Política, Sociedad

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Maradona y la importancia de la mitología política

“El pueblo lo lloró / y cuando el pueblo llora / que nadie diga nada / porque ya todo está dicho”, evoca el autor las palabras del poeta González Tuñón sobre Gardel, más vigentes que nunca por el Diez. Y recuerda que siempre fue "antipatico al poder" en lugar de lo que le exigían ser


Edgardo Mocca (*)

“El pueblo lo lloró –dijo el poeta nacional mayor, Raúl González Tuñón– y cuando el pueblo llora / que nadie diga nada / porque ya todo está dicho”. Se refería a Gardel y su entierro. ¿Cuántos acontecimientos, como la muerte de un ídolo, juntan en pocas horas una marea humana como la que vimos ante el velatorio de Maradona? Y lo decimos en Argentina, que tiene una de las más grandes tradiciones en materia de concentraciones populares. Queda para otra espacio, una reflexión: cada vez que en la calle hay pueblo y Policía, hay palos. El miércoles del velatorio no fue la excepción.

La despedida de Diego se irá alargando. Hasta corremos el albur de que no termine nunca. La “industria cultural” se prepara para saludar al ídolo; habrá libros y relatos para todos los gustos. Y cualquier estudio de mercado terminará aconsejando que la cuestión de la relación de Maradona con la política ocupará un lugar central. Sin embargo, este hombre no era un “político”, en el sentido vulgar de la palabra. El acercamiento al kirchnerismo fue un parteaguas en la vida pública de Diego. Fue leída por la maquinaria mediática como una excentricidad más, como una movida oportunista y contradictoria con su propia historia, como un camino para obtener ventajas (seguramente “impunidad”, que es lo que dicen los capomafias mediáticos cuando un determinado perseguido pretende ser correctamente tratado por la Justicia). El operativo de guerra mediática contó, incluso, con periodistas “amigos” del ídolo que cada tanto suspendían esa amistad por un rato para quedar bien con los amos.

La figura de Diego no encaja en lo que convencionalmente llamamos política. Porque, se sabe, para estar en política hay que ser cultos. Mejor si estudiaste en una universidad privada “importante”, porque quiere decir que tenés “roce social”. Tenés que portarte como si fueras “honrado”, aunque tu prontuario abunde en pruebas de lo contrario. Lo decente, lo bien educado, lo correcto, construyen el marketing político. Lo que se sale de esa pauta ha encontrado una culta definición: es el “populismo”. Es decir, la pauta político-publicitaria exalta al “careta”, al que se oculta cuando se está mostrando, al que ser no le importa, porque le importa parecer. Porque la política es “estadística” (“ese raro abuso de las estadísticas”, como definió Borges a la democracia). A la política no le interesa la verdad sino el número. Son todos “demagogos”.

Pero algún día habrá que hacer un gran elogio de los “demagogos”. Maradona fue un demagogo. Como Perón. Exaltó a las masas populares y logró que se identificaran con él. Pero además de lo que siempre fue, el Diez se hizo kirchnerista. Y, por si no alcanzara con eso, fue amigo de Fidel, de Chávez, de Evo, de Lula y de Correa. Es decir que pasó de ser odiado en términos de clase y de cultura para ser políticamente odiado. Y como se sabe, la política –la verdadera, no la de la publicidad– es el más agudo de los antagonismos humanos. Construye el “nosotros” más potente porque no se limita a una autoidentificación particular (trabajador, personas cultas o incultas, ricos o pobres) sino que establece una diferencia orgánica en la cual lo que está en juego es ni más ni menos que el poder. Maradona fue siempre antipático al poder, no era “un ejemplo” como el que le exigía ser. ¿Ejemplo de qué? Pues, de corrección política, de nadar a favor de la corriente de los ricos y famosos; que lo son, en más de un caso, porque practican ese nado a la perfección. Su carrera está primero, antes que ningún otro valor. Y eso se da, se trate de artistas, periodistas, millonarios o simplemente estafadores. El egoísmo es su bandera final. Al servicio del éxito, todos los medios son loables.

(*) Politólogo y periodista. De El Destape

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