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La última diablura: la esperada revancha de Ciclón para coronarse en 2003

El elenco de calle Saavedra se repuso de una durísima sanción para consagrarse. Semifinales impresionantes ante Atalaya y final recordada frente a los pibes de Banco. Hablan los protagonistas de una página gloriosa del básquet de la ciudad


Bueres llevado por el DT Manuel Córdoba. La pasión del Diablo. Archivo El Ciudadano

El miércoles 17 de diciembre de 2003 quedó para siempre grabado en la vida de Ciclón. Esa noche, en el magnífico escenario de Provincial, el Diablo festejó el título de la Rosarina, se sacó una mufa de largos años y se terminó de consagrar en una campaña repleta de adversidades, que en definitiva confluyeron en la motivación, en el hambre de revancha que decantó en el éxito final.

La imagen de Bueres llevado en andas por Manu Córdoba quedó como la postal final de aquella epopeya, pero fue sólo una de las fotos de esa campaña, que arrojó multitud de hechos para el recuerdo, como la semifinal apoteótica ante Atalaya o los duelos calientes de la final en América, sumado al back que arrastraba en el elenco de calle Saavedra, que bien podría haberse calificado de “prontuario” por los castigos y sanciones. Eran tiempos de playoffs apasionantes y desbordantes (en todo sentido), de mucha cancha llena y de varios equipos que pugnaban por el lugar de un multicampeón Central caído en desgracia recientemente.

¿El pasado lo condena?

Todavía flotaban en las paredes de la Boutique los fantasmas de las finales perdidas con un elenco potente en el que incluso resaltaban los estadounidenses Marcus Adams y Eddie Pope. Fueron años de batallas ante Constitución y Central, pero ninguno pudo por aquel entonces quebrar la hegemonía de los canallas del Turco Grimaldi.

Y cuando por fin todo pintaba mejor sin Central en el horizonte, la semifinal de la Copa 150 Aniversario ante Talleres terminó en batalla de hinchadas, agresiones y una dura sanción que lo dejó sin chances de jugar la final (se coronó campeón a Estudiantil, que había ganado la otra semifinal) y lo complicó en el inicio del nuevo certamen. Fueron tres fechas de inhabilitación en la que perdió los juegos 20 a 0 y largos meses sin hacer de local en la calle Saavedra. Era remar en dulce de leche. Pero Ciclón no iba a rendirse.

 

La fase regular

Luego de perder los puntos ante Estudiantil, Regatas y Provincial, el Diablo ganó siete partidos seguidos y apenas cayó en un juego más (Temperley) en toda la primera rueda de un torneo que era de 16 elencos todos contra todos a dos ruedas.

Las revanchas comenzaron con caída ante Estudiantil, pero luego llegaron otros ocho triunfos seguidos hasta perder con Atalaya, otro de los grandes candidatos (que luego estaría otra vez en su camino). Fue un momento de nervios porque llegaron derrotas consecutivas ante Tiro Suizo y Banco, pero el sprint final con victorias frente a Newell’s y Talleres (justo Talleres) le permitió meterse en el cuarto lugar de la tabla tras 30 partidos. Fueron 22 triunfos y 8 derrotas, tres de ellas por sanción. Seis veces pasó los 100 puntos, detalle para los amantes de las estadísticas y llegó a meter 120 ante Newell’s.

Junto con Estudiantil, Banco y Sportsmen se clasificaron directamente a la etapa de cuartos de final, mientras desde el quinto al duodécimo jugaban la primera ronda de playoffs.

Tiempo de playoffs

A Ciclón le tocó medirse ante Temperley en los cuartos de final y avanzó 2 a 0 con bastante sufrimiento (102 a 93 y 78 a 77) ante el Negro, que tenía como DT a un pibe que estaba arrancando, Leandro Hiriart. La rotación se había reducido un poco por lesiones para los de Córdoba, pero una vez más estaba en semifinales.

Por el otro lado llegaba un Atalaya (también la remó tras sufrir una sanción) que venía de eliminar al gran candidato Estudiantil, mientras que los pibes de Banco se anotaban como revelación luego de eliminar a Talleres y Sportsmen había superado a Regatas.

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La semi de los papelitos (y otras cosas)

Para la gran mayoría de los protagonistas, la final estaba destinada a ser Atalaya ante Ciclón, pero el destino y el formato del torneo definió que se crucen en semis. Y fue impresionante.

