Edición Impresa, Espectáculos

El Cruce 2016

Marina Otero recorre su vida en una performance

En el marco de la última jornada de la presente edición del Festival de Nuevas Tendencias El Cruce, el domingo, a partir de las 21, en el teatro municipal La Comedia (Mitre y Ricardone), se presentará la imperdible performance de la bailarina y coreógrafa porteña Marina Otero, Recordar 30 años para vivir 65 minutos.


En el marco de la última jornada de la presente edición del Festival de Nuevas Tendencias El Cruce, el domingo, a partir de las 21, en el teatro municipal La Comedia (Mitre y Ricardone), se presentará la imperdible performance de la bailarina y coreógrafa porteña Marina Otero, Recordar 30 años para vivir 65 minutos.

Se trata de un proyecto de Otero, basado en construir una obra inacabable sobre su propia vida. De este modo, a medida que la autora va creciendo y pasan los años, la obra, por ese efecto insoslayable, se transforma. En todas las puestas o versiones de esta performance la acompañan sus amuletos: fotos, videos, diarios, cartas y objetos, que a través del tiempo se irán, también, erosionando. De hecho, a lo largo de Recordar 30 años para vivir 65 minutos la bailarina relata experiencias de su vida, y de cómo el proceso creativo y la vida personal se entremezclan, confundiéndose los personajes de ficción con ella misma.

Acompañada de documentos proyectados en vivo, Otero, bailarina de vasta trayectoria en la escena porteña, reconstruye sus recuerdos a través de la palabra, pero sobre todo de un infrecuente uso del cuerpo en escena.

“Hace ocho años que estoy tratando de terminar esta obra. Este será un boceto más de esa obra incompleta, interminable. Está hecho de retazos de mi vida, de una obra vieja, de amores pasados y de otras cosas que ya maté. Esta vez abro las puertas para mostrar por primera vez los secretos traspapelados, los documentos archivados, las fotos robadas y mis primeros 30 años reconstruidos”, describe Otero que, como intérprete, ha participado en elogiados espectáculos tales como La idea fija o El grado cero del insomnio.

A partir de una idea de la propia Marina Otero, la propuesta cuenta con el trabajo del ambientador visual en vivo Gastón Exequiel Sánchez, cámara en vivo de Lucio Bazzalo, arte de documentos recopilados de María Laura Valentini, diseño de luces de Matías Sendón, colaboración coreográfica de Marina Quesada, colaboración en selección de vestuario de Franco La Pietra, fotografía de Lucio Bazzalo, Andrés Manrique y Matías Kedak, y dirección y puesta en escena de Juan Pablo Gómez y Marina Otero.

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