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Pandemia

Los abuelos, las víctimas del coronavirus que representan el 50 por ciento de los muertos en Francia

Testimonios de trabajadores de la salud de Burdeos analizan en primera persona cómo funciona el sistema y por qué la mitad de los fallecimientos por Covid 19 se dieron en geriátricos


Especial para El Ciudadano

“No nos vamos a olvidar que en febrero, quienes toman decisiones en este país, decían que acá no iba a pasar nada, cuando el virus ya estaba en Italia y crecía la cantidad de muertos a mucha velocidad. Cero prevención, sumado a las políticas de ajuste que ya venían. Y después, cuando actuaron, cometieron errores. Nos dijeron que las máscaras no eran necesarias. Y así la gente se confinó, pero con hábitos de contacto que no cambiaron. En los geriátricos, los abuelos reciben visitas, que se siguieron haciendo. Y el personal que trabaja con ellos, médicos o enfermeros, no se cuidaba como debía. Eso multiplicó los contagios”. En el audio de WhatsApp, en buen castellano, la voz de la francesa Ana María Muñoz, auxiliar de enfermería, que trabaja para el servicio de Seguridad Social en Burdeos. Francia es de los países que más padece, ante el avance de la pandemia, la muerte en los hogares para la tercera edad. El 49,4% de los 21.349 fallecidos que oficialmente reconocen las autoridades, se dio en estas instituciones.

Según informó este jueves Hans Kluge, director para Europa de la Organización Mundial de la Salud, más de la mitad de las 110.000 muertes por COVID-19 registradas en el continente eran personas que vivían en residencias para mayores. Por ello habló de una “tragedia humana inimaginable” que en el futuro podría evitarse con sensibles mejoras en ese tipo de centros. En Francia, evidentemente, habrá mucho por hacer.

José Luis Zeballos es rosarino. Y suma su testimonio en diálogo con El Ciudadano, al de su compañera Ana, a la que conoció en el ‘84 en Gran Buenos Aires, colaborando con sectores humildes que habían padecido una inundación. Ella francesa, él rosarino. Ella había venido a la Argentina con un novio francés, “pero entre mate y bailando bien el tango, se terminó quedando conmigo”, confiesa José Luis.

Se enamoraron y quince años después, en 1999, decidían irse a vivir a Francia. “Pasamos la crisis del final de Alfonsín, la hiperinflación y los saqueos del 89 y ya el menemismo fue lo que nos terminó de tumbar”, cuentan en la charla. Hoy tienen dos hijos. Uno de ellos, trabaja también en el sector salud. José Luis es técnico radiólogo y trabaja en el Hospital de Burdeos. “Veníamos con huelgas y movilizaciones -dice Pepe- como toda la salud pública. Desde agosto del año pasado, pedíamos mejores salarios y condiciones de trabajo. Contando desde 2018 se habían cerraron ocho mil camas sanatoriales en el país. Y habían recortado fondos para equipos. Pero eso no es lo peor, sino el cinismo con que actuaron con la llegada del COVID-19. Montaron una explicación sanitaria que disimulaba el ajuste. Decían que era un virus era ‘gordo y pesado’ que caía por el aire cuando uno habla, a los pocos centímetros de distancia de la boca. Y que por eso, no hacían falta máscaras. Después, cuando ya en todo el mundo se mostraba que podía haber contagios al hablar con alguien, anunciaron la compra de máscaras chinas. Y ahora, nos dicen que va a ser ser obligatorio usarlas. En el medio, casi 25 mil muertes”.

Ana amplía: “Respiradores en los hospitales había pocos. En el noreste francés, adonde más surgieron los primeros focos de contagio, como no alcanzaban para todos, priorizaron a los jóvenes para su uso y así terminaron muriendo muchísimos abuelos”. Y agrega: “Por medio del voluntariado, algo que también se hizo fue que hubiera personal residente que se quedara a vivir en las instituciones, para no tener contacto con el exterior. Pero acá el tema es que estas instituciones son grandes negocios, con una renta alta, mantenidos con poco personal. Además, sin mascarillas. Con que se contaminara uno, morían todos”.

En Burdeos no se dieron tantos casos locales. “Nosotros estamos sobre el Atlántico, cerca del límite con España. Lo que hicieron fue traernos pacientes al hospital desde la zona de Mulhouse, una región muy afectada después de una reunión evangélica de casi 2 mil fieles en febrero, de los cuales la mitad se contagió, también de las afueras de París. Lo que sucede ahora, cuando se piensa el desconfinamiento, es que justamente por haber tenido menos casos locales, contamos con menos inmunidad al virus”, asegura José Luis. Y le deja para el final de la charla a Ana, su compañera, una reflexión sobre lo que puede venir con los adultos mayores: “Para quienes no están en una institución, se dijo que en caso de terminar con la cuarentena, no podrían salir a la calle. Eso trajo problemas. Este país siempre habla de defender las libertades individuales, por lo que eso no sería aceptado. Así que ahora están pensando cómo hacer de otra forma, quizás con salidas reguladas”. Ahora, en el confinamiento que dura hasta el 11 de mayo, para salir de sus casas los franceses deben llenar una declaración jurada, explicando qué trámite están haciendo. Y tienen una hora por día, para salir a hacer ejercicios, manteniendo distanciamiento. Del que pueden participar los niños. Pase lo que pase después del próximo 11, todo indica que para los abuelos franceses, las dificultades van a continuar, aún recuperando la libertad de salir a caminar.

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