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¿Ciudad Gótica?

Los murciélagos llegan a Rosario

Por estos días comienza la visita anual de unas 15 mil hembras embarazadas a los techos de la Facultad de Derecho. Viajan desde el sur de Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay. En Rosario parirán y cuidarán a sus crías hasta que puedan cazar y volar.


Ni seguidores del sanguinario conde de Transilvania ni émulos del vengativo superhéroe de cómic ni tampoco un peligro: unos 15 mil murciélagos arribarán en estos días a la ciudad para, como todos los años, dar forma a una ya centenaria colonia en los techos de la Facultad de Derecho, en la céntrica manzana frente a la plaza San Martín. Son, y es una singularidad, sólo hembras, que llegan embarazadas para parir a sus crías. Y para amamantarlas, porque se trata de mamíferos: los únicos capaces de vuelo activo, que llegan a recorrer hasta dos mil kilómetros en sus migraciones.

No hay certeza sobre el origen de los que llegan a Rosario para estas fechas, de su especie , aunque se estima que lo hacen desde el sur de Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Tampoco se sabe por qué eligieron, desde hace un siglo este sitio de reunión, que mantienen desde entonces. Se juntan acá, en tandas, entre octubre y noviembre, y parten en febrero del año siguiente, una vez que concluye la lactancia y las crías ya pueden volar y cazar por sí mismas. Para entonces, suman unos 30 mil, ya hembras y machos, que durante su estadía habrán contribuido a controlar la población de varios tipos de insectos –muchos de ellos considerados plaga para los cultivos– que componen su dieta.

La mayoría vuelve a las geografías de donde migraron, pero otros se quedan por estos pagos.

Aliados

En la Argentina se han identificado entre 64 y 65 especies de murciélagos, de las cuales una decena se pueden ver en Rosario. La que forma colonia en el edificio proyectado y construido en 1892 por el inglés Herbert Boyd Walker por orden del empresario Juan Canals, es pequeña en tamaño. Las hembras embarazadas pesan en promedio unos 17 gramos, con un tamaño de alrededor de 9 centímetros. Las crías, al nacer, no alcanzan los dos gramos.

Los tadarida brasiliensis se pueden encontrar a lo largo de todo el país, excepto en las provincias de Chaco, Corrientes y Tierra del Fuego. Se refugian en ambientes tanto naturales como construidos por el hombre: viviendas y edificios, diques, cuevas, huecos de árboles y grietas. Se alimentan sólo de insectos. La mayor parte de su dieta corresponde a lepidópteros, en especial polillas, pero también engullen, entre muchos otros, a los molestos mosquitos.

“No se sabe por qué eligen determinados lugares. Hay una historia genética, condiciones de clima, alimentos disponibles, pero no está suficientemente estudiado”, dice, respecto de la elección del edificio de Derecho, María Eugenia Montani, profesora en ciencias naturales. Ella integra el departamento Zoología de Vertebrados del Museo Provincial de Ciencias Naturales “Ángel Gallardo”. Y es responsable de la delegación Rosario del Programa de Conservación de Murciélagos de la Argentina, que desde hace cuatro años estudia la colonia de Derecho. Comenzaron cuando, tras el incendio provocado el 1º de julio de 2003, durante una manifestación gremial, finalmente se iniciaron los trabajos de reconstrucción de lo dañado: la cubierta sobre calle Santa Fe y mitad de la que da a Moreno, además de sectores del primer piso y planta baja. En la fecha en que el fuego consumió los techos de la facultad, los murciélagos no estaban en el lugar, pero el siniestro destruyó su hábitat.

“Empezamos en 2012 con un grupo de investigación, seguimos monitoreando y se sumaron otros proyectos con investigadores de varias facultades”, relata Montani. Entre otras intervenciones, se encaró un trabajo de exclusión de los animales que, tras la reducción del espacio disponible con las refacciones, habían colonizado algunas aulas, obturando las conexiones con el cielorraso. También se acordó con la Facultad de Ciencias Agrarias un proyecto para recoger y reconvertir en abono el guano que deja la colonia: se trata de uno de los mejores fertilizantes naturales del mundo.

