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Las pandemias en la historia y el aporte de los trabajadores sociales con formación y conocimientos

La sociedad necesita un abordaje multidisciplinario en estas crisis épicas, dice el autor. Y certezas para poder huir de los miedos. Propone como clave la tríada aceptar-confiar-reaprender tras enumerar las principales pandemias que interpelaron a la humanidad


Licenciada en Trabajo Social Alicia Laura Maltaneres*
*Colegio de Profesionales de Trabajo Social de Santa Fe 2da Circunscripción

“Con más sosiego amemos nuestra incierta vida”

Fernando Pesoa

En los inicios del mes de marzo, recibimos las primeras noticias periodísticas dando cuenta de la aparición, en Milán, de un virus extraño. Nos resultaba inimaginable que pudiera expandirse hasta América y por consiguiente llegara a nuestro país.

El 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció como pandemia la enfermedad por covid-19. Científicos, epidemiólogos e infectólogos reconocidos en el mundo fueron convocados por los distintos gobiernos. En tanto, los ciudadanos del mundo veíamos alarmados por televisión las imágenes aterradoras de miles de muertos depositados en grandes fosas comunitarias.

Los cambios en la vida cotidiana se reprodujeron aceleradamente. La información difundida en los medios de comunicación era inestable, cambiante y caótica. Nos vimos obligados a cambiar nuestra forma de relacionarnos, nuestros hábitos y nuestras costumbres para prevenir los contagios del virus que se reproducía velozmente.

El presidente Alberto Fernández anunció las primeras medidas del gobierno para hacerle frente a la amenaza del virus, con la dificultad de que no había demasiadas certezas. Se ordenó el aislamiento y la cuarentena en todo el territorio para organizar los recursos necesarios. Los profesionales de la salud que fueron convocados como “esenciales” en los servicios públicos y privados respondieron desde el inicio con valentía y altruismo, en algunos casos perdiendo sus vidas. Aparecieron las primeras imágenes de ambulancias y trabajadores de salud con trajes blancos, imágenes que parecían de ciencia ficción.

Pandemias en la historia 

Los virus existieron al mismo tiempo que los primeros habitantes del planeta y se desarrollaron en forma paralela con la evolución de la humanidad, cuando comenzó a organizarse en sociedad creando núcleos de personas que convivían en un mismo espacio territorial de hacinamiento, sin medidas de higiene.

Indagando la historia, podemos citar las epidemias que en escala mayor y más letales, fueron pandemias:

Peste Antonina: se desató en el siglo II, posible viruela que se asoló el Imperio Romano al regresar las tropas que combatieron en Medio Oriente y produjo la muerte de la cuarta parte de los miles de infectados.

Plaga de Justiniano: del Siglo VI, en el esplendor del Imperio Bizantino. El epicentro del brote fue Constantinopla, y el virus fue transmitido por ratas que venían en los barcos. Se calcula llegó a destruir la cuarta parte de toda la población.

Peste Negra o Bubónica: propagada a mediados del siglo XIV en la Edad Media. Cinco siglos más tarde, se descubrió que las transmitían las ratas. Fue una de las mayores pandemias de la historia. Los historiadores señalan que la península ibérica perdió más del 60% de la población y la Toscana italiana más del 50%.

Viruela: tuvo su mayor expansión durante el siglo XVIII. Llegó al continente americano con la conquista de los españoles. Produjo la muerte del 90% de la población nativa americana. Se ha logrado erradicar la enfermedad por la vacuna. El último contagio por el virus se registró en 1977 y se considera extinguido.

Fiebre Amarilla: a fines del siglo XIX produjo millares de muertes por brotes en América y Europa. El virus se considera originado en África, siendo el vector una especie de mosquito, el Aedes aegypti, que llegó al continente americano en barcos que comerciaban esclavos.

Cólera: propagado en el siglo XIX en el continente asiático. Se origina por la falta de tratamientos de excrementos humanos y la ausencia de agua potable. Causó millones de muertes.

