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Más rápido que bombero: rosarino cuenta batalla en Nueva Zelanda, primer país “libre” de coronavirus

Manuel Gallo creció en Alberdi y es administrador de empresas, pero cambió las costas del Paraná por las playas del Pacífico Sur, y las finanzas por la pelea contra el fuego. Desde allí narra una lucha tenaz de pueblo y gobierno, que está teniendo su gran victoria


Especial para El Ciudadano

No está escrita en ningún lado, pero es una regla que no falla. Al preguntar a un niño qué le gustaría ser de grande, hay una edad en la que la primera respuesta es la misma, sin importar las épocas: “Astronauta”. Aunque nadie, o casi nadie, llegue a serlo. Hay otra ocupación muy elegida de chicos, a la que pocos llegan de grandes: Bombero.

Vaya uno a saber por qué, viajar a la Luna o luchar contra el fuego, han sido siempre deseos que habitan desde siempre los sueños infantiles, aunque la vida adulta suela tener casi siempre muchos menos vértigo.

Como cualquier pibe, el rosarino Manuel Gallo seguramente habrá soñado eso mismo cuando corría por las veredas arboladas de Barrio Alberdi, o jugaba en los recreos de la Escuela Carrasco. Terminada la secundaria, cursó Administración de Empresas, se recibió rápido y consiguió un buen empleo. Hasta que en 2003, decidió mudarse a Nueva Zelanda, “para poder estar todos los días cerca del mar”. Instalado allá, tuvo a sus dos hijos y trabajó de lo que había estudiado. Pero un día largó la corbata y la oficina, para cambiar otra vez de aire. Desde hace un tiempo, es parte del plantel estable del Cuerpo de Bomberos de Auckland.

Criado a orillas del río Paraná, hoy vive sobre el Oceano Pacífico, en Murawi, una pequeña localidad sobre la playa y trabaja controlando incendios en la tierra de los All Blacks. Y ahora, en diálogo con El Ciudadano, cuenta cómo se vivió allí la noticia que dio esta semana la primer ministra Jacinda Arden, que anunció -junto con la relajación de la estricta cuarentena que tuvieron durante cuatro semanas-  que Nueva Zelanda es el primer país en ganar la batalla al coronavirus.

“Estamos abriendo la economía, pero no relajando la vida social”, dijo la representante del Partido Laborista. La meta oficial ahora es que haya cero casos, buscando eliminar la curva, en lugar de aplanarla.

El primer contagio en Nueva Zelanda se verificó el 28 de febrero. El 15 de marzo, decidió la puesta en cuarentena de todos los que ingresaban al país. Y una semana después, Ardern anunciaba “la restricción más estricta a los movimientos en este país en su historia moderna”, con la consigna “Stay Home. Brake the chain of tranmission. Save lifes” (Quedate en casa. Rompé la cadena de transmisión. Salvá vidas).

El 29 de marzo, se daba el único fallecimiento aquí por el virus. En cuatro semanas, pasó a haber un solo caso nuevo por día, en toda la nación. A todos los teléfonos celulares de la población, fue llegando un mensaje de texto alertando el nivel de Alerta decretado. Y la primer ministra también se mantuvo aislada en su domicilio, comunicando novedades por las redes.

Gallo cuenta cómo llegaron a Nueva Zelanda las primeras noticias del virus: “Cuando se empezó a escuchar de una enfermedad nueva, que acá se la llama «Covid nineteen», primero era algo raro que pasaba en China, pero nunca nos imaginamos que fuera a llegar a acá. Y enseguida se hizo real. Empezó a haber casos de gente que llegaba contagiado, a veces de manera asintomática. El gobierno armó un sistema de cuatro alertas. La uno, la vida normal. La dos, con pocas restricciones. La tres, cerrar comercios, cafés, restaurantes y algo más, pero podemos salir a hacer unas caminatas y cosas así. Y viendo lo que estaba pasando en Italia, también en España, la gente acá acompañó enseguida la cuarentena, que empezó por el «alerta cuatro», que es la más estricta. Se sacó una petición un fin de semana, que firmaron especialmente el rubro médico y los maestros, para que el gobierno tome la decisión. Como se iba a afectar la economía, las autoridades necesitaban apoyo del pueblo. Y al haber tenido ese respaldo, pudieron hacerlo rápidamente y no tener que esperar a ver si «zafaban» de parar la actividad y que se terminara diseminando el virus, que fue lo que pasó en Londres o en Estados Unidos. Así, se llamó a un lockdown de cuatro semanas y el gobierno pudo determinar cada caso que había, de dónde era el contagio. La mayoría de las veces, era del exterior. Obviamente, con la cuarentena también hicieron un cierre de fronteras. No entraba nadie, que no sea residente o ciudadano.  Además, somos una isla, con lo cual fue más fácil hacerlo. Y los que venían, hacían aislamiento estricto. Eso logró que hubiera muy poco contagio comunitario y se contuvo”.

Nueva Zelanda tiene poco menos de 5 millones de habitantes. Sumó apenas 1400 casos de coronavirus y 19 muertos, antes de declarar controlado el contagio comunitario.

“El país tiene un muy buen sistema púbico de salud. También está la opción privada, pero el Estado tiene muy bien organizado todo. Inclusive hay una farmacéutica estatal que garantiza remedios a valores que nunca superan los 5 dólares. Y para los chicos, hasta los 13 años, la atención sanitaria siempre es gratuita. Lo mismo que si tuviste un accidente en la vía pública, hasta la fisioterapia está cubierta”, detalla el rosarino.

