Ciudad, Edición Impresa

Los baches de la ciudad, un problema sin solución

El estado de las calles de Rosario sigue siendo lamentable y así lo manifiestan los propios vecinos.

El estado de las calles de Rosario sigue en el ojo de la tormenta: si se hiciera un ranking de quejas, seguramente estaría entre los reclamos “top” de los ciudadanos. Es que, lejos de solucionarse este problema que ya lleva varios años de arrastre, se profundiza con el transcurso de los días. La Municipalidad, como se lee en su sitio web, anuncia reparaciones y obras casi todos los días, pero la realidad indica otra cosa.

“Yo no manejo, pero cuando voy con mi esposo es fácil ver la cantidad de baches que hay. Es impresionante. Sólo basta con recorrer un poco para comprobarlo”, expresó una mujer cuyo testimonio se puede ver y escuchar en el espacio multimedia de www.elciudadanoweb.com.

Hay quienes, en cambio, observan una leve mejoría. “En mi opinión, creo que hace un año el estado de las calles era mucho peor. Pero tengo la impresión de que se ha ido mejorando de a poco”, consideró otro vecino.

Pero este caso es el de los menos. Porque la mayoría de los rosarinos tiene la misma certeza: los baches en las calles de la ciudad son una constante. Por ejemplo, transitar por la avenida Eva Perón es un padecimiento para conductores y automóviles por la cantidad de irregularidades en la calzada. Además es una arteria clave, ya que sirve de ingreso a la ciudad desde el aeropuerto de Fisherton.

Pero el mal estado de las calles no lo padecen sólo los automovilistas. Una joven consultada por el sitio web de El Ciudadano también reparó en los ciclistas: “Se complica andar en auto, y en bici también. Al menos por donde yo transito, las calles están en un estado calamitoso”.

El plan de obras de repavimentación anunciado a fines de 2010 y principios de este año viene lento. De hecho, una de las principales críticas de los vecinos en su momento fue la elección de repavimentar primero bulevar Oroño, una zona que no presentaba un deterioro tan pronunciado como otras que se encuentran fuera de los límites del macrocentro de la ciudad.

Como bien señala otro de los testimonios recogidos por el diario digital, “hay zonas y zonas”, y en este sentido no se puede soslayar que los barrios son los que llevan la peor parte. Sólo hay que salirse de las avenidas y arterias principales de Rosario y transitar por lugares menos concurridos para comprobar que la situación de abandono es alarmante. Un ejemplo son las cortadas o las calles angostas, de una sola mano, donde el paso del tiempo convirtió a un incipiente bache en un cráter. Nadie parece percatarse de ello, salvo el vecino que de manera silenciosa se enfrenta cada día a la odisea de llegar a su casa sin dejar el tren delantero de su automóvil en el camino.

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