Edición Impresa, Tecnología

Las mil y una formas de no dormir bien durante la noche

Por Antonio Capriotti


cienciadentro

La baja calidad del sueño afecta a un porcentaje elevado de personas; sin embargo, no es fácil detectar los trastornos del sueño. “Los detectamos en la consulta”, afirma Claudio Aldaz, médico neurólogo, especialista en trastornos del sueño, para quien “la mayor información la conseguimos escuchando a los pacientes y, sobre todo, a sus compañeros de habitación, quienes son los que los traen a la consulta”.

Es común que el paciente arrastre su padecimiento y después de un tiempo confiese la baja calidad de su sueño, su dificultad en conciliarlo o la fragilidad del mismo. “También es frecuente que la consulta sea porque durante la noche hacen movimiento extraños. O, más frecuentemente, porque quienes duermen con ellos se quejan de los ronquidos de su acompañante”, relata Aldaz, para agregar que esos mismos pacientes le relatan que al “despertar a la mañana siguiente dan cuenta de la sensación que los mismos tienen de un sueño poco reparador con somnolencia diurna que los acompaña durante la vigilia. Éste es un tema que va más allá del cuarto de dormir. Involucra a la salud pública. Un mal dormir, un sueño de baja calidad pueden afectar a personas que conducen vehículos públicos o privados; y a quienes manipulando máquinas herramientas pueden provocar accidentes que involucren a una gran cantidad de víctimas”.

—¿Existe una clasificación de los trastornos del sueño?

—La clasificación más antigua sigue siendo tan sencilla como práctica: los insomnios, que son conocidos, afectan a quienes duermen menos de 5 o 6 horas; además de ser un sueño de baja calidad, frágil. Son los que llamamos insomnes. Están, también, las hipersomnias o cuadros de somnolencia excesiva, que afecta a personas que creen que duermen bien pero trasladan sus síntomas al día siguiente. Se quejan de somnolencia, tienen facilidad de adormecerse cuando están relajados o conversando o bien manejando o trabajando frente a su procesador, en el escritorio, en el taller. A este fenómeno se lo arrastra durante un tiempo, hasta que llega un punto en que se siente que ha tocado fondo por acumular cansancio. Y se decide a buscar una solución.

—¿Son los dos grandes grupos?

—Hay un tercer grupo, las parasomnias, personas que padecen fenómenos a los que llamamos paroxísticos por su forma de manifestarse: sorpresivos, repentinos, y que se manifiestan de distinta manera; la más conocida es el sonambulismo, los que hablan y gritan durante el sueño, los que hacen todo tipo de movimientos, los que actúan su propio sueño.

—¿Cuál es el porcentaje de la población adulta que ronca?

—Es muy común. Un 40 por ciento ronca; y esa cifra, que es significativa, es considerada normal por los mismos pacientes que ni siquiera van a la consulta, salvo una situación extrema y repetida. Recibimos pacientes que roncan, cuando sus ronquidos son extremos y demasiado molestos y que vienen acompañados de algún otro síntoma. El ronquido habitual es considerado normal.

—¿Qué conducta siguen?

—Registramos su sueño con una polisomnografía, durante la noche, para cuantificarlo. De allí pasamos al tratamiento: usamos un aparato que emite aire a presión positiva durante la noche: impide tanto que haya ronquidos como las pausas en la respiración.

—¿Son frecuentes los trastornos del sueño? ¿Cuál es su incidencia?

—Un tercio de la población en algún momento de la vida va a padecer algún tipo de insomnio; el que puede ser definitivo en algunos casos, y transitorio, en otros. Un 4 por ciento de los adultos varones tiene apnea del sueño, que en las mujeres representa un 2 por ciento. La mitad de los pacientes con apneas del sueño se verá afectada por hipertensión arterial. Trasladadas estas cifras a una población como la de nuestro medio, nos encontramos con miles de pacientes que, en nuestra comunidad, sufren algunas de estas enfermedades.

—¿Qué respuesta da la ciencia médica a estos trastornos?

—Concluida la primera consulta, en la cual recibimos la información valiosa de manos del paciente, lo que nos permite hacer el diagnóstico, comenzamos a estudiarlos. En muchos casos solicitamos un registro nocturno del sueño, la polisomnografía. Pero, además, convocamos a especialistas: el otorrinolaringólogo, para que nos ayude a descartar patologías respiratorias como las apneas el sueño, para lo cual consultamos, también, al cirujano maxilofacial. Consultamos, muchas veces, al neumonólogo, o al alergista. Muchos de los cuadros con los que nosotros nos enfrentamos están asociados a rinitis alérgicas que nos complican el tratamiento. Consultamos también a médicos especialistas en diagnóstico por imágenes.

—¿La polisomnografía es el estudio más importante?

—Es el “gold standard”, para nosotros. Hacemos también el test de latencia múltiple del sueño para las somnolencias diurnas. En esos casos hacemos que el paciente que vino a la noche a hacer la polisomnografía, a la mañana siguiente no se retire. Se queda con nosotros para que lo evaluemos cada dos horas. Le pedimos que se entregue al sueño durante una media hora, cada dos horas. Y evaluamos la facilidad que tiene para conciliar el sueño y qué tipo de sueño tiene.

—¿Qué soluciones provee la ciencia para estas manifestaciones?

—Hay varias. Pacientes a los que no se los debe medicar, como son los que sufren apneas del sueño que se tratan con otros tipos de terapéuticas, incluidas las quirúrgicas. Hay pacientes que sufren un retardo de fase de sueño, a los que nunca hay que darles sedantes. Son pacientes hay que hacerles cronoterapia, se los reprograma: todos los días, esos pacientes, se van a dormir tres horas más tarde que la noche anterior. La primera noche trasforma a la jornada en un día de 27 horas. Se hace a lo largo de una semana. A partir de ahí se trata de disciplinar al paciente para que no vuelva a hacer desarreglos. Esto ocurre con frecuencia en gente joven lo que representa para nosotros un verdadero desafío. Cuando se llega al punto de retrotraerlo a las 12 de la noche, se le instaura lo que llamamos “la semana de la cenicienta”; cuando suenan las 12 tiene que irse a dormir. Este es un esquema que hay que respetar.

—Mencionó usted a la apnea del sueño…

—Es el motivo de consulta más frecuente. Las apneas incluyen el ronquido pero sobre todo las pausas respiratorias de duración variable, entre 15 a 20 segundos. Pueden hacer unas pocas, 10 apneas por hora, cada noche, o, hasta 50 apneas cada hora. Indagamos sobre si se despierta durante la noche para ir al baño. Si una, o varias veces. La nocturia es uno de sus rasgos distintivos. Un paciente que tiene obesidad, ronquido y somnolencia diurna; si, además, es hipertenso y tiene la necesidad de orinar durante la noche, y que a la mañana se levanta con sensación de sueño no reparador, nos mostraría su diagnóstico, casi hecho.

—¿Cómo juega lo emocional en los trastornos del sueño?

—En pacientes con insomnios y parasomnias que pueden tener un fuerte contenido emocional nos apoyamos en médicos dedicados a los trastornos psicosomáticos, después de hacer una mínima evaluación psicológica.

Comentarios