Con la cuarentena, se logró aislar totalmente a quienes habían sido infectados y al tener las fronteras cerradas, fueron bajando la aparición de casos hasta llegar a un dígito diario.

“Por eso esta semana pasamos a la alerta 3, que permite más movimiento. No hay restaurantes, las compras son online, pero podemos salir a hacer deporte o andar en bici, con cuidados. Y se puede circular en auto. Van a ser dos semanas así. Y si seguimos mejorando, iremos a la 2 y si no volvemos a la 4. La gente lo acepta y lo apoya. Hubo también muy rápido, ayuda estatal a las empresas que tenían que cerrar por la cuarentena y que la gente se mantenga”.

Jacinda Ardern, la primera ministra neocelandeza que anunció la batalla ganada al COVID-19, cumplirá 40 años en julio próximo. Representa al Partido Laborista. Y en sus primeros dos años de gestión, consiguió tener altos niveles de aprobación pública.

“El gobierno actuó rápido –afirma Gallo–. Y también sirvió que en general la población es muy responsable. Hay como una cultura también de la disciplina. Hace unos años, a un jugador de los All Blacks, que acá son como una marca del país, lo engancharon borracho y no lo citaron más para la selección. Y era un jugadorazo, eh! En la política medio que pasa lo mismo. Ahora gobierno el Laborismo, que sería como una centroizquierda. El otro partido fuerte es el Nacionalista, que es más de derecha. Aunque la verdad, son los dos bastante de centro. Y el que ahora está en la oposición, con un tema así no se le ocurriría poner piedras en el camino. Porque es como que si te la mandás, quedaste afuera del juego. Y la sociedad funciona parecido. Se acata la decisión comunal. Con la parte más fuerte de la cuerentena, se dispuso personal policial, pero casi no tuvo que actuar. Y Ardern, además, comunica bien. Todos los días al mediodía sale en las noticias y avisa cómo se van a hacer las cosas. Si le preguntan, responde muy claro. Y eso creo que ayuda. Cuando entre el gobierno y el pueblo, las cosas están claras, la gente ayuda”.

Entre los episodios que forjaron una buena relación del gobierno de Ardern con la población, Manuel elige dos.

“Hubo una matanza de 50 personas en una mezquita, de un supremacista blanco que acribilló a musulmanes. Ella apareció públicamente con la cabeza tapada. Y dijo que somos una población en la que todos somos uno, y que si atacan a alguien por motivos de raza o religión, es como si nos atacaran a todos. A mí eso me pareció muy bueno. También, estando ya en el gobierno tuvo hace poco un hijo y está lidiando con todo esto, con un bebé de un año, siendo mujer. Son cosas que ayudan, mucho más si se actuó a tiempo y explicando con claridad. Acá sí se habla de lo mal que hizo las cosas Estados Unidos. Y ya te digo, fue importante ver lo que pasaba en Italia y España. Este país estaba mejor preparados, pero también es verdad que aprendimos de los errores de ellos, en alguna medida. Ahora, no sabemos cuándo se abrirá la frontera de nuevo para los vuelos. Somos una isla. Y la idea es erradicarlo acá al virus, del todo. Lo último que se escuchó sería de una posible cuarentena conjunta con Australia, si las cosas siguen bien, que se pueda ir y volver a ese país, que está cerca y tiene muchos vínculos con nosotros”.

En diálogo con El Ciudadano, Gallo, recuerda: “Vine acá hace 17 años, tuve mis dos hijos acá. Antes, había conocido Australia en unas vacaciones. Y ahí me dieron ganas de vivir en un lugar en el que pudiera hacer surf. Había estudiado Administración de Empresas y acá conseguí trabajo en el sector financiero. Me iba bien. Pero siempre sentí que lo mío no era el trabajo de oficina. Y también que mi vida tenía que ser algo que permita ayudar a otros. Algo que siento que pasa ahora, en la labor como bombero. Además, me permite tener tiempo libre para criar a los chicos y tener seguridad laboral, que en estos tiempos tan alocados, no es poco. Vivo en Muriwai, con mucha naturaleza, al oeste de Auckland. La cuarentena, me agarró bien parado en todo sentido. Yo seguí trabajando, porque mi actividad es las denominadas esenciales. Y llevamos barbijos desde el primer día, nos tenemos que proteger mucho”.

La prevención, es clave para evitar incendios. Y una vez que se inician, también es clave actuar rápido, para poder apagarlos con el menor daño posible.

Estos conceptos útiles para trabajo de los bomberos, parecen al fin y al cabo haber servido a Nueva Zelanda para luchar contra la pandemia. Anécdotas que podrá contar mejor Manuel en su próximo viaje a Rosario. Sus amigos, lo recuerdan desde acá como un tipo siempre solidario con el grupo.

“Cuando nos mandábamos alguna cagada, no era de los más jodones. Era más bien tranquilo. Pero para todos, un pibazo. Cuando hizo ese primer viaje a Australia, se llevó un casette que le regalamos de Los Cafres. Y la previa para la salida, muchas veces era con un asado en su casa y sus perros”, recuerda hoy el actor Lautaro Lamas, uno de los amigos de sus banda, con la que sigue en contacto por WhatsApp.

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