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“Las aventuras de la China Iron”, finalista del prestigioso Booker Prize

La relectura personal, feminista y política que hace Gabriela Cabezón Cámara del “Martín Fierro” en su apasionante último libro, ahora traducido al inglés, compite por uno de los premios internacionales más importantes. La autora dice que fue una noticia hermosa en tiempos difíciles


El International Booker Prize se otorga cada año a una obra que se traduce al inglés con el objetivo de fomentar más publicaciones y lecturas de ficción de calidad de todo el mundo y promover el trabajo de los traductores.

Está dotado de 62 mil dólares que se reparten entre el escritor y el traductor del libro ganador. El 19 de mayo será el día en el que se anuncie cuál es el libro ganador de esta edición del Premio Internacional que tuvo entre sus finalistas a los argentinos César Aira en 2015 y a Tomás Eloy Martínez en 2005.

Ahora, en 2020, otra escritora argentina, Gabriela Cabezón Cámara, es  una de las seis finalistas por Las aventuras de la China Iron, su última novela.

Parte de la naturaleza

Sobre el premio y la posibilidad de ganarlo, Cabezón Cámara señaló: “Es una noticia hermosa en un momento muy duro, muy difícil. Por un lado me da alegría pero es muy raro”.

En una entrevista reciente la autora mencionó que mientras escribía Las aventuras de la China Iron, ese universo gauchesco desde la historia de una joven que huye de la crueldad de Martín Fierro, pensaba mucho en un tema: la destrucción de la naturaleza.

Y resalta que ante un escenario que lleva a pensar de nuevo el mundo, a partir de la devastación producida por el coronavirus, esa preocupación se reafirma.

“Somos parte de la naturaleza. Hay una alienación que es una enfermedad y una locura que nos lleva al muere y el virus nos muestra que somos parte de la naturaleza como cualquier otro animal”, expresó.

La primera novela de Cabezón Cámara es La virgen cabeza (2009), a la que siguieron Le viste la cara a Dios (2011), Romance de la negra rubia (2014). En esta última, Las aventuras de la China Iron, toma personajes del poemario Martín Fierro para un relato que revisita ese libro inaugural con desenfado: una épica donde se invierte el canon y las marcas que hicieron señero ese texto, acaban por convertirse en otras, diferentes, que jaquean a aquél con un linaje de mujeres decididas, que interpelan el contexto y a quienes por allí transitan.

Novela asombrosa, divertida, erótica, capaz de reelaborar la tradición con una voz muy personal y a la vez rabiosamente política, Las aventuras de la China Iron juega con las crónicas de viajeros del siglo XIX arrasando con sus fronteras.

La voluntad de la protagonista de Las aventuras de la China Iron hace que deje de lado al gaucho Martín Fierro y emprenda una aventura llena de acontecimientos.

A sus 14 años intentará por vocación cambiar su destino, ya que a Fierro se lo quitado la leva y a los hijos encontró donde dejarlos. A poco de andar se topará con una inglesa que anda en carreta bien pertrechada camino a rescatar a su marido.

Con la corajuda y culta Lis, la China sufrirá un flechazo que la dispone para nuevos rituales, incorporará otra lengua y usará la suya –la orgánica– para enredarse en el placer y en el amor con su compañera de ruta.

Un hombre destrozado

Lejos todavía de la pandemia, en 2019, a poco de editarse Las aventuras…, Cabezón Cámara visitó Rosario y conversó sobre este libro, el Martín Fierro y el aporte que pueden hacer las escritoras al movimiento femenino, entre otras cosas.

Parte de la crítica consideró a Las aventuras… como una novela queer pero Cabezón Cámara no está tan de acuerdo. “A mí me parece que etiquetar novelas en pequeños nichos es una huevada, porque también podría decir que es una novela rural, una novela de viaje, una novela de aventuras; podría decir que de lo que más se trata esta novela es de la luz.

Podría caracterizarse por cualquiera de esos aspectos, también es una novela muy lírica, yo uso la prosa medio como poesía, después a la crítica especializada se le ocurren mil cosas más, es una novela entroncada con parte de lo más fuerte de la tradición de la literatura argentina”, deslizó la autora. Sobre si había sido un desafío meterse con un libro tan inaugural como el Martín Fierro y qué cosas no podían dejar de estar de ese texto en esta novela, la finalista del Booker expresó: “Desafío sí y no, porque está muy entroncado con la tradición y porque con el Martín Fierro se metieron Borges, (Martín) Kohan, Leónidas Lamborghini, Pedro Mairal, se ha metido mucha gente, no es que inauguré un mundo, ya estaba dada la relectura y la reescritura del Martín Fierro.

Sí de algún modo dialogo con Hernández y con todos ellos. Lo que está básicamente de Martín Fierro, es “La ida”, porque “La vuelta” es una porquería. “La ida” es una novela magnífica; ese relato de cómo el Estado destroza un hombre y lo quiebra. Martín Fierro termina siendo un quebrado, alguien que asesina porque sí, toma dos copas y le pegan mal, termina siendo un hombre roto, y está roto por el Estado, le sacan todo.

El gaucho era un pequeño arrendatario y la Leva se lo lleva y lo destroza, es una novela que cuenta cómo el Estado destroza un hombre en pos de un modelo organizativo nacional; la gauchesca surge cuando en la Revolución de 1810, la burguesía necesita a los gauchos para pelear por la libertad del Río de la Plata y por la libertad de los puertos, por la libertad de exportación, o sea para venderle a Inglaterra.

La gauchesca surge en ese momento histórico, cuando se necesita al gaucho como participante del ejército, como carne de cañón. El Martín Fierro cuenta cómo se consolida el modelo agroexportador de manera latifundista, por eso se mató un montón de indios y a los gauchos los hicieron peones, me parecía que no podía faltar ese correlato histórico porque habla de los que fuimos y de lo que somos, lamentablemente”.

Rabiosamente política

Acerca de que ese aspecto le da un sentido rabiosamente político a la novela, la también autora de La virgen cabeza apunta: “En el sentido que estamos hablando sí es rabiosamente política, después yo quería contar una historia que no fuera una derrota, donde la China, en vez de ser destrozada por el mismo aparato estatal, pudiera escaparse de eso y pudiera generar otra comunidad con otras personas.

Mi idea era que se trataba de dos barbaries, y que lo único no bárbaro sería apostar por una comunidad de pares y no por una comunidad de oprimidos y opresores”.

Finalmente, sobre qué agregan las escritoras a esta potencia femenina que viene desarrollándose, Cabezón Cámara dijo: “Podemos poner alguna particularidad, siempre hay algo de reflexión sobre el uso de la lengua, sobre hacerlo con irreverencia y libertad, que nos hace bien a todos y hay algo de los imaginarios que vas expandiendo, porque la literatura tiene universales todavía.

Lo único que no tiene etiqueta es la literatura producida por hombres de entre 35 y 60 años blancos y heterosexuales, todo lo demás es literatura de negros o de putos o de no sé qué, entonces me parece que pensar eso es de una enorme limitación, hay que romper con eso, porque los varones con esas características pueden hacer buena literatura, los negros también y los putos también”.

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