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Luisa: una oportunidad de inclusión educativa que el gobierno quiere negarle

Luisa Lucayoli tiene cinco hijos que crió sola. Su recorrido como cartonera termina en Juncal y Salguero, a metros del Comercial 26, en plena Capital Federal. Si no estudia allí, difícilmente pueda hacerlo en otro lugar


Foto: Edgardo Gómez - Tiempo Argentino

Por Gustavo Sarmiento – Tiempo Argentino

La historia de Luisa Lucayoli es una más de tantas, pero ilustra mejor que ninguna el drama social que supone cerrar escuelas. Si no le permiten estudiar en el turno noche del Comercial N° 26 DE 1, uno de los establecimientos alcanzados por la polémica Resolución 4055, sencillamente no podrá estudiar en ningún otro lugar.

Luisa tiene 40 años y cinco hijos –cuatro chicas, la mayor de 25, y un nene de 4– que crió sola. Es recicladora urbana. Cartonera, dice ella, por encima del eufemismo. Viene empujando el carro junto a la abuela Fanny, 88 años, la mujer que la prohijó y la impulsó a estudiar. Hace unas horas, un camión del MTE las trajo desde Villa Caraza y las dejó en el Microcentro. Levantaron cartón, botellas y lo que encontraron hasta llegar a la esquina de Juncal y Salguero, por donde volverá a pasar el camión. En el medio, apurando el paso, Luisa se hizo tiempo durante todo el año para ir a la nocturna, a 50 metros, en el mismo edificio que durante el día alberga al Lenguas Vivas. “Empecé en marzo. Los profesores me dieron un gran apoyo. Siento mucho dolor de que vayan a cerrar este colegio”, dice Luisa, mientras arriba un grupo de alumnos, docentes y directivos que acaban de hacer un “semaforazo” en Santa Fe y Coronel Díaz, para visibilizar el conflicto ante los transeúntes que se asoman al Alto Palermo, en una muy austera “noche de los shoppings”.

Carlos Betancur es el rector del Comercial 26. Cuenta que fue creado por Eva Perón en el ’49, para mujeres que no habían terminado el secundario. “En los dos últimos años aumentamos un 20% la matrícula –cuenta–. Este año arrancamos con 249 alumnos, de 15 años a una mujer de 73 que pasó a segundo año. Es, en general, una población educativa en situación de vulnerabilidad económica y social. Siempre tuvimos algunos trabajadores de edificios, peluqueras, chicos que hacen changas o trabajan en puestos de flores, ahora muchos chicos que trabajan para aplicaciones de delivery y mucha gente de un sector de la Villa 31, los que no van a la 2 de Retiro. Y un grupo de cinco recicladores urbanos que se sumaron este año, entre ellos Luisa”.

“Se meten con la gente que no les interesa, con los que no tienen voz. Y además tergiversan la realidad. Los planes de estudios se han ido aggiornando. En mi colegio no se da más Mecanografía o Tecnología Mercantil. Sigue figurando en el nombre, pero hace años que enseñamos Computación. No hay una sola máquina de escribir en la escuela, la ministra debería saberlo”, agrega Betancur y advierte que, si la decisión no se revierte, en marzo perderá 40 cargos entre preceptores, ayudantes y docentes.

El rector cuenta que para Luisa, que no había terminado la primaria, generaron un proyecto con docentes de la nocturna que le permitió graduarse. Así, Luisa se inscribió para ese primer año que en 2019 sería suprimido. El viernes, la acompañó a la Defensoría del Pueblo porteña, donde presentó un amparo como particular damnificada.

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