Mientras Banco avanzó 3 a 1 ante el Sportsmen del Colo Foradori (Moser, García, Chocrón, Garré, Miranda, Ederra, Galván, etc…), la llave entre Ciclón y Atalaya fue apoteótica.

Se necesitaron cinco partidos para que haya un ganador y se vio un marcado duelo entre entrenadores que se conocían como Guillermo Pio All y Juan Manuel Córdoba, pero aunque lo que pasaba en el rectángulo era muy interesante, las tribunas se robaban las miradas.

Operativos policiales, separación de tribunas, previas calientes, partidos calientes, pos caliente, gritos, escupidas, lluvia de papeles (y objetos), e incluso los entrenadores dando la charla técnica y los minutos bien adentro de la cancha para evitar alguna que otra agresión. Está mal, claro. Pero con el paso de los años la barbarie y la locura en ese tiempo de piso de mosaico y humo de choripán toma la forma de folclore y color y hasta se recuerda con un guiño cómplice y algo de simpatía. Quizás el que escribe también tenga algo de la inconciencia propia del básquet rosarino.

El primero fue para Ciclón 100 a 88, pero el Azul lo empató tras el 85 a 59 del segundo. Otra vez al frente el Diablo con el 93 a 82 del tercero y nuevamente iguales con el 75 a 72 de los de Pio, Garnero, Madrid, Semino, Villa, Paradiso, Navarro y el querido Mauri Piva, aunque ya sin Príncipe.

Quedaba el quinto, que se cerró 82 a 76 en un partido interminable y cortado por las discusiones, repleto de nervios. Bueres hizo 22 esa noche y Mauri Pezzatti 15, mientras que para el Azul no alcanzaron los 22 de Seba Garnero.

Era el momento de la final. Ciclón estaba a un paso de la gloria.

Manuel Córdoba y un minuto en una cancha desbordante

 

Experiencia vs. juventud

Si algo le faltaba a esta historia, Banco llegaba con la conducción de un Gonzalo Pastorino que ya mostraba toda su intuición y conocimientos para conducir equipos, y que contaba con un plantel de enorme futuro, formado en buena parte en el club por un DT de las inferiores: Manuel Córdoba. Ahora estaba enfrente.

Con la conducción de Beto Díaz y el goleo de Bueres, Ciclón se puso 1 a 0 con un contundente 108 a 95, pero el segundo juego cambiaría el clima de la final. Los pibes de Banco mostraron su mejor cara, pero entre el flojo arbitraje y el incomprensible desempeño policial el juego se desbordó. Córdoba se fue expulsado y el partido debió terminar a puertas cerradas. Fue 94 a 90, 1 a 1 con 25 de Gastón Pérez, 18 de Nico Vignoli, 17 de Pepe Fernández y 16 de su hermano Nacho. Morange (25) y Bueres (23) fueron los máximos anotadores del Diablo.

El tercer juego se trasladó a Provincial y Córdoba recibió una multa como castigo, por lo que pudo estar en el 99 a 92 que lo acercó al título. Los 34 de Pepe no alcanzaron para contrarrestar a un quinteto de Ciclón en dos dígitos (Díaz 11, Bueres 22, Pezzatti 26, Morange 12, Lanzini (15). Y todo en paz, por suerte.

El Diablo estaba a un paso del festejo y lo dio ese 17 de diciembre en un juego muy parejo, estudiado, casi de ajedrez, que se decantó para el elenco rojo en el cierre cuando Julián Fernández (jugó un partidazo) no pudo concretar los libres para romper el 81 a 80. Bueres hizo 24 y Lanzini 17 esa noche, mientras que por el lado de Banco la lesión de Pepe Fernández lo debilitó, pero expotó Boselli con 33 unidades.

Morange se quedó con la última bola en la mano y la arrojó al “techo” del estadio para que se descuelgue la locura de la hinchada de Ciclón, desde lo alto del Bonilla hasta el rectángulo de juego, para que la camisa transpirada de un diciembre agobiante pueda por fin dejar el cuerpo de Manu Córdoba para dar paso a otra cábala. Para que Bueres sea llevado en andas una y otra vez. Y para que muchos pibes del barrio aprendan a gritar campeón.

El día después del campeón, la tradicional foto de El Ciudadano

 

La noche se hizo de fiesta y la fiesta siguió de día, si El Ciudadano los encontró un día después en la Boutique para la foto con la bandera gigante y el plantel, foto que fue multitudinaria, con hinchas y familia, porque el barrio estaba festejando.

