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Macri, como Menem: “Lo peor ya pasó, pero vamos bien”

Para el legislador nacional del Frente Progresista, que Macri diga “lo peor ya pasó” es faltarle el respeto a millones de argentinos que no llegan a fin de mes.


Crédito de foto: Agencia Noticias Argentinas.

Por Luis Contigiani

Escuchar hoy al presidente Macri diciendo que “Lo peor ya pasó” en su discurso de apertura de las Sesiones Ordinarias en el Congreso de la Nación nos retrotrajo a algo que expresaba a mediados de los 90 el entonces presidente Menem, acompañado de Domingo Cavallo, con aquella frase que hizo historia: “Estamos mal, pero vamos bien”. A más de dos años de haberse iniciado la gestión de Cambiemos, los datos de la economía actual remiten a una inevitable comparación.

Las promesas de campaña en 2015 van quedando al descubierto frente a una inocultable realidad: cuentas fiscales en creciente deterioro, el déficit comercial más elevado de la historia a partir de una irresponsable política de aliento a las importaciones, incapacidad para enfrentar el problema de la inflación con herramientas adecuadas, un dólar que se acelera a pesar del esfuerzo del Banco Central por contenerlo, tasas de interés incompatibles con el proceso de inversión, sector industrial en retroceso, pérdida de poder adquisitivo en amplias franjas de la población, etcétera.

Y si nos referimos al crecimiento económico de 2017, no sólo fue dispar y basado en los sectores más concentrados, sino que apenas alcanza a remediar la caída de 2016. Es decir, habiendo sido el país emergente más tomador de deuda en el planeta, la Argentina consiguió el año pasado volver a los guarismos de fines de 2015.

Volviendo al planteo inicial, podemos decir que el hilo conductor entre aquella frase de Menem y el presente, es el que expresa el núcleo de la ideología liberal en cualquier lugar del mundo. La visión de que el libre juego de la oferta y la demanda, los mercados en libertad, nos conducirán en un supuesto largo plazo a un proceso virtuoso en beneficio de toda la sociedad. La famosa teoría del derrame, que no ha funcionado nunca a lo largo de la historia, en ningún país.

Bajo esta lectura, se reconoce que pueden producirse en el corto plazo algunos problemas, pero los mercados –con una cada vez menor participación del Estado- terminarán en el tiempo resolviendo todos los obstáculos, en beneficio del conjunto de la sociedad. En el corto plazo, mientras tanto, hay que aceptar un proceso regresivo en la distribución del ingreso, en beneficio de los sectores más privilegiados, que son los que se dice impulsarán con sus crecientes excedentes económicos, un proceso virtuoso de inversión.

La ideología liberal se sustenta en esta visión, casi de manera religiosa, metafísica. Dejemos que los ricos sean más ricos, ya que luego derramarán sus excedentes en el resto. Mientras tanto, los sectores más postergados tienen que “bancarse” un ajuste inevitable, hasta que el modelo comience a derramar también hacia ellos. Por eso el presidente Macri habló hoy de un crecimiento económico que la mayoría de los argentinos no nota, y lo comparó con “los cimientos de un edificio, que no se ven, pero que aseguran el futuro”.

¿Hace falta decir que no estamos de acuerdo con este mensaje? No estamos sólo en desacuerdo con algunas medidas económicas de manera puntual. Estamos en desacuerdo con la hoja de ruta, que nos recuerda una frase que también hizo historia en la década del ‘90, de parte de quienes se oponían al modelo de Menem y Cavallo por ese entonces, y que de hecho compartimos ahora también nosotros: ¡Si a este modelo le va bien, al país le va a ir mal!

Diputado Nacional por la provincia de Santa Fe | Frente Progresista Cívico y Social

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