Ciudad

Aborto legal

“Las voces en contra transmiten mentiras y mensajes de odio”

La ministra de Ciencia y Tecnología de Santa Fe, Érica Hynes, se define como feminista y apoya el proyecto de Interrupción Legal del Embarazo (IVE). Cuestionó a los senadores que ponen las creencias religiosas por encima del conocimiento científico y el lugar de representación política


Hynes es una de las ministras santafesinas que desde el comienzo del debate apoyó el proyecto de aborto legal.

El cambio en el voto de la senadora nacional rionegrina Silvina García Larraburu generó malestar entre quienes apoyan el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). La legisladora no sólo rompió con el acuerdo del bloque de Unidad Ciudadana de apoyarlo de manera unánime. Mientras publicaba una imagen de la virgen en Instagram, declaró que votará en contra por convicciones íntimas, que el reclamo era una moda y que las pobres no abortaban. Las declaraciones de García Larraburu fueron criticadas con énfasis porque preside la comisión de Ciencia del Senado y su posición priorizó las creencias religiosas por encima del lugar que ocupa en la Cámara alta. Para la ministra de Ciencia y Tecnología de Santa Fe, Érica Hynes, el conocimiento científico debe ser un insumo para la toma de decisiones de los gobernantes. “El diálogo entre ciencia y política no siempre es fácil pero los argumentos que presentaron los expositores en el Congreso a favor de la ley muestran un desarrollo de vanguardia en Argentina. Del otro lado sólo escuchamos pseudociencia, mentiras y mensajes de odio”, opinó.

Hynes es una de las ministras santafesinas que desde el comienzo del debate apoyó el proyecto de aborto legal. Es feminista y socialista. Cree que el aborto es un problema del que el Estado debe ocuparse con educación sexual, anticonceptivos y prácticas seguras en hospitales y sanatorios. Para la ministra el principal avance de los últimos seis meses fue la despenalización social del aborto. “Más allá de lo que voten los senadores, hoy la mayoría de la población está a favor de la ley y considera que la mujer no es una criminal”.

¿Qué opinás del cambio de voto de García Larraburu que preside la comisión de ciencia?

Me sorprendió saberlo. No sé cuál fue la motivación de la senadora de presidir una comisión de ciencia, ni cuál ha sido su impronta hasta ahora, pero en este tema en particular tuvo un abordaje poco científico. Decir que las mujeres pobres no abortan no tiene ningún fundamento basado en las estadísticas y en lo que sucede en la realidad. El mismo día que lo afirmó, murió una mujer por aborto clandestino en Santiago del Estero. Es importante que las personas que forman opinión y están en lugares de decisión puedan acceder a información antes de tomar las decisiones. Desde la función pública y el sector científico creemos que el conocimiento que producimos debe ser un insumo para la toma de decisiones de los gobernantes. Pero el diálogo entre la academia y la política no siempre es sencillo. En este caso, la senadora no está dialogando con la ciencia, está basándose en otros argumentos. Quienes ocupan espacios vinculados a la educación y el conocimiento deberían ser más permeables a escuchar opiniones. Pasa lo mismo con la senadora Inés Blas, que está en la Banca de la Mujer. Cuando asumimos un espacio de representación tenemos que estar dispuesto a escuchar, dar el debate y las explicaciones que correspondan. Una persona que está representando a las mujeres tiene un desafío muy grande porque el colectivo de mujeres es muy diverso pero está unificado en el pedido del aborto legal. El reparto de las comisiones durante mucho tiempo pasó inadvertido. Hoy la sociedad y el movimiento de mujeres exigen a los gobernantes estar a la altura.

¿Qué opinas del conocimiento científico que circuló en el Congreso en las exposiciones?

La comunidad científica ha hecho aportes de relevancia a favor de la legalización del aborto. Presentaron evidencias concretas desde las ciencias sociales con estadísticas, estudios sobre otros países y análisis de legislación comparada. La filosofía aportó con Diana Maffia y Darío Zztajnszrajber, entre otros. Estuvo el biólogo Alberto Kornblihtt, una eminencia en el tema. Lo que noté es que han participado a título personal. Las academias, universidades y organizaciones científicas han llegado tarde a esta discusión. Del otro lado, vi con mucha preocupación el uso de argumentos científicos falsos, mentirosos y pseudocientíficos que produjo un gran desnivel en el debate. Los expertos a favor hablaban desde una vanguardia científica de datos comprobados, estadísticas respetables y fuentes conocidas. Y del otro lado hay estudios sin referencia, mitos y cuestiones que desde hace 30 años se saben que son falsas. El debate también mostró  de un lado la educación en la universidad pública y del otro a las universidades privadas y confesionales. Si comparamos las publicaciones y los aportes en revistas de alto impacto internacional de Conicet versus las universidades privadas se nota que, en general, las privadas se dedican a enseñar y no se destacan por investigar. En Argentina la investigación en el sector privado no se ha desarrollado mucho y a la hora de opinar usa argumentos que no tienen evidencia que los sostenga.

