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Machistas en rehabilitación: el ciento por ciento no reincidió

Desde 2015 pasaron por el Instituto de la Mujer 124 hombres de entre 18 y 70 años; el 70% llegó por orden judicial.


"Arte El Ciudadano"

En 2015 el psicólogo Ignacio Rodríguez atendía a un hombre que admitió que le había pegado a su pareja. Rodríguez entendió que lo que estaba pasando no podía quedar entre las paredes del consultorio y recordó que en Buenos Aires había un centro de atención para hombres que fueron violentos. Investigó cómo trabajan y giró al municipio la propuesta de crear un lugar similar en Rosario. El Instituto de la Mujer tomó la idea y la tradujo en el Dispositivo Público Grupal con Varones que Ejercen Violencia contra la Mujer. Tiene como objetivo que los hombres reconozcan en qué formas fueron violentos para prevenir que vuelvan a hacerlo. En dos años ya pasaron 124 hombres de entre 18 y 70 años  que golpearon, insultaron, manipularon o amenazaron a sus parejas. Dos de cada tres llegaron por orden judicial y después de varias denuncias. El resto entró al dispositivo porque quiso.

El trabajo dura dos años y los psicólogos charlan de forma individual y grupal con los hombres. Cerca de la mitad terminó el tratamiento en el edificio del Instituto de la Mujer y no volvió a ser denunciado. El resto fue derivado a otros espacios o dejó. La idea es que lo adopte el Instituto para la Recuperación del Adolescente (IRAR) y otras localidades de Santa Fe. “Es imposible erradicar la violencia de género sin trabajar con quienes la ejercen. Atendemos al varón pensando en la mujer. La idea del tratamiento es que los hombres puedan reconocer la violencia y las conductas machistas para reinsertarse en el sistema”, explicó la coordinadora del espacio a <El Ciudadano<, Carolina Rodríguez.

El dispositivo comenzó en septiembre de 2015 dentro del edificio donde estaba la Maternidad Martín. El equipo lo integran cinco psicólogos: Ignacio Rodríguez, Gabriela Bozickovich, Victoria Cabrera, Mauricio de Sousa Santos y Carolina Rodríguez. Al principio tuvieron que lidiar con los rumores de que las organizaciones de mujeres no querían que el presupuesto para luchar contra la violencia incluya un tratamiento a varones. “Siempre lo pensamos como un espacio preventivo. Veíamos que las conductas violentas tienden a repetirse. Faltaba un espacio para que los hombres puedan repensarse en ese acto violento que ejercen y cambien”, explicó el psicólogo Ignacio Rodríguez.

 

Cómo funciona

Los psicólogos trabajan en dos niveles: uno individual y otro grupal. En la entrevista personal apuntan a conocer la historia y los vínculos del hombre para identificar los actos de violencia y que los reconozca. Cuando los asume y puede angustiarse los psicólogos evalúan si está listo para las rondas grupales. En esa instancia el objetivo es desnaturalizar los estereotipos machistas diarios. Los niveles se intercalan por semana.

“Primero le contamos que estamos para ayudarlo. Cuando se siente escuchado y se apropia del espacio, empieza a hablar de sus relaciones y su historia. Vemos que están atravesadas por la violencia”, explicó Carolina Rodríguez. Según la psicóloga, en la mayoría de los casos los hombres no reconocen otros tipos de violencia más allá de la física. “Los varones naturalizan la violencia psicológica o económica. Creen que el conflicto se reduce a si pegan o no. En las sesiones individuales trabajamos todos los tipos de violencia. Cuando las reconocen aparece la angustia y pueden posicionarse de otra manera, y elegir otra forma de relacionarse”, agregó. En la actualidad, el equipo trabaja con dos grupos de diez hombres cada uno. “Hay identificaciones patriarcales o machistas que las tenían naturalizadas y no las reconocían. En el discurso del otro se identifican y las reconocen. Trabajamos para deconstruirlas”, contó Rodríguez.

 

Complemento

El 68 por ciento de los hombres que llegan tienen una causa judicial porque golpearon, amenazaron o no respetaron la orden de restricción de acercamiento que tenían con la pareja o la ex. En todos los casos el juez los mandó al instituto como complemento de la condena. Todos tenían denuncias anteriores.  “Es una herramienta más que tiene la Justicia. No atenúa la pena ni la sustituye. Tampoco funciona como una probation, es decir, cuando el acusado cumple la condena con trabajo comunitario. La condena penal no es suficiente para sentirse responsable de la violencia que ejerce. Nuestro trabajo es generar un espacio para que pueda responsabilizarse”, explicaron los profesionales.

Según los psicólogos, los hombres llegan enojados al instituto. “Pasaron por una comisaria o una cárcel. Estuvieron entre seis meses y un año presos y llegan con resistencia. Les explicamos que no somos jueces ni fiscales, sino que es un espacio para escucharlos”, agregaron. Como ejemplo, mencionan el primer hombre que llegó tratamiento y lo terminó. “Cuando llegó estaba muy enojado. La semana pasada fue su último día en el Instituto y se despidió de todos los compañeros llorando”, explicaron.

Si no cumplen los dos años de tratamiento los psicólogos informan al juez, que los cita de nuevo. El espacio trabaja con otras áreas de la Municipalidad de Rosario. “Algunos casos nos exceden. Muchos hombres tienen consumos problemáticos o son desocupados. Los derivamos a un psiquiatra, a un centro de salud del barrio o a La Estación, un espacio municipal para tratar problemas de consumos de alcohol y sustancias psicoactivas”, aclararon.

 

Los voluntarios

El 32 por ciento de los que se acercaron a la oficina de Moreno 960 no fueron mandados por un juez. Fueron porque quisieron. Se enteraron porque algún conocido había hecho el tratamiento, porque leyeron un folleto, fueron derivados por centros de salud o por el Teléfono Verde, la línea municipal para denunciar violencia de género. La mayoría de los voluntarios llegan acompañados de sus madres y nunca fueron a un psicólogo ni habían hecho terapia de ninguna clase.

“No pueden reconocer qué tipo de violencia ejercen pero saben que de alguna manera actúan de forma violenta. En la primera sesión dicen que creen ser violentos. Nos dicen que no saben cómo cambiar o controlarlo. Algo de su angustia los movilizó para reconocer que ejercieron violencia y pidieron ayuda”, explicó Carolina Rodríguez.

 

Otra vida

“Después de pasar por acá se revinculan con una nueva pareja, buscan trabajo y establecen lazos con los demás. Notamos un cambio. Pueden sostener el tratamiento, cumplir una restricción de acercamiento o pasarle una cuota alimentaria a sus hijos. A través de pequeños actos empiezan a hacerse cargo y baja la violencia física y verbal”, señaló Rodríguez. Los hombres que hicieron el tratamiento no volvieron. Tampoco tuvieron nuevas denuncias. Cerca de la mitad completaron el tratamiento en el instituto. Los demás siguieron el trabajo con un psicólogo particular, en un centro de salud o fueron derivados por problemas de consumo. “No reeducamos ni rehabilitamos a nadie. Ofertamos un espacio de escucha para que la persona se apropie y empiece a pensarse en ese ejercicio de la violencia”, concluyó Rodríguez.

 

Pedir ayuda

Si actúas de manera violenta con tu pareja o tu ex podes comunicarte al 155-876139 (de 8 a 14) o mandar un correo a [email protected].

 

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