Malvinas Argentinas, nota1

#Malvinas40años / Entrevista

“Malvinas habilita una pregunta más general sobre lo que entendemos como Argentina y como colectivo”

Federico Lorenz es historiador, escritor y docente y Malvinas es un tema recurrente en sus investigaciones. En esta conversación refiere los modos de aproximación que tuvo el país en relación al conflicto bélico, la posibilidad de identificar los cuerpos y el reclamo por la soberanía de las islas


¿Qué referencias prevalecieron a la hora de pensar Malvinas? ¿Hay una síntesis  histórica sobre la mirada que tenemos de nuestro pasado reciente? ¿Qué lugar le damos socialmente a los ex combatientes?

Federico Lorenz es historiador, escritor y docente; Malvinas es un tema recurrente en sus investigaciones y el pasado 21 de marzo participó de manera remota en una actividad de Sadop Rosario a 40 años de la Guerra de Malvinas. Su último libro, Para un soldado desconocido, es una novela donde pone en juego sus conocimientos como historiador. En esta entrevista reflexiona sobre los modos de aproximación que tuvo el país en relación a la Guerra de Malvinas y el reclamo por la soberanía de las islas.

Federico Lorenz

—A 40 años de la Guerra de Malvinas, ¿qué aspectos le parecen importantes de resaltar en este momento?

—El principal aspecto tiene que ver con la identificación de los soldados en Malvinas en relación con el recuerdo de la guerra. Creo, de todas maneras, que sigue habiendo miradas a veces bastante enfrentadas en relación a cómo recordar la guerra. Eso es un invariable, si se quiere, desde que la guerra terminó y me parece que a la vez este año la fecha redonda tiene que ver con un momento de crisis mundial y una salida de la pandemia. Entonces, muy probablemente algunas de las conmemoraciones estén atravesadas por esos episodios de manera consciente o inconsciente. Pienso también que van a ser recordaciones en todo el país, siempre lo son, pero en este caso incluso hubo una voluntad gubernamental bajo la consigna “Malvinas nos une” de que haya una agenda nacional de Malvinas y eso también es una novedad, entendiendo que es una agenda conmemorativa de la guerra. Algo muy diferente es ya la cuestión del reclamo

—¿Le parece que la Guerra puede incluirse en la tríada Memoria, Verdad y Justicia? ¿Hubo un trabajo en este sentido? ¿Qué operaciones vio desde la recuperación democrática para nombrar la Guerra?

—En relación a lo que decía antes de las identificaciones, claramente se puede relacionar Malvinas con la tríada Memoria, Verdad y Justicia. Y si  no se puede hacer es algo que hay que hacer. En lo personal mi trabajo está orientado por esa lógica: me parece que no se puede escindir Malvinas de la dictadura militar que es el contexto en el cual se produjo. Entonces forzosamente los instrumentos conceptuales para pensar la dictadura militar tienen que ser aplicados para pensar la guerra de Malvinas, entendiendo también que la guerra en sí, históricamente hablando, es un fenómeno específico, tiene sus propias características. En cuanto a qué instrumentos o qué cuestiones dificultaron eso desde el retorno a la democracia, como decíamos en esa época, ahí está la respuesta en sí misma. Hay una forma de recordar la guerra que tiene que ver con el culto patriótico, con la idea de gesta, separándola justamente del contexto dictatorial. Creo que hay que hacer el trabajo inverso, incluso para resaltar las características de la guerra como tal. No es antagónico pero suele ser presentado como antagónico porque distintos actores sociales y políticos se consideran los más pertinentes o los más legitimados para hablar, al igual que en otros procesos de la historia reciente, entonces mayor razón aún para incluirlo en ese proceso.

 

—¿Por qué cree que se tardó tanto en identificar los cuerpos de los soldados en el cementerio de Darwin?

—El tema de las identificaciones tiene mucho que ver con tiempos sociales, actores que optaron por otra forma de conmemoración, la elección del cementerio. Hay algo que es correcto y es que la lista de fallecidos en Malvinas existe desde meses después del final de la guerra. Distinta es la situación de que muchas de las tumbas estaban sin identificar, entonces ahí entran cuestiones que tienen que ver con decisiones políticas, acuerdos. La identificación fue un acuerdo entre Gran Bretaña y Argentina bajo el marco de la Cruz Roja, no es algo sencillo de construir. Hay distintas voluntades que convocar: la de los familiares, la de los soldados. Para volver a la pregunta anterior, probablemente la identificación de los caídos en Malvinas no hubiera sido posible sin la preocupación social por la identificación de las víctimas de la dictadura, no es que sean lo mismo pero de algún modo ese piso social de la necesidad de memoria, verdad y justicia empujó también la demanda por las identificaciones. Entonces la demora tiene que ver con tiempos sociales y condiciones políticas y decisiones políticas para hacerlo. Porque fue una decisión de la presidenta Cristina Fernández, en su momento, que el gobierno de (Mauricio) Macri, que la sucedió, mantuvo. Ahí hubo una política estatal.

