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Luz verde para que Obama logre la reforma de salud

El Senado aprobó la primera de tres mociones que buscan cerrar el debate, que se haría el jueves próximo.

La reforma al sistema de salud estadounidense propuesta por el presidente, Barack Hussein Obama, superó ayer un gran escollo al aprobar el Senado la primera de tres mociones de procedimiento que buscan cerrar el debate y dejar el proyecto de ley listo antes de Navidad. La votación se efectuó al finalizar una sesión nocturna de los senadores y con ella los demócratas lograron impedir que los republicanos, que actuaron monolíticamente en contra, bloqueen el debate. Las otras dos votaciones de procedimiento previstas están agendadas para hoy y mañana, mientras el debate se espera para la vigilia de Navidad, es decir, para el jueves próximo.

El texto que el Senado apruebe finalmente deberá, en todo caso, armonizarse con el adoptado en noviembre pasado por la Cámara de Representantes.

Obama calificó la votación de ayer como “una gran victoria para el pueblo estadounidense” y dijo que la ley implicará una “tremenda diferencia a favor de las familias, los ancianos, las empresas, y el país en su conjunto”. Y añadió: “Resistiendo los intereses especiales que evitaron la reforma durante décadas y que siguen hoy día cabildeando furiosamente en su contra, el Senado nos ha acercado a una reforma que marcará una tremenda diferencia para las familias, los mayores, las empresas y para todo el país”.

Si bien el hecho constituye una importante victoria política para el mandatario demócrata –la reforma era su proyecto clave en política interior–, lo ajustado de los resultados (60-40) evidencia la profunda polarización que la reforma produce entre los legisladores y entre los propios estadounidenses.

Por otro lado, las continuas negociaciones a las que debió ser sometida la norma obligaron a dejar en el camino algunos de sus contenidos claves, como la existencia de una opción pública frente a las aseguradoras privadas, que intentaba elevar su competitividad y bajar sus precios, algo que generó el férreo rechazo, incluso del ala más liberal del partido Demócrata.

Por lo anterior la prensa estadounidense habla de una “victoria diluida” del demócrata, que además pagó en todo el proceso un alto costo en sus índices popularidad.

La dureza de las negociaciones y la necesidad de sumar hasta el último voto de los demócratas hizo retroceder la propuesta también en el tema del aborto, y la versión actual contiene una controvertida enmienda que restringe fuertemente su financiamiento federal, salvo en casos muy determinados.

Éste fue uno de los temas cruciales con los que los demócratas lograron sumar el viernes, tras arduas negociaciones, el voto número 60 cuando convencieron a Ben Nelson, senador por Nebraska, quien no había confirmado su voto favorable y exigía una regulación más estricta en tal sentido.

El acuerdo con Nelson fue alcanzado cuando el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, satisfizo las demandas de su colega de que los fondos federales no sean utilizados para financiar el aborto, así como de que Nebraska reciba más ayuda para aumentar la cobertura de los que no están asegurados.

El senador advirtió, sin embargo, que retirará su apoyo si el proyecto de ley se modifica cuando la Cámara de Representantes (diputados) y el Senado se reúnan para decidir una versión definitiva.

El texto del Senado promete asegurar servicios mutuales a más de 30 millones de estadounidenses que ahora carecen de los mismos, con un costo de 871.000 millones de dólares en 10 años, y con la perspectiva de 132.000 millones de dólares de reducción del déficit. Los republicanos se oponen férreamente a la ley con el argumento de que aumentará el déficit federal. El senador republicano Mitch McConnell llamó al proyecto de ley “un desastre legislativo de proporciones históricas”.

“Esta legislación equivale al rediseño de nuestra nación, y el pueblo ya ha emitido su veredicto: no la quiere”, dijo McConnell. El desgaste político y la polarización que implicó esta reforma ocupó varias páginas en la prensa estadounidense, entre ellas las del New York Times, donde el premio Nobel de Economía Paul Krugman prevé dificultades para otros temas cruciales de la agenda próxima estadounidense, como una reforma financiera básica y el cambio climático.

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