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Periodismo y filosofía

Luciana Peker: “Las mujeres hemos cambiado todo, antes te podían matar y eso era pasión”

La periodista pionera en la militancia de género y el popular filósofo Darío Sztajnszrajber están viernes 26 y el sábado 27 en El Círculo. Resume Peker la propuesta que pasean por el país: "Que los varones escuchen un poco lo que pasa y nosotras apostar a un reencuentro que no implique sumisión"


Luciana Peker es recibida como una rockstar por su público. En las ferias, en las presentaciones de libros donde pasa horas firmando. Le piden selfies, fotos. Es una inspiración escucharla hablar y explicar, ponerle nombre a las luchas como a la Revolución de las Hijas. Ella es una pieza clave en la difusión de la revolución feminista. Y como toda revolucionaria va un poco más adelante e interpela a varones y mujeres sobre el amor, el garche y la paja junto con Darío Sztajnszrajber. Ambos ponen en escena una charla necesaria “donde un varón y una mujer se están escuchando, piensan distinto, pueden cambiar, pueden escucharse, pueden reflexionar juntos, es un escenario para decir que se ha cambiado el juego el tablero y preguntarse qué hacemos, pero qué hacemos a través de la escucha”, sostiene Peker. El espectáculo se puede ver este viernes 26 y sábado 27 en el Teatro El Círculo. A manera de adelanto El Ciudadano habló con Peker del amor, el feminismo, los cuidados y la lucha que viene.

—Darío y vos subieron a la filosofía y al feminismo al escenario, pero también la mirada de un varón y una mujer sobre el amor. Cómo se fusionan.

—No pensamos ni vamos a pensar más la vida y la sexualidad en forma binaria, es decir un varón y una mujer, porque hay muchas más identidades sexuales. Sí creo que hay un conflicto entre varones y mujeres. Porque es un conflicto desatado por los cuestionamientos que ha generado el feminismo. Y creo que la única forma de poder lidiar con esos conflictos es aceptar que hay conflictos. Y creo que uno de esos conflictos es que los varones no escuchan a las mujeres. En muchos casos preguntan, pero la verdad es que eso ha sido más una pose o una pregunta —por ejemplo, cuando no podían participar de determinados espacios como una marcha— más que una reflexión profunda y genuina que podría partir de leer a autoras feministas, participar en una charla, de escuchar, de ver qué se les está diciendo. En cambio hay una enorme negación de eso. Y para mí generar un escenario donde un varón y una mujer se están escuchando, piensan distinto, pueden reflexionar juntos, es un escenario donde se deja en claro y se dice que se ha cambiado el juego el tablero, no es el mismo y preguntarse qué hacemos, pero a través de la escucha. Parece poco pero es muchísimo, y es un desafío que los varones todavía no han tomado.

Para mí El Ciudadano tiene algunos componentes que son muy importantes y que básicamente se trasladan a este escenario (Peker recordó su experiencia en este diario, donde capacitó a toda la redacción en género). En muchos casos para que las mujeres tomen posiciones de poder, de empoderarse, de escribir, no se trata sólo de lo que tienen que saber, no se trata sólo de lo que se dice, sino de un empoderamiento subjetivo. Y hay espacios que tienen que ser sólo de mujeres. Porque hay muchos espacios en los que las mujeres se callan y los varones toman la palabra. Las mujeres hemos generado espacios propios como los Encuentros Plurinacionales de Mujeres y el Movimiento LGTB, las marchas, espacios de lectura, de reflexión que son para mujeres y diversidades. En general, cuando se trata de espacios que son exclusivos, los varones dicen: «Queremos participar». Y nos sacan.

Y creo que hay espacios que tienen que ser compartidos y eso no quiere decir que todos los espacios tengan que ser compartidos. Hay espacios y dinámicas diferentes. Y eso ha pasado en El Ciudadano. Hubo espacios para mujeres periodistas y hubo espacios compartidos, que si bien cuando la capacitación es compartida las mujeres se callan y hubo que hacer espacio sólo para mujeres para que ellas pudieran tomar la palabra. Si las capacitaciones son sólo para mujeres, en el caso de un diario, no pasa nada en los cambios con perspectiva de género. Entonces es importante que lo escuchen todos y que lo hagan parte todos. Con deconstruir pasa lo mismo: hay libros, relatos, marchas y encuentros que es importante que sean espacios sólo para las mujeres y las diversidades Y a la vez es indispensable que haya encuentros y puentes. Porque si no se arma una enorme conversación teórica y práctica entre las propias mujeres, en donde nos leemos, nos acompañamos y tenemos reflexiones sobre el amor muy profundas, pero los varones siguen como si nada hubiera pasado.

