Ciudad, Edición Impresa

La voz de Cristina

Por Santiago Baraldi.- Desde 2009 es una de las locutoras de la presidenta. Anécdotas de una rosarina que dice que trabaja de lo que ama y para la persona que admira.


Natalia tenía 10 años cuando su padre, el periodista José Pipo Paratore, era informativista en Radio 2 de Rosario. Ella lo acompañaba, cortaba cables, gesticulaba frente al micrófono, trataba de imitarlo. El destino en la locución estaba marcado, pero en el Iser de Rosario una docente le dijo que si no se operaba de las cuerdas vocales no llegaría a ningún lado. Ella hizo caso omiso, se dejó llevar por su instinto y se recibió de locutora en Buenos Aires. Y no sólo superó el escollo: desde octubre de 2009, Natalia Paratore es una de las locutoras de la Presidencia de la Nación.

“Trabajar de lo que amo y para la persona que admiro profundamente es emocionante. Formar parte del equipo de nuestra presidenta es un gran honor; es un placer porque presentar a una presidenta que genera en cada lugar donde va una energía inusual, es un placer”, afirmó Natalia, quien asegura que es inevitable, en cada acto de la jefa del Estado, “dejarse llevar por la energía del entorno”. Natalia trabajó en sus comienzos en San Pedro, Villa Gesell y en Radio Uno con Ari Paluch, donde “hacía un poco de todo”.

—Es parte del staff kirchnerista de la primera hora. ¿Cómo fueron esos comienzos?

—Creo que las cosas no ocurren por casualidad sino por causalidad, muy distintas unas de otras. Sin saberlo me estuve preparando desde mucho tiempo antes, en realidad desde siempre. En 2002 fue cuando recibí el ofrecimiento de colaborar en los equipos técnicos de Néstor Kirchner, un nombre que en esa época era muy difícil de pronunciar. Yo vivía en Capital desde 2001, o sea que hacía un año, y era un espacio que se estaba gestando, como mi propia vida. Éramos un grupo muy reducido que trabajábamos sin recursos tangibles, pero teníamos lo más importante, el compromiso, las convicciones y las ganas de cumplir un sueño. Teníamos un líder, un hombre común a simple vista, pero con una claridad de pensamiento y una capacidad de conducción que jamás había visto en mi vida. En esa época colaboraba en el área de prensa y me acuerdo de lo difícil que se nos hacía lograr que los medios nacionales publicaran las propuestas de gobierno que quería llevar adelante nuestro candidato. Esto no me lo contaron: lo viví de primera mano. Luego de las elecciones, cuando finalmente el doctor Kirchner asume como presidente de la Nación, continué con el trabajo que venía haciendo antes, que era en el área de prensa del Ministerio de Salud. Al año siguiente surge la propuesta de formar parte de un programa de salud por televisión, ni más ni menos que la conjunción de mis dos grandes amores: la conducción en tele y el periodismo especializado en salud.

—¿Cómo llegó a trabajar junto a la presidenta en los actos oficiales?

—En 2009 fui a conducir un evento de médicos comunitarios en Costa Salguero y para el cierre estaba invitada la presidenta. Mientras esperábamos su llegada me puse a hablar con el locutor de Presidencia: me comentó que estaban con mucho trabajo y que eran sólo dos locutores para cubrir toda la actividad. Un par de meses después me llaman para hacer un reemplazo; en realidad la llaman a mi hermana, que trabajó como locutora del doctor Kirchner, y como ella no podía ir les pasó mi teléfono a la gente de ceremonial. Así, con el mínimo margen de una hora, estaba parada frente al micrófono presentando a la presidenta. Ese fue mi primer acto para la Casa Rosada, me acuerdo que fue en Plaza Colón. Después tuve una reunión con el director de Ceremonial y en octubre de 2009 empecé a trabajar de manera estable como parte del equipo de locutores de gobierno.

—En los actos de Cristina no hay acartonamiento en el ceremonial, incluso es común ver cómo reta a algún ministro o consulta sobre algún tema y lo hace con naturalidad…

—Creo que la impronta en la conducción que tiene nuestra presidenta es de una simplicidad enorme que hace que todo a su alrededor trascienda naturalmente. Mi trabajo como maestra de ceremonias es el de interpretar su identidad como persona; y en consecuencia el estilo aggiornado de un protocolo más acorde a los tiempos actuales, tiene que ver con un cambio profundo en cuanto a los preconceptos establecidos que claramente distinguen a la presidenta. Es decir, se puede ser protocolarmente correcto sin necesidad de montar una escena ficticia. Trabajar de lo que amo y para la persona que admiro profundamente es emocionante. Formar parte del equipo de nuestra presidenta es, en primera instancia, un gran honor, y después debo decir que es un placer porque presentar a una presidenta que genera en cada lugar donde va una energía inusual, una explosión de pasiones desenfrenadas, ver el amor de un pueblo para con ella –un amor que es genuino sin dobleces ni eufemismos– es definitivamente único.

Locutora profesional y militante pasional

Natalia Paratore es, al tiempo que locutora de Presidencia de la Nación, militante del Frente para la Victoria. Ella convive con ambas actividades de manera natural, y así lo explicó: “Me asumo como un ser extremadamente pasional. La pasión es el motor de la vida, es el fluir de la sangre, sale desde las entrañas de uno mismo. Y reconozco que pararme en un escenario para presentar a la presidenta de mi país, con la que me siento ideológicamente representada, despierta en mí una sensación protocolarmente quizás incorrecta, pero definitivamente genuina. Además sería imposible abstraerme del contexto… ¿Sabés lo que es ver y escuchar a miles gritándole: «¡Te amo!», «¡Sos hermosa!», «¡Te quiero!», «¡Gracias, me devolviste la dignidad!»; sentir el llanto de emoción y felicidad de un pueblo. El día que todo eso no me movilice, seguramente habré dejado de existir. De esto se trata mi trabajo, de transmitir sensaciones y emociones”.

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