¿Por qué crees que la sociedad ya despenalizó el aborto?

Como todas las feministas en estos meses estuve recordando cómo era hace unos años. No se podían hacer actividades sobre aborto porque irrumpían y vandalizaban grupos en contra. Los medios no iban a cubrir y era todo muy secreto. Durante la dictadura, la Iglesia instaló en Argentina el discurso de asimilar el aborto con el asesinato, por más de que no es cierto ni en el Código Penal. Antes del golpe no estaba diseminada esa idea en la sociedad. El aborto tenía condena social y era clandestino pero se hablaba más, se sabía que era algo que pasaba y no estaba la idea de homicidio. Hoy sociedad se movió de ese lugar. No considera que el aborto sea un asesinato por más que muchos grupos antiderechos quieren instalar de nuevo esa idea y le gritan asesinas a las mujeres que andan con pañuelo verde. La sociedad ya no cree más eso. Tal vez nunca lo creyó pero antes había algo que impedía nombrarlo. Ese discurso ya está superado. Gran parte de la población apoya el proyecto y en varones y mujeres menores de 30 años es abrumadora la mayoría. Los políticos tenemos la obligación de leer la realidad y ver hacia dónde va la sociedad. No podemos decir que representamos si no leemos las señales del entramado social.

¿Crees que se intensificó la militancia contra el proyecto?

Desde la media sanción hubo un punto de quiebre. Tal vez porque la Iglesia subestimó la evolución del tema en la sociedad.  Desde el movimiento de mujeres notamos un recrudecimiento de las presiones, con amenazas a jóvenes que estaban con el pañuelo verde en la calle, agresiones en las redes sociales, mensajes de odio de sectores conservadores. Ante eso, el movimiento de mujeres y el feminismo redobla los esfuerzos y mantiene presencia en la calle, siempre con respeto. Llamamos a la reflexión a nuestros representantes y que voten leyendo el pedido que hace la sociedad y sus mujeres, sin dejarse influenciar por situaciones de presión, miedo o especulación política.

¿Como ves la votación del 8 de agosto?                                                  

Veo una serie de operaciones para desmoralizar al movimiento de mujeres y hacernos creer que la discusión está perdida. No hay que olvidar que en Diputados se pensaba que se iba a empatar y después fue mayoritaria la diferencia. Creo que la ley va a salir porque vamos a ser millones en el Congreso. Pero más allá de lo que suceda creo que la discusión ya está ganada en lo social. Hemos construido una agencia de ciudadanía que no tiene vuelta atrás. El movimiento de mujeres tiene transversalidad generacional. Las más grandes decimos que es una cuestión de salud pública y las más jóvenes ya lo ven como una cuestión de libertad y de derechos. Eso no tiene vuelta atrás y va a condicionar la vida de las organizaciones políticas. La cuarta ola feminista y la demanda de derechos, no sólo de legalización de aborto, es un movimiento del que no se vuelve.

¿Cómo ves la construcción teórica del feminismo de Argentina?

El feminismo es uno de los campos donde más producción de conocimiento ha habido en los últimos 30 años y las producciones han sido rompedoras de paradigmas. Han aportado mucho a la discusión a nivel regional. Hoy los feminismos rompen el cascarón y salen del lugar marginal al que durante mucho tiempo estuvieron relegados en las ciencias. El feminismo está permeando en las discusiones de la ciencia política, la filosofía, la sociología y otras. Necesitamos que entre al núcleo duro de todas las ciencias y que podamos discutir todo desde una perspectiva de género. Es fundamental que deje de ser un tema secundario de seminarios y que esté en el núcleo duro del conocimiento. No se trata de ponerle un prendedor de feminismo a una forma de hacer ciencia o a una currícula. Es una perspectiva nueva que tenemos que incorporar y que estaba ausente. La ciencia que ciegue al género no va a ser ciencia de buena calidad. Eso es algo que llegó para quedarse.

¿Y cómo es el lugar de las mujeres en la ciencia?

Faltan lugares jerarquizados. Tenemos casi de paridad de mujeres científicas pero la mayor parte está en la base de la pirámide. Es importante que haya más mujeres en cargos jerárquicos y lugares de decisión. Y que esos liderazgos se desarrollen con perspectiva de género para cambiar prácticas patriarcales que tienen la ciencia y la tecnología, como el resto de las instituciones.

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