Alojamiento seguro

La construcción que linda con Córdoba, Moreno y Santa Fe aloja a sus visitantes estivales desde hace rato, aunque ahora les está vedado el sector sobre la última de esas calles. “Hay registros de la colonia que datan de 1914, pocos años después de la inauguración del edificio”, aclara la investigadora. Recuerda que, antes del incendio de 2003, sumaban alrededor de 30 mil las hembras de la especie, también conocida como “cola de ratón”, que se reunían anualmente en Derecho, y unos 60 mil los individuos que componían la colonia al momento de partir. A partir de entonces, ambas cifras se redujeron a la mitad porque los trabajos de remodelación edilicia restaron en la misma proporción el espacio disponible, que se destinó a oficinas.

La de Rosario es una de las tres colonias de tadarida brasiliensis identificadas en el país: las restantes son la asentada en una mina de La Calera, en Córdoba, y la hasta hace poco considerada como la más numerosa de Sudamérica, en el dique Escaba, de Tucumán, que alcanzó a tener unos 12 millones de murciélagos. Esta última fue dramáticamente diezmada lo que encendió alertas sobre las consecuencias ecológicas e impulsó la creación del PCMA. La del centro rosarino es considerablemente más pequeña, pero tiene una exclusividad: es la única de las tres formada exclusivamente por hembras.

Durante el verano, las hembras de Derecho y sus crías serán otra vez singulares turistas de la ciudad. Volarán por las noches buscando alimento, sumándose a sus congéneres que, cada vez más por la destrucción de hábitats naturales a causa de los agroquímicos y los desmontes, se instalan en territorios urbanos. No chuparán la sangre de los rosarinos ni se enredarán en sus cabelleras ni les contagiarán rabia (tienen menos tasa de la enfermedad que los animales domésticos). Cargarán con esos mitos, sin embargo, que siempre van de la mano del desconocimiento y el miedo.

Un programa que nació de una destrucción

El Programa de Conservación de Murciélagos de la Argentina (PCMA) surgió luego de la dramática reducción en Tucumán, a mano del hombre, de la que era considerada la mayor colonia sudamericana de la especie tadarida brasiliensis, la misma que ocupa la Facultad de Derecho en Rosario. Eran 12 millones de animales que habitaban en el interior del murallón de la represa de Escaba, en el sur tucumano, cerca del límite con la provincia de Catamarca.

En 2002, la colonia fue “reubicada” para liberar los espacios internos de la presa, sin demasiados estudios previos y sin contemplaciones. Fue una expulsión cruenta, en la que se utilizaron quemadores de naftalina, reflectores y sirenas que desorientaban a los animales afectando su sistema de ecolocalización.

La expulsión se produjo pese a que, un año antes, la colonia había sido declarada “monumento natural” por la ley provincial 7.058. Las consecuencias ecológicas no se hicieron esperar: el aumento de plagas de cultivos que eran alimento de los murciélagos (consumían 5 millones de toneladas de insectos al día) se constató de inmediato.

En 2007, entonces, se creó el PCMA, asociado a la Red Latinoamericana para la Conservación de Murciélagos y que puede visitarse en www.pcma.com.ar. En la Argentina hay 12 sedes, dos de ellas en Santa Fe. La de Rosario, que coordina María Eugenia Montani, funciona en el Museo Gallardo, de calle San Lorenzo 1949.

A no desesperarse

Los murciélagos suelen habitar, en ámbitos urbanos, en construcciones y viviendas. Es un clásico, ya, el relato de su presencia en los taparrollos de las casas. Si esa convivencia, que no es peligrosa, resulta incómoda para los humanos, hay un protocolo disponible para desalojarlos sin violencia ni riesgos. Sin utilizar venenos ni ultrasonido ni humo, y con las precauciones debidas para que nadie salga lastimado en el proceso. En esencia, se trata de un método basado en la construcción simple de “salidas unidireccionales” para que, solos, los animales salgan del sitio en el que se encuentran. El protocolo avalado por el PCMA puede encontrarse en la página del programa, www.pcma.com.ar.

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