Economía

Panorama económico

La verdadera razón de la brecha cambiaria, detrás de la trama de intereses y la trampa discursiva

Los autores identifican un contexto de desinformación planificada de las reales causas de los problemas de la economía. Y postulan la solución: la definición política de un programa consistente para exportar y dejar de perder divisas, protegiendo el mercado interno y promoviendo la indutrialización


Esteban Guida y Rodolfo Pablo Treber
Fundación Pueblos del Sur (*)
Especial para El Ciudadano

En el contexto actual de desinformación planificada, es habitual que se tergiversen las verdaderas causas de los problemas que aquejan a la economía argentina. Un ejemplo claro, es la preeminencia en el debate público sobre la brecha cambiaria, que surge a partir del aumento en la cotización de las diversas variantes del dólar paralelo.
El poder amplificador de los medios masivos de comunicación puede lograr que un tema de escaso volumen económico real, sea considerado como el principal de los problemas de la Argentina. De esta forma, quienes dominan (financian) estos medios, logran hacer masivo un reclamo que, en rigor de verdad, atiende a la pretensión de una minoría de poder concentrado, presionando efectivamente para lograr un resultado que en rigor sólo los favorece a ellos.
Es importante esclarecer esta trama de intereses que juegan por detrás para no caer en la trampa discursiva. Sirve esclarecer la real relevancia del dólar ilegal para encarar una solución integral que permita superar los enredos de la discusión intencionada, que solo alimenta al desorden, el caos y la confusión.
El volumen inicial operado del dólar ilegal (“blue”) nace de la necesidad de dolarizar (o pesificar) fondos provenientes del tráfico ilegal de mercaderías de distintos orígenes: narcotráfico, exportaciones e importaciones no declaradas y operaciones de comercio interno. Las dos primeras, son posibles gracias a la ausencia del Estado en la regulación del tráfico en ríos internos y mares, donde se estima que, como mínimo, un tercio de las toneladas transportadas no son declaradas, fiscalizadas, o expuestas a control alguno. En cuanto a las de origen interno, son motivadas por el alto nivel de informalidad de la economía argentina, superior al 40%.
Pero este mercado ilegal que intenta imponerse como referencia para la fijación de los precios internos, apenas representa entre un 5% y un 10% del volumen operado en el mercado cambiario legal. No hay dudas de que esta exacerbada difusión de un mercado pequeño, ilegal y manipulado discrecionalmente, está siendo utilizada por aquellos interesados en elevar el precio oficial de la divisa extranjera, por fuera de toda lógica económica orientada al interés general.
A fin de descubrir de qué intereses estamos hablando, sólo hace falta advertir quiénes son los únicos beneficiados de una constante devaluación del peso argentino. Sin lugar a dudas, el pueblo trabajador es el primer perjudicado, ya que afecta directamente al poder adquisitivo del salario, por la relación directa y lineal entre devaluación e inflación. Pero también castiga a empresarios importadores y a la cadena de producción local en su casi totalidad, dado que conlleva un aumento generalizado de los costos fijos, insumos y una caída de la demanda en el consumo interno.
Completamente alejados de esta realidad, el sector exportador ve con buenos ojos una caída del consumo interno, ya que le genera mayor cantidad de saldos exportables, que pueden ser vendidos al exterior a un valor mayor en pesos, a partir de una devaluación. Este último punto es fundamental para comprender el gran interés por la devaluación del sector agroexportador.
Las cuatro grandes empresas transnacionales, que dominan el 60% del acopio y comercialización de nuestro comercio exterior –Cargill (Estados Unidos): 14%; Cofco (China): 14%; Archer Daniels Midland (Estados Unidos): 12%; Bunge (Estados Unidos): 11%; Dreyfus (Francia): 9%– venden el producto del suelo argentino en dólares que ingresan al Banco Central (BCRA), y reciben pesos convertidos al tipo de cambio oficial. Por su parte, el porcentaje de retención que le descuenta el BCRA al momento de la liquidación, es descontado a los productores del precio pagado por esos granos, eludiendo este impuesto a la exportación, gracias al poder de mercado que éstas tienen.
Sin embargo, la maximización de ganancias no es el mayor de sus intereses; el poder político sí lo es. En un contexto de gran endeudamiento, falta de divisas y necesidad urgente de importaciones por nulo desarrollo industrial, aquellos que controlan el comercio exterior definen las políticas internas del país. Sin ir más lejos, hoy el gobierno nacional se encuentra a merced de la liquidación de divisas del sector exportador que exige la quita total de retenciones o una devaluación brutal que hunda, aún más en la pobreza al pueblo argentino.
Someter políticamente a la Patria y empobrecer al Pueblo mediante crisis económicas, planificadas y permanentes son la garantía de conservación del orden establecido. Necesitan que la Argentina no se levante, no se industrialice, para mantener inalterable su dominio. Esto les permite mantener sus negocios y lograr que trasciendan el comercio de granos; por ejemplo orientando el consumo interno y manejando los recursos naturales (minerales, materias primas e hidrocarburos, etcétera). Este poder se va consolidando gracias a procesos institucionales que, como ocurrió en Argentina en estos años, les permite cada tanto fugar millones de dólares, tomando ganancias extraordinarias y consolidando su poder global.
En consecuencia, debemos identificar la causa de los problemas económicos de la Argentina en la implementación, consolidación y naturalización de un sistema político ajeno a intereses nacionales, con base en la privatización y extranjerización de su comercio exterior y sistema financiero. Éste, y no otro, es el origen de la primarización de su economía y la dependencia a una moneda que no emite ni controla.
Entonces, cuando vemos “fogonear” por los medios una devaluación como única salida para frenar la suba del dólar ilegal, debemos comprender qué intereses están jugando por detrás, y advertir quiénes se suman a ellos por interés o ignorancia. Sería inútil esperar recetas mágicas de tecnócratas pensando que salir de esta situación es cuestión de una fórmula matemática o teórica económica particular. Se precisa dar pasos concretos para enfrentar los intereses que han despojado históricamente a nuestra Patria, haciendo foco en la transformación de la matriz productiva nacional, si es que verdaderamente existe la voluntad política de solucionar los problemas y alcanzar la independencia económica para generar trabajo digno.
Esta disputa no puede omitir la definición política de un programa económico consistente para exportar y dejar de perder divisas, protegiendo el mercado interno y promoviendo la industrialización por sustitución de importaciones, paso obligado para la generación de trabajo privado, formal y digno.
A fin de lograr este objetivo, resulta urgente y necesario que el gobierno exhiba clara y públicamente esta realidad, para que el Pueblo pueda participar de esta contienda, asumiendo, con el apoyo de toda la dirigencia, una posición nacional en defensa de la Patria.

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