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sobre el grupo de arte de los 70

Mario Piazza estrena un documental sobre Cucaño

El realizador Mario Piazza habla de “Acha Acha Cucaracha”, su documental sobre Cucaño, el emblemático grupo de arte performático que tuvo su alumbramiento a finales de los años 70 en Rosario.


El cineasta Mario Piazza, nacido en Nueva York hace 60 años pero rosarino por adopción desde casi toda su vida, vuelve a presentar una película después de once años de silencio. Se trata de Acha Acha Cucaracha, un documental sobre Cucaño, el emblemático grupo de arte performático que tuvo su alumbramiento a finales de los años 70 en Rosario.

Después del estreno mundial de la película en la última edición del Buenos Aires Festival de Cine Independiente-Bafici, el trabajo llegará a las pantallas de la ciudad en el marco de una gira con carácter de estreno (ver abajo) que tendrá su punto de partida este sábado, a partir de las 20, en el Centro Cultural Parque de España (Sarmiento y el río). La entrada es libre y gratuita pero los tickets deberán retirarse en la boletería a partir de las 19.

Piazza contó a El Ciudadano que fue en 2010 cuando surgió la iniciativa de hacer esta película aunque, aclaró, “podría decir que la génesis del film viene de 35 años atrás, cuando Cucaño estaba en acción y uno compartía la ciudad y el momento”.

“En los oscuros años de la última dictadura en la Argentina, surgió en la ciudad de Rosario, hacia fines de 1979, una agrupación de arte experimental compuesta por jóvenes muy jóvenes, necesitados de expresar su disenso con el mortal clima imperante, a la vez que buscaban su propia identidad saliendo de su adolescencia. Ellos crearon una notable obra colectiva, efímera pero sustancial, que fue la respuesta más cabal que algún joven podía dar y darse a sí mismo en épocas de extrema represión de las expresiones más auténticas y diversas”, describe la sinopsis del documental que, treinta y cinco años después, reúne a muchos de aquellos miembros, de entre cincuenta y sesenta en la actualidad, para recordar aquellos años.

Ningún Cucaño reniega de su pasado, todos reivindican aquellos años juveniles como una etapa fundamental de su formación y cada cual, a su manera, sigue llevando adelante los principios adquiridos en aquella experiencia de auto-enseñanza que fue Cucaño”, opinó Mario Piazza quien para nutrir al film de experiencias, reunió más de treinta testimonios de integrantes y allegados a aquel colectivo artístico irrepetible.

Piazza se lamentó por no haber participado, al menos como espectador ocasional, en ninguna intervención porque, recordó, “eran cosas azarosas”. Y también por no haberlos llegado a filmar: “Teníamos el Súper 8 pero no era tan flexible como ahora es el video. De todos modos, filmé otras cosas que están incluidas en la película y tienen que ver con el espíritu de esos años”.

Los Cucaño empezaron haciendo teatro y música experimental y después de viajar a un encuentro internacional de arte en San Pablo, participaron de una intervención pública que fue determinante en todo lo que devino. “«Acha Acha Cucaracha» era como un saludo de celebración posterior a las intervenciones. Pero también la consigna de bautismo de cada nuevo integrante”, recordó el cineasta.

El flamante documental del director de Madres con ruedas (2006), La Escuela de la Señorita Olga (1991) y Cachilo, el poeta de los muros (1999/2000), entre otros recordados títulos, resultó ganador de la convocatoria del Programa Espacio Santafesino en las categorías provinciales Desarrollo de Largometraje en 2011 y Largometraje en Producción en 2015, recibiendo asignaciones estímulo para su producción, realización y presentación pública, formal y oficial.

¿Qué significó Cucaño para la vida rosarina en el momento de su surgimiento y qué llevó a que el grupo se transforme en un mito?
—Cucaño fue una vanguardia en el sentido de que emprendían acciones muy atrevidas que por eso causaban admiración de los otros actores de la cultura local, además del rechazo de algunos. Yo creo que fue esto mismo lo que los convirtió en mito: una actitud extrema ante la vida y las cosas, la intransigente rebeldía de un grupo de jóvenes sin tradición ni historia, que sin más, salían a la vida enfrentando la oscuridad del entorno de una época tenebrosa.
¿Qué retos cinematográficos te planteó documentar sobre aquellas obras colectivas efímeras que sólo persisten a través de registros de archivo?
—La historia a retratar en términos cinematográficos supuso asumir el mito como parte de la obra de Cucaño, sin que importara tanto la precisión de un testimonio ni la estricta legitimidad de un material de archivo. Asumimos en la realización la propia propuesta de libertad del grupo Cucaño, usando el material disponible más por lo que pudiera evocar sensiblemente que por lo que pudiera referir estrictamente a un hecho determinado de la historia narrada.

Decís que la postura de Cucaño y sus acciones atacaban los fundamentos culturales de la dictadura ¿Hay en este documental una intención por rescatar la memoria y el mito de Cucaño y sus acciones? ¿Cómo se vincula con el presente?

—El vínculo entre aquel pasado y este presente es un eje del film. Es precioso verificar que ningún Cucaño reniega de su pasado, que todos reivindican aquellos años juveniles como una etapa fundamental de su formación, y que cada cual a su manera sigue llevando adelante los principios adquiridos en aquella experiencia de auto-enseñanza que fue Cucaño. Por otra parte, nuestra intención al hacer este film, no fue simplemente la de recordar lo que fue sino también la de actualizarlo, mostrar que aquella propuesta sigue vigente. Y nos interesa muy especialmente ver cómo será recibida por quienes tienen hoy la edad que tenían los Cucaño en la época de sus primeras acciones.

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