Incluso cuando presenté “Sexteame” (su último libro) lo presentó Ángela Torres y me decía: «Bueno, pero quiero que lo lean los varones». Pero los varones no están leyendo esto. Nosotros estamos teniendo un diálogo entre nosotras, pero los varones no tienen idea. Y, si te gusta un varón, bueno, qué haces con eso. Y si no te gusta también, qué haces con eso. Creo que la apuesta con Darío es establecer un puente para que hablemos, una escena de hablar entre un varón y una mujer, pero además es una escena que intenta reproducir eso, que lo varones también escuchen, para que la interpelación les llegue por un lado y para que también pueda darse una conversación sobre el conflicto que genera que el feminismo le ponga un límite al amor entendido como un lugar donde las mujeres sufríamos y éramos sometidas, y los varones tenían un poder sobre la violencia, el tiempo. Y a la vez nosotras vamos a escuchar algo a partir de eso. Esta vez la escena propone que la interpelación no sólo sea entre mujeres, sino que pueda ser usada y compartida.

—Cómo surge la idea de juntarse.

—Fue en Santa Fe, a partir de un ciclo que se llamaba Santa Fe Debate Ideas. Fuimos Hernán Casciari, Darío y yo con la coordinación de Gisela Busaniche. Y Darío empezó a decir que no le gustaba el “te amo”. Y ahí lo empecé a chicanear un poquito con eso, fue así como algo espontáneo. Ya nos conocíamos de antes. Pero bueno, después de un tiempo fuimos a tomar algo y retomamos esa idea que en un principio fue hacer un Konex, en donde tomamos estos temas: el te amo, la paja y el garche. Y después siguió con distintos Konex, fuimos a Uruguay. Y estaba la idea de hacer una pequeña gira por el país, que por la pandemia se tuvo que parar. Volvimos a Córdoba y fue una emoción muy grande. Y ahora vamos a Rosario y a Santa Fe. La verdad que fue una de las experiencias más lindas y gratificantes porque creo que significa la hermosa posibilidad de fusionar públicos y personas que se escuchan y, también, un paso imprescindible en esta revolución en la que estamos hablando mucho en estos días, que es que los varones escuchen un poco lo que pasa y nosotras apostar a un reencuentro que no implique sumisión.

—Cómo es el intercambio con el público y poner en escena desde dos disciplinas distintas temas como el amor y el sexo.

—Creo que el intercambio con el público es una cosa maravillosa. Creo que Darío generó un fenómeno popular de divulgación pero además de un acercamiento a la reflexión, al saber, a la inteligencia que es increíble y que tiene en Rosario un epicentro muy fuerte y que se genera a través de los encuentros, de sus charlas, de sus clases y de sus libros; una efervescencia de lo popular y un formato donde podemos seguir aprendiendo de un modo relajado, divertido y ameno, de la mano de un streaming, de una clase, de un show, de una charla. Y se fusionan distintos públicos que tienen ganas de escuchar.

Creo que en la filosofía hay mucho que aprender, hay mucho que se vive naturalmente, hay mucho que enseña Darío sobre la deconstrucción, sobre lo que significa te amo sobre la historia del amor, las distintas concepciones.

Y desde el periodismo, desde la escritura, desde un periodismo que escucha más allá de lo evidente, que ve las cosas más allá de las noticias, desde el periodismo que no sólo cuenta los femicidios sino que somos los que hemos cambiado la palabra de crimen pasional por la de femicidio. Claro que hemos deconstruido el amor de hecho. Creo que en ese sentido el periodismo tiene un rol muy activo, porque hemos cambiado las reglas de que el amor podía ser una pena de muerte, por el reclamo de que las muertes deben ser exigidas como muertes evitables, porque el amor no puede ser una pena de muerte para las mujeres. Así que es una experiencia muy interesante pensar desde la filosofía y el periodismo.

—Cómo es hablar de amor en tiempos de feminismo.

—Creo que el feminismo es la gran revolución del siglo XX-siglo XXI y es una revolución política que cambia absolutamente todo. En medio del peor año de la humanidad, el 2020, el feminismo logra aprobar la ley de interrupción voluntaria del embarazo el 30 de diciembre. Con un Rosario que es antecedente, ya que el lugar donde más y mejor se pudo acceder al aborto legal, con la aprobación de la producción pública de misoprostol, con Rosario como una ciudad de avanzada, donde el feminismo tiene una incidencia masiva, pionera y de mucho poder.

Si pensamos en una relación sexual entre las muchas posibilidades, entre un varón y una mujer, el varón era el que podía terminar y sobrevivir y la mujer podía morir en la clandestinidad de un aborto; nos damos cuenta, cómo para bien, en el sentido de que ahora podemos sobrevivir y en el cuestionamiento al poder, las mujeres hemos cambiado todo. Si antes te podían matar y eso era pasión, por más que la muerte de una mujer tuviera una sanción judicial, en el kamasutra del amor se incluía el crimen pasional. O sea que lo hemos dado vuelta todo y no es posible dar vuelta todo sin que eso genere una interpelación.

