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El regreso del Tifón

La Sole: “Hoy valoro mucho la valentía de esa niña que fui”

En una etapa de plena madurez, y a poco más de dos décadas de sus comienzos, Soledad Pastorutti habla de su carrera y de su vida, y de la presentación esta semana en Rosario de su disco “La Gringa”, un material que la expresa en su profusión estética y sonora


Franco Trovato Fuoco

Un remera negra de mangas cortas a la que le borraba la marca en inglés con un fibrón, las mismas bombachas de gaucho que usaba los fines de semana para salir en Arequito, y un poncho en el hombro que su papá le había regalado a su mamá cuando eran novios en la adolescencia. Nada podía fallar: la intuición, la sensibilidad y una voz que como el poncho tomaría vuelo con el paso del tiempo harían el resto.

Pasaron 23 años desde que Soledad Pastorutti irrumpió en la escena de la música popular argentina. En ese tiempo su carrera no paró de crecer, quizás por su inquietud de probar cosas nuevas, quizás también por su deseo de correrse de ciertos lugares ya ganados y siempre arriesgar un poco más.

“Es supervivencia, es crecer; de todo modos yo soy siempre la misma. A mucha gente le llama la atención que siga viviendo en Arequito, que es mi pueblo natal; si estoy mucho tiempo ahí me como las «eses»”, dijo La Sole en el marco de una larga y distendida charla que mantuvo con El Ciudadano, a días de su desembarco en El Círculo para presentar La Gringa, un disco que es lo que ella es: frescura, profusión de estilos y muy al frente una voz que maduró, se potenció y está lista para salir a conquistar otros públicos, como pasó recientemente con una gira por Estados Unidos donde realizó quince shows y recibió los mejores comentarios.

“Siento que ser yo es lo que me hace diferente; muchas veces querer parecer o mimetizarte con algo que no sos es una complicación, y cuando es algo forzado el público lo nota enseguida. Yo no puedo ser algo que no soy; y hasta fue una pelea que por muchos años tuve con la gente que maneja mi carrera, que me ayuda a trascender los caminos. En un momento querían que no me llamaran La Sole, pero La Sole soy yo, y me encanta que me llamen así. Que sea La Sole para la gente de mi pueblo, del interior, es un valor y quizás para otra gente puede no serlo. Pero artísticamente, ser La Sole es muy fuerte, es ese cariño extra que me regala la gente por llevar el artículo adelante”, dijo orgullosa.

 

El camino del éxito

“En la música siento que todavía no di ni mi mejor concierto, ni edité mi mejor disco, ni nada; creo que tengo mucho tiempo por delante, que tengo mucho por aprender. Pero hoy valoro mucho la valentía de esa niña que fui; la que apareció en Cosquín revoleando el poncho y vistiéndose de gaucho, quizás un poco inconsciente de todo lo que hacía y todo lo que vivía en aquellos años, pero valoro mucho ese trayecto que me llevó a ser la mujer que soy ahora, con aciertos y desaciertos”, dijo Soledad acerca de un recorrido en el que probó otros caminos y supo elegir.

“La carrera artística tiene siempre la posibilidad de probar otras cosas; el único que puede darse por vencido es el que deja de trabajar; siento que un artista que busca puede renacer de las cenizas todo el tiempo. Obviamente que quiero que siempre me vaya bien, pero ya no me asusta nada. Somos una empresa y hay mucha gente detrás de mí; eso es lo que más me quita el sueño, pero a nivel musical tengo mucho por recorrer y abordar”, evaluó.

Segura y plantada en un lugar donde, al mismo tiempo, puede pensar un nuevo disco, encarar una gira internacional que también pasó por Europa y ser una de las jurados más queridas de La Voz Argentina, Soledad habló de lo que representa el éxito o su búsqueda a lo largo de estos veinte años de carrera. “Yo entiendo al éxito como la suma de varias cosas, pero hay una que es fundamental y que no puede faltar: el éxito es cuando yo hago lo que realmente quiero hacer y me gusta, cuando puedo traducirme y la gente lo puede entender como tal; ahí se cierra el círculo.

Obviamente que pegar un hit es más o menos como ganarse la lotería, y depende de muchas cosas como por ejemplo que alguien decida pasarte la canción, que esa canción sea buena, que guste masivamente, y que todo eso pase en un momento social determinado”, evaluó. Pero del lado de la permanencia, analizó: “Nunca le quito valor al recorrido porque creo que un artista que permanece con el paso del tiempo es alguien que se ganó un lugar y merece respeto. Me pasó con los veinte años: hice un Cosquín especial, invitamos gente a cantar, y en el momento en que lo armaba no era muy consciente de lo que se estaba generando hasta que llegó esa noche y me encontré en un mismo escenario con Los Manseros Santiagueños, Orlando Veracruz, Abel Pintos, Luciano Pereyra, El Chaqueño Palavecino, Los Nocheros, Marité Berbel, Facundo Saravia; más de veinte artistas que me acompañaron y de verdad ahí me sentí un poco importante, yo que siempre tiendo a no ver, a no mirar hacia atrás, siempre estoy viendo lo que me falta por hacer, porque a veces soy la persona que más me critica. De todos modos, cuando me subo a un escenario me olvido del mundo y estoy muy segura de lo que hago y lo disfruto. Después me miro y soy terrible, encuentro cosas que están mal; soy un poco desprolija pero no puedo ensayar algo que después vaya a decirle al público; si ensayé mil veces una canción y me cansé de cantarla, seguramente lo que transmita no sea lo que quiero transmitir”.