Adrián Bueres: “Ciclón fue una experiencia deportiva y de vida”

El escolta fue la gran figura del torneo y del equipo. Bueres se cansó de las derrotas y junto a un grupo de amigos más que de compañeros se juramentó darle una alegría a Ciclón. “Central nos había amargado en dos finales. Y la verdad fue que dijimos basta, tenemos que darle una alegría a esta gente y hacer todo lo posible para ganar. Manuel Córdoba comenzó a armar el equipo con el apoyo de la dirigencia y asó logramos un plantel que intentó pasarla bien jugando al básquet. Fue un año muy bueno, muy lindo”, rememora el ahora entrenador de las formativas de Unión de Arroyo Seco: “Yo dirigía en las inferiores y cada vez que perdíamos veía a mis alumnos tristes, llorando en las tribunas. Y eso hace que te identifiques con ellos. En el año que ganamos el título también ascendimos en inferiores, así que fue un lindo proceso en un club de impresionante convocatoria”.

“Eran tiempos de la mayoría de los pisos de mosaicos, sabés cómo quedaban las rodillas y los tobillos. Pero también de un movimiento de gente impresionante en las canchas. Las semifinales fueron una locura, me acuerdo de la cancha llena de papelitos, y de tener que alejarnos de los bancos para dar la charla técnica. En el juego nos costó mucho también esa serie”, añade Bueres, quien recuerda que querían jugar en Provincial a pesar de las dudas que tenía la gente neutral: “Todos decían que Provincial le iba a quedar mejor a los pibes de Banco, pero nosotros queríamos ese estadio. Ellos volaban, eran rápidos, es cierto”.

“Puedo decir que estoy identificado con Ciclón, que fue una experiencia deportiva muy buena pero también de vida”, cierra Adrián.

Beto Díaz: “Fue un grupo de amigos”

“El comienzo del torneo fue terrible y desgastante, anímicamente muy pesado. Ciclón y Talleres habían jugado la semifinal de la Copa 150 Aniversario y el segundo partido terminó en sillazos, piedrazos, agresiones. A los clubes los sancionaron y entonces en la temporada siguiente no sumamos en las primeras fechas. Cuando arrancó el torneo nuevo ganábamos pero igual íbamos siempre últimos con varios puntos de desventaja. Fue un cuesta arriba terrible. Y a eso le teníamos que sumar que yo venía justo de Talleres y pasaba a Ciclón”, cuenta el base de ese equipo, Beto Díaz.

“El trabajo de Manuel Córdoba fue increíble para formar el grupo y dirigirlo. Fue un grupo de amigos que nos juntamos a jugar. Estábamos unidos a pesar de que el momento era difícil, pero sabíamos que jugábamos para Bueres y Morange, los demás éramos las hormigas trabajadoras”, agregó Roberto, quien repasó otros momentos de ese año: “La semifinal con Atalaya fue tremenda, para mí era la final anticipada”.

“Me quedaron sabores muy gratos de ese momento. Hacía mucho que Ciclón no ganaba el título, es un club muy pasional que venía golpeado y que hizo mucho sacrificio para tener ese equipo”, cerró el conductor.

Coco Toñanes: “Éramos locales en todos lados”

“Ese equipo estuvo liderado por Manuel Córdoba, él nos guió al campeonato y terminó de formar el plantel con jugadores que conocía. Hubo mucha amistad y compañerismo. Y la hinchada fue una locura, éramos locales en todos lados”, cuenta Jorge Coco Toñanes, por aquel entonces ganando minutos importantes desde su juventud y la característica marcada de jugador-hincha, que supo compartir con otros como la Garza Moreno, Picha Borsellino y Gabriel Carena.

“Adrián (Bueres), Beto (Díaz) y el Tongui (Morange) eran los líderes y ellos también fueron los que nos ayudaron a no desesperarnos durante la etapa regular, en la que tampoco podíamos ser locales por la sanción. El cierre de ese año fue la alegría más grande, poder dar la vuelta con mi viejo”, añade Coco.

Manuel Córdoba: “Fue mi primer título como entrenador”

Fue el conductor y quien construyó el equipo. También el que ideó el plan de juego y supo convencer a los protagonistas. Hoy recorre el mundo del básquet profesional y tiene éxito internacional, pero en aquellos momentos, Manu Córdoba se iniciaba en el camino de las primeras divisiones y lo hacía de gran manera.

