases teóricas con prácticas donde hacen juegos, ven películas o leen fragmentos de libros. Tocan temas como la salud sexual, la prevención de enfermedades, el embarazo en adultas, la menopausia, la asertividad, el deseo hipoactivo, la falta de encuentro entre parejas, los valores y la confianza en el otro.

“Vienen porque quieren conocer más, desmitificar cuestiones y relacionarse. Muchos son profesionales y están haciendo otros talleres en la Universidad. Están ávidos de aprender. A veces cuentan de forma autorreferencial las inquietudes  y otras veces piden tocar un determinado tema”, señaló la docente.

Oscar le da la mano a Franca y la mira a los ojos. “Tiene cara de pícara”, le dice. “Y usted tiene manos de no trabajar”, le responde ella. El hombre contó que asiste a los cursos de la UNR desde hace 6 años. Al de sexualidad fue porque le interesó el nombre. Para él, lo mejor fueron los módulos de psicología, los médicos y los juegos.

Caille explicó que desde la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas veía con cierta preocupación que las enfermedades de transmisión sexual se hayan expandido a los adultos mayores. Para ella tienen origen en los cruces entre personas de diferentes edades. El tema formó parte de cada módulo y los docentes lo trataron desde diferentes enfoques.

“Hablamos de salud para incluir las enfermedades de transmisión sexual en algún modulo que también sirva también para quitar tabúes o paradigmas erróneos. El grupo es participativo y los docentes les damos el espacio para que interactúen entre ellos”, señaló Caille.

Olimpia mueve una caja que tiene un orificio y hace ruido. La sacude cerca del oído, se la acerca a la nariz para olerla y espía por las hendiduras para tratar de adivinar qué hay adentro. “Es un perfume”, grita una de las compañeras, y cada uno empieza a lanzar su apuesta. Olimpia contó que llegó al taller a través de una amiga. “Las disertaciones fueron muy buenas. Me gustó contactarme con gente de mi edad”, dijo la mujer de 69 años.

Miriam tiene 56 años y para ella la sexualidad es todo. “No sólo lo genital, sino también el contacto, la piel. Me gustó que traten un tema que es tabú en esta edad y cómo articularon los contenidos. Me resultó serio y divertido”, contó.

Caille destacó que este año superaron el número de alumnos y 35 personas terminaron el curso, quienes les dijeron a las profesoras que el curso tiene que seguir todo el año. Después de la última clase, pidieron armar una lista con los números de teléfono del grupo para seguir en contacto.

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