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López Obrador, una nueva esperanza para Méjico

Si podrá llevar adelante sus designios es algo que no se puede saber. Lo cierto es que dejar contento a un pueblo para pasar a la historia supone haber cumplido con ellos


Sus primeras palabras fueron: “No les fallaré. Estoy consciente de mi responsabilidad histórica”.

Juan José Casas García *

Entre coros de “presidente, presidente”, Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición política de izquierda llamada Juntos Haremos Historia, integrada por los partidos Morena (Movimiento Regeneración Nacional), PT (Partido del Trabajo) y PES (Partido Encuentro Social), se hizo con la presidencia de México el pasado lunes 1º de julio con más del 50 por ciento de los sufragios. Con una bandera clara que apunta a la erradicación de la corrupción, raíz de la desgracia mexicana, Amlo –por sus iniciales– inició su discurso señalando: “Este es un día histórico y será una noche memorable”. Un hombre de izquierdas, luego de más de 70 años de hegemonía del PRI y 12 del derechista PAN, se hará por primera vez en la historia política mexicana con la silla presidencial.

“Una mayoría importante de ciudadanos ha decidido iniciar la cuarta transformación de la vida pública de México”, afirmaba el futuro presidente que tomará su cargo el 1º de diciembre. Con una independencia que marca la ruptura política de la corona española; una reforma que fracturó el poder de la Iglesia y fortaleció el Estado mexicano a la vez que fundó las bases para la construcción de su identidad; y una revolución que reconfiguró todas las estructuras político-sociales de la nación; Amlo apunta a construir una cuarta transformación. Pretende pasar a la historia como uno de los mejores presidentes del país, su única ambición legítima.

Amlo inició su carrera política en el PRI, partido del que ahora es su más férreo crítico. Su habilidad, carisma y liderazgo político despuntó en el PRD, el mítico partido de izquierda mexicano fundado por Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del ex presidente Lázaro Cárdenas, quien le daría a México su expropiación en materia petrolera. Fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México. En el 2011 funda Morena como una asociación civil que lo impulsaría en las elecciones presidenciales del 2012 y dos años después logra su registro como partido político, al desprenderse del PRD.

Después de dos candidaturas presidenciales (2006 y 2012), en las cuales pierde según su diagnóstico y el de muchos mexicanos a causa de la corrupción y la “mafia del poder”, Amlo logra ganar la presidencia de la república a pesar del intento de ostracismo que buscó desterrarlo de la vida pública de México. Acusado de castrista y chavista, de socialista y comunista, de populista y enfermo de poder, de cualquier tipo de epítetos negativos fabricados exclusivamente en su contra, el futuro presidente agradece a “las benditas redes sociales” que ayudaron a desmantelar esa imagen que durante 12 años el cuarto poder le había indilgado.

Su proyecto de nación apunta a realizar cambios profundos siguiendo el orden legal establecido, garantizando las libertades individuales y sociales establecidas en la constitución. Sin embargo, revisará a fondo las reformas estructurales realizadas en el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto y, según afirmó, de encontrar anomalías, no dudará en rectificarlas para evitar la corrupción. Para Amlo es la génesis de la desigualdad social y la violencia desatada por efecto del narcotráfico.

En el Zócalo de la Ciudad de México, un lugar emblemático si los hay en el país azteca, lo esperaban miles de simpatizantes. Sus primeras palabras fueron: “No les fallaré. Estoy consciente de mi responsabilidad histórica”.

Un nuevo gobierno, por fuera de las estructuras de poder clásicas en un contexto de adversidad económica debido a la hostilidad de Estados Unidos desde inicio de la era “Trump”, se erige sobre la figura de un líder político de 64 años que quiere pasar a la historia de la mejor manera posible. El hecho de que se erija como primer mandatario de una de las economías más importantes del mundo no es un dato menor. Tal vez por ello el temor de no pocos de los poderes fácticos mexicanos, que a pesar de haber esquilmado su figura, no lograron evitar que la izquierda mexicana se haga con el poder.

Si podrá llevar adelante sus designios es algo que no se puede saber. Lo cierto es que dejar contento a un pueblo para pasar a la historia supone haber cumplido con ellos.

*Casas es mexicano, radicado en París y magister en Estudios latinoamericanos por la Universidad de la Sorbona, Paris.

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