“Teníamos muchos jugadores de experiencia y varios muchachos que conocía de San Nicolás y que eran amigos de toda la vida”, cuenta Manu Córdoba, quien rodeó a Bueres y Morange con Díaz, Pezzatti, Bogado y Lanzini más los pibes del club.

“Guardo recuerdos muy lindos de ese momento y fue mi primer título como entrenador ante un rival joven y de mucho talento, bien formados”, recordó.

Tongui Morange: “Logramos algo histórico”

“Fue muy especial porque por la sanción arrancamos en ‘menos diez’ e incluso me acuerdo que Manuel tuvo que convencernos a Adrián y a mí para que nos quedemos ese año. Pero remontamos todas las adversidades y nos clasificamos entre los ocho primeros. Ciclón no es un club fácil y un poco sabíamos que estábamos apuntados, por eso se hacía difícil con los arbitrajes. Pero logramos algo histórico”, analizó Gastón Morange, quien sufrió con algunos problemas físicos a lo largo de la campaña pero hizo todo para estar: “En el primer cruce le ganamos a Temperley y recuerdo que aunque estaba con un esguince de rodilla, Guille Maurino me infiltró y tuve que entrar a la fuerza porque el equipo me necesitaba”.

“Las semifinales frente a Atalaya fueron muy picantes. Pio nos conocía mucho y también al juego que proponía Manuel. Era todo muy estudiado, muy de ajedrez. Pero rompimos el molde en los momentos clave y lo ganamos. Creo que esa fue la final anticipada y el clima era tremeno. Los minutos lo teníamos que hacer en mitad de cancha porque nos escupían de todos lados”, recuerda Morange, quien también tiene sus anécdotas de la definición: “En la final contra Banco yo no venía bien para el aro, no me salía nada pero con el partido cerrado, igualado, metí un triple casi definitorio. Después a Banco le quedaron dos libres y creo que Beto le metió presión a los árbitros para que no cambien el tirador y bueno, el resto ya es historia conocida”.

“Los equipos estaban preparados para anular el juego de Adrián o el mío, pero supimos pasar la pelota, triangular para que tanto Pezzatti como Lanzini sean importantes. En la temporada regular ya había pasado y hubo partidos en los que se destacaron la Garza Moreno, Coco Toñanes o Picha Borsellino, que eran pibes que prometían”, añadió Morange.

Gonzalo Bogado: “El plan salió impecable”

Gonzalo Bogado integró como juvenil los elencos de Olimpia que hicieron historia en el básquet grande de Argentina, pero en su regreso a Rosario y luego de elegir a su querido Sportivo Constitución, también pasó a las filas del Diablo para esta campaña exitosa. Lucho contra una grave lesión en la fase regular, pero volvió en la etapa clave para dar una mano. “La cantidad de gente que mueve Ciclón es impresionante. Creo que sólo Central o Newell’s pueden generar esas caravanas interminables que hubo en los festejos por calle 27 de Febrero”, recuerda y después repasa el momento de mayor tensión de esas finales: “Lo primero que se me viene a la memoria son los incidentes en América y que se quería seguir la serie a puerta cerrada. Por suerte se pudo evitar”.

Con respecto al juego, Bogado recuerda la apuesta: “Le doy gran mérito a Manu Córdoba y a Guille Maurino, porque el plan salió impecable y la verdad es que era arriesgado, porque teníamos gran parte del juego diseñado para la ofensiva de Adrián. Generaban Beto, Pezzatti, Coco y como internos estábamos Lanzini, Tongui y yo. Era una apuesta osada porque una ausencia de Bueres nos hubiera complicado, pero éramos la mayoría jugadores de experiencia, con el ego al costado. Había que laburar para Adrián y si el arrancaba, jugábamos todos. Hasta las prácticas eran picantes y todo fue gestado por Manu, pero los jugadores fuimos aplicados e inteligentes”.

El infierno no siempre encantador

El tiempo hizo que Ciclón atraviese vaivenes deportivos, con infiernos que este Diablo no disfrutó, pero con esa resiliencia típica del guerrero que no se rinde ante la adversidad. Luchó para volver, cambió buenas con malas, sabiendo que la gloria es algo que sucede algunas veces y que el destino no siempre es grato.

Algún desprevenido podrá pasar por alto la historia grande del básquet de la ciudad, pero los que conocen el folclore de pura cepa de estas tierras saben de la magnitud de Ciclón (y de otros tantos equipos) y sus leyendas. De esa historia forman parte ese equipo del 2003. El campeón de la última diablura.

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