Gripe Española: en los orígenes del siglo XX, durante los últimos meses de la Primera Guerra Mundial. Fue una pandemia que según los cálculos provocó contagios a casi un tercio de la población mundial y que según la OMS causó la muerte de millones de personas. Se trató de un virus desconocido, originado en Estados Unidos y trasladado por las tropas que desembarcaron en Europa para combatir en la guerra. Se dice que hubo más muertes por la pandemia que por la propia contienda bélica. No había antibióticos y el uso de mascarilla fue obligatorio, dejando enseñanzas para las generaciones futuras.

Virus de Inmunodeficiencia Adquirida: la comunidad científica señala a este virus, que desencadena el Sida, como el referente más cercano de la peor pandemia que afectó a millones de habitantes del mundo a finales del siglo XX. Se originó en primates del África Central, se propagó por Estados Unidos y luego al resto del mundo. El virus en sí no es letal, pero si las consecuencias que deja en el organismo. Actualmente, hay tratamientos para controlarlo. Se considera causante de millones de muertes.

Covid-19: enfermedad ocasionada por el virus sars-cov-2, un nuevo coronavirus, aparecen los primeros contagios en agosto de 2019, en China. Aún en circulación en el mundo entero, con rebrotes, no se ha encontrado tratamiento o vacuna que detenga el avance de la enfermedad.

Pandemia de desigualdades

La pandemia vino a desnudar en América las grandes desigualdades sociales, evidenciando un deterioro en la calidad de vida de gran parte de los habitantes. Es algo inédito que no se esperaba y que nos encuentra con graves problemas de fondo: altos índices de habitantes viven en situación de pobreza; cifras alarmantes de desempleo; recrudecimiento del delito urbano; violencia generalizada; asesinatos y concretamente crecimiento de los femicidios.

Por otra parte, en un contexto de crisis económica, inflación, aumento del desempleo y una deuda externa elevada, las instituciones políticas y sus dirigentes pierden legitimidad. El dejar que los hechos ocurran sin que nadie se haga cargo de las consecuencias es también un ejercicio de la violencia.

Esas consecuencias son mucho más graves en nuestro país que en otros mejor organizados y más desarrollados, porque afectan en mayor medida a los sectores socioeconómicos que no acceden a los recursos básicos de agua potable y servicios públicos, en barrios o asentamientos alejados de las zonas urbanizadas.

La sociedad necesita racionalidad y acuerdos urgentes.

Si nos enfocamos en lo que sucede en las ciudades ubicadas en el sur de Santa Fe, frente a las islas del río Paraná, la situación se ve agravada por el daño que los incendios causan en la salud de los que habitantes. La prueba irrefutable de la destrucción que el ser humano le provoca a los ecosistemas la tenemos antes nuestra vista con la quema intencional de los humedales del Paraná. Estamos padeciendo el avance irrefrenable de un virus que ataca las vías respiratorias y el humo tóxico que producen los incendios, es el aire que respiramos todos los días.

Hay una “Ley de humedales” que duerme en un cajón y cuya aprobación debería ser prioritaria para evitar la extinción de la fauna y la flora, únicas de esta parte del planeta. Cada día amanecemos con malestares que nos afectan, no solo física sino psíquicamente, por la desprotección.

Nos alarma la ausencia de medidas eficaces y eficientes para frenar definitivamente tanta destrucción, provocada por los que impunemente y por intereses materiales inadmisibles los provocan intencionalmente. Ante los reclamos permanentes de organizaciones ecologistas concretadas en marchas pacíficas, con gran presencia de la juventud, los responsables de gobernar responden con medidas alternativas, con recursos humanos, materiales y financieros que apenas dan solución temporal.