Y si ahora medimos que las mujeres trabajan tres horas por día más en actividades domésticas y no remuneradas y evaluamos que en la pandemia eso ha crecido y que los varones tienen más tiempo para leer el diario, para el ocio, porque la mujeres en vez de poder descansar tuvieron que hacer las tareas por zoom y ahora llevar a los hijos e hijas en horarios flexibilizados de escuelas que vuelven a medias, sabemos que esas desigualdades siguen y se han profundizado, pero que para las mujeres eso ya no es natural. No entregamos el tiempo, la vida, el dinero en nombre del amor. Y, en todo caso, eso sigue sucediendo, pero lo cuestionamos.

El feminismo entonces tiene una incidencia muy alta y sobre todo en cuestionar las relaciones  }amorosas y sexuales. Lo que hay que hacer es interpelar, por eso hay tanto conflicto hoy. Hay conflicto y hay una vuelta atrás en la forma de relacionarnos, porque los varones fueron enseñados de un modo que hoy ya no es legitimado. Y eso lo que tiene que generar no es que nos relacionemos menos, sino distinto y la única forma es la conversación y la interpelación.

—El feminismo tuvo en 2020 una de las victorias más grandes con la sanción de la IVE; cuáles son ahora las prioridades de la agenda feminista.

—Creo que fue muy importante lograr la ley de IVE en el 2020. Yo creo que un gran desafío es que la ley se cumpla, hay lugares como Chaco, Córdoba y Salta donde hay presentaciones judiciales y es importante lograr la accesibilidad plena del aborto legal.

Yo siento que los femicidios como el caso de Úrsula (Bahillo) generan escozor, el asesinato de una piba de 18 años que ya había presentado denuncias y el Poder Judicial no la escuchó y había pedido ayuda. Sin lugar a dudas creo que se ha hecho mucho, pero es poco. Y en algunos casos no sólo es poco sino que la maraña burocrática de todos los poderes del Estado hace que les digan a las mujeres vayan y denuncien y después no se las cuida y a veces es difícil desenmarañar ese entramado burocrático. Y pedir acciones concretas.

Y es necesario que tengamos una repercusión muy potente que genere un cambio cultural, pero a la vez creo que hay que balancear ese planteo cultural con medidas muy concretas, como el patrocinio jurídico gratuito, que las mujeres sean acompañadas. El plan Acompañar, que para mí fue muy bueno, que las mujeres tengan por 6 meses 20 mil pesos para ser acompañadas cuando sufran violencia de género se cumpla, porque hoy está delegado en que se cumpla en cada localidad. El 144 no acompaña. Y una ley integral de cuidados, ya que si era difícil antes de la pandemia ahora es peor.

—La muerte de mujeres en 2021 puso de manifiesto los problemas que tiene el Estado para hacerse cargo de la violencia machista. Cómo creés que es el camino para mejorar las instituciones.

—Creo que tenemos que reclamar medidas concretas. El patrocinio jurídico gratuito es una ley que salió después de Ni Una Menos en 2015, quedó el Ministerio de Justicia en hacerlo, pero no lo hizo durante el macrismo. Armaron un plan piloto, con una idea de un abogado por provincia. Hoy con un Ministerio de Mujeres tiene que depender de allí y no puede haber un abogado por provincia. Este es un problema porque no es que las mujeres no denuncian, sino que no hay un acompañamiento para que las mujeres puedan llevar las causas adelante. Si hay un agresor que es denunciado hay que medir el riesgo de una víctima y para eso hay que llevar adelante un acompañamiento. La Justicia tiene que unificar las causas pero además hay que llevar las oficinas de evaluación de la Corte Suprema a todos lados, pero además hay que conocer los antecedentes. No puede ser que hoy que se conocen los datos de las personas no se sepa si alguien fue denunciado por ex parejas, porque si un juez sabe que esa persona tiene antecedentes y es peligroso tiene que tomar medidas.

También tiene que haber sí o sí tobilleras electrónicas para agresores. No se soluciona la violencia de género con tecnología, pero ayuda. Las tobilleras electrónicas permiten advertir a la policía los movimientos del agresor y creo que deben ser implementadas.

Esto se probó con un plan piloto en (el partido bonaerense de) San Martín y se probó que los agresores no paraban de violar las restricciones de acercamiento aun en las tobilleras; creo que no todo se soluciona con más leyes y más penas pero cuando son necesarias son necesarias, porque son las herramientas que hoy tenemos. Creo que tiene que haber una ley que penalice las violaciones de las restricciones de acercamiento, porque es una práctica repetida que pone en peligro a las mujeres. Y si bien no creo que la cárcel sea una solución, hay que proteger a las víctimas con custodia y en los casos graves con prisión preventiva.

Tenemos un gran problema con las fuerzas de seguridad, hubo 214 femicidios desde 2008 a 2021 en manos de empleados de la fuerza de seguridad. Es inadmisible que las personas entrenadas por el Estado sean asesinos, hay que correrlos de las fuerzas cuando están denunciados y sacarles el arma provista por el Estado.

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