 

Romper las reglas

“Mi aporte al folclore tuvo que ver en su momento con una cuestión energética y generacional, una manera de hacerlo propia de la edad; siempre fui una niña histriónica, feliz, sonriente, que por suerte empatizó con mucha gente. El desafío vino después, cuando tuve que crecer, porque un niño o una niña cantando folclore nos enternece a todos pero después hay que mantener eso porque ya no pasa lo mismo con el público”, dijo Soledad acerca de sus comienzos.

Y continuó: “Tomé un compromiso muy grande con eso, asumí los errores o cosas que había que corregir, más allá de que los niños no cometen errores porque están aprendiendo. Pero sí escuché mucho lo que me decía mucha gente, incluso las críticas más despiadadas porque me sirvieron para crecer. Pero también porque soy orgullosa y dije: «Voy a demostrar que puedo». Incluso me casé y me convertí en mamá y más allá de que hay gente que piensa que por la mística de un artista no pueden convivir la familia y la carrera, y sobre todo siendo mujer, yo trato todo los días de demostrar que sí pueden convivir, incluso para darle fe y esperanza a muchas mujeres que quieren hacerlo”.

Aquel poncho que comenzó a revolear casi por casualidad y una energía arrolladora, la preservaron en un mundo machista como suele ser el del folclore del que poco a poco se fue corriendo para romper con esa lógica y hoy explotar su feminidad. “Nunca lo analicé de esa manera; quizás inconscientemente hubo algo de eso. Era un momento que la bombacha de gaucho la usaban tanto hombres como mujeres; era algo cómodo. También era una ropa que usaba para salir los fines de semana, no era sólo parte del vestuario del show. Después pasó que iba a una doma y me regalaban una rastra; en Armstrong unos artesanos me regalaron un chaleco de cuero. No tenía vestuario de escenario: tenía una única remera mangas cortas, negra, que tenía una marca en inglés escrita en blanco en un costado y se la tapaba con un fibrón negro. Y el poncho era un elemento del folclore que había en mi casa, junto con una guitarra y un bombo. El poncho era un regalo que mi papá le había hecho a mi mamá cuando eran adolescentes y eran novios. Yo me lo ponía en el hombro y un día lo empecé a revolear porque estaba muy difícil levantar a la gente; fue en un show en Gálvez. De repente veo que en el fondo había un señor que revoleaba el poncho entonces yo empecé a hacer lo mismo y la gente se encendió. Y dije: «Encontré una fórmula». Ese es un sello mío pero no es algo eterno; con el paso del tiempo me preocupé por la interpretación, el repertorio, por vestirme de una manera pensada, acorde a los diferentes momentos de la carrera que voy atravesando”, rememoró la cantante.

 

Mujeres poderosas

Mujer del folclore y de la música popular argentina de proyección internacional que en octubre cumplirá 39 años, la historia familiar de Soledad está teñida por la presencia de mujeres poderosas. “Vengo de una familia donde las mujeres son muy fuertes: mi bisabuela, que es la que nombro como La Gringa, Doña Laura, ha sido una referente para todas nosotras, y mi abuela Valeria, que todavía la tenemos, también es para mí una referencia importante. Nunca tuve la necesidad de gritar para hacerme escuchar; mi viejo, desde muy chica, me acompañó con la música y mi mamá también. No vengo de un lugar donde impere el machismo”, analizó, haciendo un repaso por su entorno familiar.

Y reconoció: “Es verdad que la sociedad está cambiando, pero siento que tenemos que empoderarnos todos; creo que el empoderamiento tiene que ser asexuado. De todos modos sí creo que las mujeres hemos ganado un terreno interesantísimo y bien merecido: si hacemos el mismo trabajo por qué vamos a cobrar menos; lo mismo con ocupar lugares de poder. Estoy muy de acuerdo con eso y tiene que ver con la evolución de la sociedad, que en un principio preservaba a las mujeres porque podíamos asegurar la continuidad de la vida. Hoy las mujeres estamos cumpliendo otros roles: yo respeto todos los roles y lugares que quieran ocupar las mujeres”.

“De todos modos –completó–, no estoy de acuerdo con los extremos, creo que los fanatismos no son sanos. Creo que tenemos que ir por el respeto. Yo tengo un hombre en mi casa que me respeta y cuando siento que hay algo que no lo entiende como yo, se discute y eso es saludable. Apelo a que en algún momento todas estas discusiones que estamos dando las podamos ver en acciones concretas para que podamos valorar sus efectos”.

