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El silencio de la angustia

Los médicos del Heca, angustiados por la cantidad de pacientes baleados

Durante agosto, Rosario tuvo un promedio de dos heridos de arma de fuego por día. Es la cifra más alta de los últimos tres años comparando los mismos períodos, lo cual se ve reflejado en una suba de internaciones. Los médicos, que atienden a esos cuerpos baleados, se encuentran abrumados


Agosto suele ser un mes en donde las balas bajan su intensidad, dejando la violencia para los meses iniciales del año. El octavo mes del 2022 rompió con esa tradición de calma: el conteo de agosto duplicó el promedio de personas heridas con armas de fuego en Rosario de los últimos tres años, con 78 heridos.

Agosto cerró con 524 personas baleadas sólo en la ciudad de Rosario, muchas de las cuales son trasladadas al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca), espacio que recibe la mayor cantidad de personas que son heridas por pistola. Nayla Porreca, médica trabajadora de la guardia del Heca, dijo a este diario que la mayoría de los pacientes ingresados con herida de bala no suelen ser personas que integran una banda o son blancos de los ataques: “Se ve mucho más daño colateral, muchas más personas que no tienen nada que ver y que simplemente estaban en la calle haciendo su vida normal como cualquier otro día y quedan en medio de balaceras”.

El movimiento en la guardia es constante, y si bien es “amplia”, está constantemente llena, con una circulación muy importante de pacientes que son derivados a otras salas del hospital para continuar con su tratamiento o su recuperación, renovando así el plantel de ingresos: “Hay días o momentos de la semana con más concurrencia de estos hechos y momentos que menos, pero en una guardia de fin de semana podemos llegar a atender entre 5 y 10 heridos de arma de fuego de distinta gravedad. Hay fines de semana que son muy movidos al respecto”, comenta a este diario la trabajadora de la salud.

El hospital “ha tenido siempre ese perfil y, quienes elegimos trabajar en esta guardia desde un primer momento, sabemos que el Heca está para eso”. Atender ingresos que corresponden a heridas de accidentes de tránsito y por armas de fuego es algo que sucede a diario: “Estamos muy automatizados y muy organizados para su atención. Es algo que forma parte de nuestro cotidiano. Lo que nos sobrecarga son otras situaciones, quizás por fuera de eso, pero no los heridos de arma de fuego en sí. Es para lo que estamos preparados y lo que sabemos hacer”, aseveró Porreca.

 

La bala de ayer y las balas de hoy

El subdirector del hospital, Germán Camiletti, recorre los fríos pero febriles pasillos de la guardia como pez en el agua, pasando entre sus colegas que lo saludan con un breve pero alegre gesto. El médico reconoce que el aumento de los ingresados por heridos bala en la guardia va de la mano con el incremento de los episodios de violencia lesiva en la región.

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Al hacer foco en los heridos con arma de fuego, Camiletti comentó que “ese trauma en específico, en algún momento tenía mucha más incidencia lo que era el accidente vehicular. Hoy tiene más incidencia lo que es la violencia de la ciudad”, vinculada al uso de armas de fuego. Así mismo, al hospital llegan pacientes oriundos de todas partes de la región con patologías de todo tipo, variando desde quemaduras y traumatismos por accidentes viales como por heridas propias de una balacera.

Dentro de la caracterización de los pacientes baleados “o de los cambios que uno vio en la historia de los heridos con armas de fuego, es que anteriormente era muy frecuente que ingresaran heridos con una menor cantidad de impactos de bala que los que actualmente vemos. Y por otro lado, en estas balaceras nos pasa que al mismo tiempo se producen más de un herido, muchas veces”, explica a este diario el subdirector del Heca, y profundiza: “una situación de una balacera no tiene solamente el impacto sobre una persona, sino que muchas veces se hieren a otras personas que estaban en el mismo lugar físico que los heridos”.

Dentro de los casos recientes que sacudieron a la opinión pública, Camiletti recuerda el de Virginia Ferreyra, directora de la Escuela de Danzas Árabes de la Sociedad libanesa, fallecida el 24 de septiembre pasado, dos meses después de ser alcanzada por una ráfaga de ametralladora en las inmediaciones de la plazoleta Rodolfo Walsh ubicada en Isola y Maestros Santafesinos de barrio Parque del Mercado. “Virginia no vino sola, vino acompañada del mismo lugar y del mismo momento por un chico que también recibió heridas en la misma situación. En ese lugar hubo tres víctimas: la mamá de Virginia, el chico de 16 herido y la propia Virginia. No es infrecuente que en una balacera hieran a más de una persona al mismo tiempo” reflexiona el médico.

