Policiales

Aprietes en clave asiática

Mafia china: una saga que no se detiene

Extorsiones, hostigamientos, balaceras y hasta asesinatos pueden rastrearse en la Justicia penal local en los últimos 15 años. Muchos de los casos se dan entre connacionales, pero en los últimos años hubo protagonistas “criollos”


El chino de Montevideo al 5700 ya había sido baleado en 2016. Foto: Juan José García.

“Patrón, prepará diez mil pesos; si denunciás o no querés pagar prepará la plata para el cajón”. Esa es la rudimentaria traducción que le hizo Guo W., propietario de un súper chino, a la Policía. Se refería al papel que encontró bajo la puerta de su local de barrio Belgrano a primera hora de la mañana, cuando se disponía a abrir. No es el primer episodio de esta naturaleza: recordada es la saga que acumuló una decena de aprietes similares dos años atrás y que incluso motivó condenas para criollos, como conocen a los ajenos a esa comunidad en la colectividad asiática. Las extorsiones de este tipo pueden remontarse a una década y media atrás y acumulan al menos dos homicidios.

Según fuentes policiales, efectivos de la comisaría 14ª llegaron ayer un supermercado chino de Montevideo al 5700, alertados por su propietario, Guo W., oriental de 40 años. No se trataba de un robo o un escruche, sino de una misteriosa y amenazante nota escrita en mandarín que el dueño del local les tradujo a los efectivos.

“Hola, patrón; dentro de un mes prepará diez mil pesos. Si denunciás o no querés pagar prepará la plata para el cajón. Recibí este papel y llamá a este número 341*******”, reza la traducción de la amenaza que encontró Guo a las 8 de la mañana. Según la información oficial, el oriental dijo no sospechar de nadie.

El mismo local había sido víctima de extorsionadores en junio de 2016. El dueño denunció que el frente del negocio había sido atacado a tiros con el impacto de cuatro plomos. Y agregó que al escuchar las detonaciones se asomó a la vereda y encontró un sobre con una nota escrita en mandarín que tradujo a los uniformados: “Hola, amigo, vos si no querés pagar a la mafia china estate seguro que vas a tener muchos problemas. Si vos no querés colaborar estate seguro que mis paisanos te van a matar a vos y a toda tu familia. Y si denunciás a la Policía estoy seguro que morís más rápido. Tu opción es abonar 100 mil pesos por año”.

Atentados y aprietes

En diciembre pasado, la siempre amenazadora presencia de tríadas, como se conoce a la mafia china, pareció detectarse en la ciudad. Tres ciudadanos chinos de 27, 29 y 30 años, que presentaban grandes tatuajes de dragones en las espaldas, fueron detenidos en Amenábar y Pueyrredón a bordo de un Fiat Palio gris: debajo de los asientos de delanteros de conductor y acompañante había un revólver marca Colt calibre 38 Special que contenía 3 cartuchos. También, una cuchilla, tres pasamontañas, tres pares de guantes, cinco precintos plásticos–utilizados para maniatar personas–, dos antifaces negros, un destornillador, tres teléfonos IPhone.

Un año antes se habían sucedido los aprietes de características mafiosos hasta contarse más de una decena en los siete primeros meses de 2016. En los dos últimos de esa seguidilla, dos ciudadanos chinos fueron baleados mientras iban en moto por Génova al 8500, mientras que un comerciante de Granadero Baigorria recibió un mensaje mafioso donde le exigían que depositara en una cuenta bancaria, cuyo número dejaron anotado, 50 mil dólares.

Por uno de los hechos de la saga de diez que se contabilizaron en el primer semestre de 2016, un joven de 23 años de Villa Gobernador Gálvez fue condenado a dos años y seis meses de prisión condicional. El chico, que no es ciudadano oriental, había sido detenido en mayo con un hombre de 57 años tras tirar una bomba antitumultos contra un comercio de Pueblo Esther.

Por otro de esos casos de 2016, un hombre fue condenado en septiembre a cuatro años de cárcel y su pareja a tres años en suspenso por tentativa de extorsión, amenazas y abuso de armas, por dos hechos ocurridos en un súper de pasaje Ghandi al 7200 y en Colombres al 1200.

Víctimas fatales

En un oscuro episodio ocurrido en octubre de 2013, Yu Ken Seg, ciudadano taiwanés nacido en 1981, terminó muerto por balas policiales. Según la versión oficial, atentaban contra un galpón en 27 de Febrero y Provincias Unidas cuando fueron sorprendidos por uniformados. Habían pegado en la puerta de una empresa de caños en 27 de Febrero al 6300 una nota en letras orientales y luego abierto fuego sobre su fachada. El blanco: la firma Agustín Berasategui e Hijos SRL. Al llegar la Policía escaparon en un auto y terminaron encajados en una zanja en Lavalle y Gaboto. Allí, afirmó la versión oficial, uno de ellos intentó escapar de pie disparando contra los uniformados, y terminó muerto por balas policiales.

En abril de 2008, el dueño del súper Sonrisas ubicado en San Martin al 2200 de la ciudad de San Lorenzo, Ping Gou, fue ultimado dentro del local por un tirador que no tenía rasgos orientales. Ingresó, se acercó a la víctima y disparó varias veces. Nunca hubo acusados por este caso. Dos años antes se habían radicado un par de denuncias por aprietes en ese departamento.

El primer ciudadano chino muerto en un ajuste de cuentas en Rosario fue Gao Shen Feng, un joven de 28 años que apareció ajusticiado en una vía paralela a la colectora del acceso sur en julio de 2005. El cuerpo de Gao, quien era cobrador de un supermercadista oriental, estaba envuelto con dos bolsas de náilon a la altura de calle Gutiérrez, frente al alambrado perimetral del puerto. Tenía dos disparos en la cabeza ﷓uno en la nuca y el otro en su ojo izquierdo﷓ y una oreja cortada. Todo un mensaje para un caso que terminó impune.

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