Soledad: “Nunca tuve la necesidad de gritar para hacerme escuchar; mi viejo, desde muy chica, me acompañó con la música y mi mamá también. No vengo de un lugar donde impere el machismo”

 

En defensa del cocoliche

“Hablar del cocoliche es de algún modo una manera de explicar mi música, porque cuando yo empecé, hace dos décadas, para los que eran más puristas del folclore era una gringa haciendo folclore, una cosa medio extraña, pero para los de la ciudad tampoco dejaba de ser una gringa; ese estar en el medio durante mucho tiempo me resultó un peso, pero con los años descubrí que en realidad era algo a favor”, dijo Soledad sobre la profusión de estéticas que conviven en su música.

“Por suerte –continuó–, en la vida te cruzás con gente que te enseña que algo que podría entenderse como una falencia termina siendo una virtud. En relación con este último disco pasa un poco eso, y gracias a Carlos Vives, que es el productor y que tiene esta visión de las cosas, dado que a él le pasó un poco lo mismo que a mí pero en Colombia; él también hace música popular sin tener la piel morena y lo miraban raro al principio. Creo que yo sufrí un poco esa circunstancia y en La Gringa encontré una manera de volver a presentarme y a decir soy bisnieta de italianos, y el cocoliche lo van a ver en mí sí o sí, indefectiblemente”.

Respecto de esa fusión que convive en su último trabajo, la cantante profundizó: “Yo soy todas esas cosas; soy la que canta «La Gringa» y la que canta la balada «Aunque me digas que no»; de todos modos estoy en una búsqueda constante, y la libertad que hoy tiene la música y el momento que estamos viviendo, de poder ir a diferentes puntos, incluso para mucha gente extremos, pero para mí no, porque la música es una sola. En un show en vivo es mucho más fácil porque uno va contando una historia que acompaña a esas canciones. El que viene a un show mío se va a encontrar con que arranco cantando un chamamé de Teresa Parodi y terminamos todos bailando cumbia; pero esa es mi impronta, lo que quiero abordar; creo que es una posibilidad que tenemos los artistas populares. Yo aprovecho todo: me encanta la balada, nunca había compuesto una ni cantado una para un disco, así, tan jugada. Había hecho intentos pero nunca me iba del todo y ahora sí. Esta vez dijimos: «Vamos a hacerla como queremos y como nos parece que tiene que ser»”.

 

Los shows tras la gira

Para la grabación de La Gringa, disco del que se conocen dos cortes pero que en el show local presentará por completo antes de sus presentaciones en octubre en Buenos Aires, convocó a dos grandes músicos y productores: Carlos Vives, exitoso artista de raíz folclórica colombiana, y Cheche Alara, prestigioso productor y compositor latino, director musical de los premios Grammy.

Los singles “La Gringa” y el reciente “Aunque me digas que no”, compuesto por Soledad junto con Claudia Brant muestran la amplitud estética y sonora de un material cuyo lanzamiento viene a cerrar un gran momento de la artista que viene de recorrer escenarios de América y Europa.

De hecho, Soledad fue la figura elegida en 2018 por la Academia Latina de la Grabación para el primer Latin Grammy Acoustic Sessions en la Argentina, en marzo pasado, y cerró una gira consagratoria por Europa, recorriendo diez ciudades (entre ellas Madrid, Londres y Dublín) para arrancar este año visitando quince ciudades de Estados Unidos, entre otras, Miami, Los Ángeles, San Francisco y Nueva York.

“Las giras son importantes; llegar a nuevos escenarios es de algún modo buscar una supervivencia artística, cumplir con los sueños. Yo me creo sin límites más allá de que algún día el techo aparece. Encontré empatía con el público de acá porque no me va a pasar en otro lado”, expresó la cantante en relación con sus recientes recorridos internacionales.

“Lo de Estados Unidos es la demostración de un trabajo hecho desde hace muchos años; encontrarme en principio con un público en su mayoría argentino al que se sumó después el resto del público latino. Y esta vez público en general, algunos que me conocieron a través de La Voz Argentina, quizás de una canción que canté con otro artista o buscando folclore me encontraron a mí, más allá de que mi aspiración es llegarle al público de habla hispana. Mi sueño es de México para abajo”, expresó la cantante acerca de esta experiencia que espera continuar porque, según dijo, “cada escenario es un aprendizaje, el público es nuevo, y no tenés ni idea de qué espera de vos”.

Finalmente, la cantante opinó acerca de la persecución que el presidente de Estados Unidos Donald Trump emprendió contra la comunidad latina. “Allí somos primera minoría, es algo inexplicable; tiene que ver con que vivimos en un mundo lleno de contradicciones, hay que convivir con cosas así. Nosotros vivimos en un país que ha sido por suerte muy abierto a la inmigración. Creo que si los movimientos son naturales y tienen que ver con el sentido común no hay nadie que los pare, ni siquiera Donald Trump, más allá de que las cosas pasan porque alguien las sostiene, porque ningún loco en este mundo puede hacer lo que quiere estando solo”.

 

Para agendar

Soledad presentará en Rosario su disco La Gringa el próximo viernes 6, a partir de las 21.30, en el teatro El Círculo, de Laprida y Mendoza. Las entradas se venden en la boletería de la sala o a través del sistema ticketek.com.ar

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