El Hincha

El reino del revés

La Selección de un país… y de nadie

Años y años de corrupción extrema y fanatismo desmedido fueron alejando a la gente del que debería ser el equipo de todos


Arte El Ciudadano

En el reino del revés todo es posible. La leyenda cuenta que ahí “nada el pájaro y vuela el pez” y que Lionel Messi pasa de ser el mejor jugador de la historia a uno más del montón.

Dicen que allí “los gatos no hacen miau y dicen yes porque estudian mucho inglés” y llegar a vestir la camiseta de la selección nacional deja de ser el sueño de cualquier futbolista y pasa a convertirse en un verdadero calvario de ansiedad, presión mediática y sufrimiento para toda la familia. Y el que no esté de acuerdo, que “la siga chupando”. La regla sagrada.

“Argentina no juega bien. No me dan ganas de sentarme a ver los partidos”, lanzó ayer un hombre con bastante experiencia y trayectoria en el ambiente como Lisandro López, quien se sumó a la línea de Guillermo Barros Schelotto, el ilustre DT de Boca que hace poco declaró que “ya ni la gente quiere ver a la selección”.

Ay Licha, Licha… 35 pirulos, una década jugando en Europa y unas cuantas citaciones al combinado nacional en el lomo…y eso es todo lo que puede decir. ¡Qué visionario! El delantero de Racing y el técnico de Boca representan a la perfección la mediocridad absoluta en la que se transformó el pensar, sentir y hacer del futbolista/hincha de Argentina. Un país con buena gente.

Donde “cabe un oso en una nuez y un año dura un mes”. El único lugar en el mundo donde ponerse la camiseta de la selección es realmente capaz de desprestigiar al jugador. Donde en el discurso lo que se busca es jugar bien y en la práctica lo que únicamente importante es ganar como sea.

Porque a la pasión hay que estimularla. Y si no se juega bien, lógicamente la gente no te va a mirar. Pero el fanatismo es otra cosa. Y si hay algo que sobra acá, es fanatismo. Del más rancio y corrosivo que se pueda encontrar. Absolutamente nadie tiene sentido en esta tierras desde hace mucho tiempo.

Donde hay “un señor llamado Andrés, que tiene 1.530 chimpancés y que si miras no los ves”. El mismo lugar en el cual pretendemos que la infinita muestra diaria de injusticia, inoperancia, corrupción y barbaridad que es hoy en día nuestro fútbol, pase de pronto a ser una máquina aceitada de ganar, gustar y golear.

“Pero allá en sus clubes la rompen”, es la cantinela de siempre. Análisis incorrecto. O más aún: incompleto. Europa está a un océano de distancia y si son figuras allá, es porque juegan con sus reglas. Acá es todo caos y ruido, producto de 44 millones de directores técnicos que se las saben todas. Y así la apresurada máscara de profesionalismo, seriedad y compromiso que pretenden simbolizar desde AFA se cae a pedazos enseguida cada vez que Messi y compañía se ponen la celeste y blanca.

Es que acá “una araña y un ciempiés van montados al palacio del Marqués en caballos de ajedrez” y el que debería ser el partido más importante del año como Newell’s-Central por Copa Argentina pasó a ser un verdadero dolor de cabeza para dirigentes y políticos por igual. Porque todo tiene que ver con todo. Y todos lo saben, pero los que tienen el poder de hacer algo se quedan de brazos cruzados.

Y así se van los días en el reino del revés…donde “nadie baila con los pies” y el fanatismo desmedido reina con autoridad de hierro.

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