—¿Qué lugar social cree que se le asigna a los ex combatientes? ¿Cuál considera que debería darse?

—Hoy los ex combatientes y veteranos de guerra tienen un lugar social importante, sobre todo a nivel local o regional. Pienso que este año tal vez se intente darles una visibilidad nacional, eso es algo bastante más discutido o difícil porque el discurso nacional tiende a borrar matices. Por ejemplo, el contexto de la dictadura o que muchos de quienes combatieron en Malvinas, sobre todo desde el punto de vista de la oficialidad, habrían participado antes en la represión ilegal, entonces un discurso nacional al respecto es difícil. A escala local es diferente. El reconocimiento popular existió de manera bien temprana, la reparación material tardó bastante más en ocasiones, pero al día de hoy uno podría decir que está, lo cual no quita la situación pésima de los primeros años de la posguerra. En todo caso lo que está pendiente –aunque las distintas agrupaciones de ex combatientes lo entienden de distinta manera– es lo que ellos llaman reparación histórica, qué quiere decir eso es toda una cuestión: un desfile de todos los soldados, una placa, una medalla…

—¿Qué papel tiene la educación pública en el estudio de nuestro pasado reciente y en particular de la Guerra de Malvinas? ¿Cómo ve que se llegue hoy a las generaciones más jóvenes con este tema?

—La educación pública es un instrumento clave tanto para trabajar de manera crítica el pasado reciente como para visibilizar temas que desde la agenda política o estatal no necesariamente estaban. Malvinas es un caso. Para juntarlo con la otra respuesta creo que el problema es que cuando el pasado se transmite de una forma muy ritualizada, lo que uno encuentra entre varias actitudes posibles son dos bien marcadas. Por un lado, una vinculación, diría, acrítica con el tema porque lo que se está transmitiendo es un mandato, entonces hay una repetición de consigna, me atrevería a decir sin necesariamente un conocimiento que la sostenga, pero bueno por eso son consignas. Y por otra parte, también uno encuentra una cierta indiferencia o desconocimiento en relación con el tema. Hace muy poquito el gobierno nacional, a través de la Defensoría del Público, por ejemplo, produjo un documento bastante polémico con recomendaciones a los periodistas argentinos que entre otras cosas demostraba el escaso conocimiento o señalaba el escaso conocimiento sobre el tema y los errores que a veces se cometen. Es decir, si veo retrospectivamente, eso tiene que ver con lo que se transmitió en el sistema educativo, pero no estoy planteándolo desde el punto de vista de la necesidad de un adoctrinamiento, ni mucho menos, mi trabajo va en otro sentido. Apropiación crítica quiere decir que eventualmente los más jóvenes pueden considerar que un pasado para nosotros muy importante no lo es para ellos y eso es algo con lo que hay que lidiar. Entonces sí, la educación pública desempeña un papel central.

—Como historiador y novelista ¿desde dónde cree que se puede abordar mejor Malvinas? ¿Qué relación establece entre ficción e historia documental? ¿Qué puede aportar a la memoria colectiva traer Malvinas a través de una novela?

—Desde mi lugar de historiador y novelista creo que la historia y la ficción se potencian y se complementan. Sobre todo cuando hay áreas del pasado colectivo, de las memorias colectivas complicadas, disruptoras; en mi caso particularmente distinguiendo de forma clara cuando escribo una cosa u otra desde el punto de vista de alguien que le interesa intervenir públicamente sobre el tema. La ficción es un instrumento formidable tanto como en ocasiones lo es la historia. Desde el punto de vista de la discusión uno puede pensar qué es lo más eficaz o lo que más lo satisface o dónde se siente mejor expresado en cada  situación. El tema es ser claro en qué registro se está hablando, sobre todo en el papel docente.

—En relación al reclamo de soberanía de las islas, ¿encuentra que hay una estrategia política elaborada en este sentido? ¿Ve posible la recuperación?

—Esta pregunta creo que va a tener una respuesta más elíptica de mi parte. No puedo hacer futurología. Creo que las islas nunca estuvieron más lejos de la Argentina que después de 1982, después de la guerra. Es muy importante actualizar las discusiones y la información sobre Malvinas para estrictamente sostener una política que atraviese a los distintos gobiernos. Porque una característica han sido las idas y venidas de la guerra en adelante, pero más importante es la pregunta sobre el país que imaginamos recuperando las Malvinas, si eso sucede. Esa pregunta tampoco está. Malvinas habilita una pregunta más general sobre lo que entendemos como Argentina y como colectivo. Creo que eso es lo que vuelve a un aniversario de una guerra, al símbolo Malvinas, tan significativo.

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