Aportes del Trabajo Social 

La Facultad de Ciencias Políticas de la UNR nos define las intervenciones del Trabajo Social: “Antes de la pandemia, podemos dar cuenta de una formación y experiencia en situaciones complejas y a veces caóticas que no afectaron masivamente a una población sino que tuvieron alcances comunitarios, grupales o familiares, por lo que la capacidad de intervención ha sido diferente. Intervenir profesionalmente requiere necesariamente definir la situación, el carácter que le otorgan las instituciones gubernamentales, alcances que condicionan el modo de intervención y los recursos con que se dispone”.

Los trabajadores sociales tenemos un papel fundamental como expertos de la atención y la intervención social. Nuestra tarea en las situaciones de alerta social y riesgo por hechos fortuitos, es gestionar las medidas comunitarias que garanticen a toda persona, grupo o comunidad el acceso a los recursos y el apoyo para cubrir sus necesidades. Actuar proporcionando información actualizada, intervenir en propuestas orientadas a optimizar los recursos, según los distintos niveles de intervención, adaptándolas a los problemas coyunturales. Aportar conocimientos y experiencias para elaborar proyectos, aún en circunstancias de gran alcance como lo es una pandemia.

La complejidad de los problemas es de tal magnitud que no es suficiente con los aportes de una disciplina o profesión determinada sino que es imprescindible un abordaje interdisciplinario en que cada disciplina aporte a la definición conceptual del problema y de la intersectorialidad, donde intervengan personas, grupos y organizaciones involucradas en la planificación de acciones que requieren urgencia.

Es cuestión fundamental plantear cómo nos posicionamos, cómo nos sentimos y cómo nos interpela la gravedad de la situación.

La cooperación recíproca entre los actores intervinientes implica una construcción colectiva que incluya otros ejes a la discusión para evitar que primen los enfoques cientificistas. Se requiere, además, diseñar planes estratégicos a mediano y largo plazo con intervención del Estado y de las organizaciones gremiales y sociales, basados en las coincidencias que superen las divergencias.

Los virus están ahí y nos enseñan que están y van a estar. Es imprescindible que las formas de vida no desencadenen enfermedades.

Se necesitan certezas para poder huir de los miedos

Imaginamos que esta “nueva normalidad” va a durar, pero no hay posibilidad de pronosticar hasta cuándo.

Algunos medios vaticinan la imposibilidad de que existan los espacios sociales con las mismas características y hasta afirman que nada va a volver a ser como antes de la Pandemia. Indudablemente los problemas a afrontar en la transición, tienen características globales, demográficas, económicas y geopolíticas.

Además, habrá que dar respuesta a las condiciones del cambio climático, a la acumulación de riqueza de unos pocos en detrimento de muchos y a la destrucción sistemática del hábitat, entre otros.

La humanidad ha sobrellevado catástrofes que modificaron sistemas de vida, causando daños irreparables y millones de muertes. Pero la historia nos dice que siempre hubo un renacer y que se puede volver a las fuentes para construir espacios sociales con nuevos modelos de comunicación y tal vez, nuevos estilos de vida para seguir habitando este planeta.

Aceptar-confiar-reaprender

Estamos transitando un momento épico. Será necesario apelar a comunicaciones claras, con visión positiva que nos acerquen a pensar juntos, descartando las posturas rígidas y los enfrentamientos irracionales.

Que la pobreza o la economía no nos bajen las defensas de salud.

La clave estaría en aceptar-confiar-reaprender.

Aceptar la realidad que no podemos cambiar, porque no está dentro de nuestras posibilidades. Requiere desarrollar, además del plano físico y psicológico, el plano espiritual que nos eleva.

Confiar en que la evolución de la humanidad conducirá a nuevas formas de existencia que garanticen continuidad de vida en el planeta. Los científicos que se dedican a crear las vacunas, confían en que lo van a lograr apostando muchas horas de vida y sus conocimientos con ese fin.

Reaprender dejando atrás lo viejo, lo que en otro tiempo nos servía y que ha sido superado por los avances de la humanidad. Requiere compromiso y participación en las decisiones que nos involucran a todos para lograr armonía.

 

 

 

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