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Foto: Franco Trovato Fuoco

Camiletti afirma que “si uno ve los números fríos, ve un aumento (de las personas ingresadas heridas por armas de fuego) pero no representan la sensación de aumento, porque son muchos casos que cobran resonancia, y si uno se pone a pensar que en Rosario hay muchas balaceras por ahí no se traduce en la cantidad de heridos que ingresan al hospital”.

El subdirector del Clemente Álvarez advierte que, si bien la totalidad de los pacientes en la guardia no corresponden a heridas de bala, son los que responden a una proporción más importante de los pacientes ingresados. Los pacientes ingresados baleados suelen requerir un acompañamiento mucho más importante y mayor cantidad de recursos humanos y materiales para su atención.

Los costos de ser médico en tiempos de violencia urbana

Tanto Porreca como Camiletti subrayan que los trabajadores de la salud de la guardia tienen un nivel de exigencia que los ha llevado a construir, desde la adrenalina de las escenas de urgencia a las cuales están habituados, herramientas que los enfocan en la tarea de salvar la vida del paciente, pero ambos confluyen en una misma cosa: el costo en los médicos de la guardia es alto. “Las situaciones que se viven por los heridos de armas de fuego y la frecuencia y la gravedad de los mismos, por más que uno esté acostumbrado, que esté preparado, no dejan de impactarnos. No deja de afectarnos ni de generar situaciones de estrés y de angustia en los equipos de trabajo. A veces uno cree que un procedimiento por una herida de bala es algo limitado, corto y sencillo y la verdad es que cuando uno ingresa a un quirófano con un herido de arma de fuego, a lo mejor pasa 4 o 6 horas operando y si ahí le tenés que sumar que tenés que operar las apendicitis, que tenés que operar las coles cistitis”, todo termina sumando a una mayor cantidad de recursos ocupados en un mismo paciente.

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“Si no fuera por el apoyo mutuo nos hubiera sido muy difícil atravesar los años de pandemia”, advierte Porreca. Al día de hoy, y después del arduo desafío que significó trabajar incansablemente durante el COVID-19, los médicos de guardia sienten poco reconocimiento por parte de la sociedad en general. “La pospandemia nos ha dejado muy sensibles. Solemos sentirnos muy cansados y muy demandados, pero creo que el incremento de heridos por arma de fuego no me sobrecarga en lo personal”.

Lejos de originarse en la cantidad de pacientes que deben atender, el estrés de los médicos nace de las historias que esos pacientes cuentan en sus cuerpos: “A veces se hace difícil porque nosotros atendemos a los pacientes, no importa el origen y no importa quién sea y, en el momento que atendemos, prestamos nuestra atención para que todo salga lo mejor posible”, contó Porreca, y agregó: “No sabemos nada sobre qué pasó, o quién es el paciente, o de dónde viene. Pero es inevitable leer después las noticias y enterarnos de la historia detrás de aquella persona que vimos”.

La médica de guardia dijo a El Ciudadano que sus colegas viven con angustia dado que ese ingresado “podría ser un ser querido o incluso vos mismo”. Para la médica, se está viviendo “una gran ruleta rusa”: “Vos salís a la calle, en ciertas zonas de la ciudad y no sabes si te vas a cruzar con una bala. Creo que ese es el malestar de las personas que viven en Rosario y de quienes tenemos familia en Rosario también”.

La trabajadora de la salud entiende que, al atender a las víctimas de las balaceras, entra en “piloto automático”, ya que se concentran en la atención sistemática de los pacientes. Los médicos de guardia no tienen un contacto estrecho con los familiares de los internados y pierden del todo la interacción con sus pacientes al ser derivados a cuidados intensivos o tratamientos específicos. Aún así, la parte más difícil sigue siendo el después de haber pasado por sus manos la salud de personajes que, luego, terminarán siendo nombrados en las páginas policiales de los matutinos: “El enterarte y hablar las noticias sí puede afectarnos un poco. Yo no recibí a Virginia Ferreyra, pero la conocía porque bailábamos en el mismo lugar cuando yo era más chica, en la sociedad libanesa”, cuenta Nayla. Y finaliza: “Cuando llegué a la guardia, ella estaba intubada en (la guardia) post operatorio y enterarme de que era ella, que esa paciente era ella fue muy shockeante porque es la primera vez que me toca conocer de cerca a un paciente”.

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