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La Sabino Navarro, la espina en el corazón de Montoneros

La Sabino Navarro fue un grupo de la organización armada peronista que criticó la preeminencia de lo militar sobre lo político. Con mucho de historia oral, la autora revela cómo surgió, su inserción sindical y universitaria y su llamado a volver a las bases


Seminara reconstruyó la historia de La Sabino a partir de testimonios de sobrevivientes que contaron sus avatares.

“La Sabino Navarro, o Los Sabino, que es como también se llaman, son una organización política de los primeros setenta en la Argentina. Es la primera disidencia importante de Montoneros, que funcionó en las principales ciudades de nuestro país con un planteo,  crítico a la organización de la que se separan. Bajo la sombra del ombú, como dice el título, hace referencia a la historia de Los Sabino. Ellos se proponen como una crítica a Montoneros pero al mismo tiempo quedan atados al devenir de esa organización. Ellos y ellas tuvieron una experiencia en la que intentaron desligarse de la organización de la que partieron pero siempre estuvieron condicionados por su experiencia e historia. El título del libro es una frase surgida de un entrevistado de La Sabino y, como suele ocurrir cuando se realiza historia oral, las mejores informaciones o ideas surgen de los relatos de los o las protagonistas”, afirmó Luciana Seminara, autora de Bajo la sombra del ombú. Montoneros Sabino Navarro, historia de una disidencia. Hija de integrantes de la también llamada Columna Sabino Navarro, que corrió la suerte de sus padres en el exilio en Dinamarca, la también profesora de Introducción y problemática a la Historia en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, señaló las razones que la llevaron a investigar lo que redundaría en su tesis doctoral en Historia. Además, explicó cómo se conformó, qué características tuvo y qué balance hicieron quienes integraron esa organización.

—¿Qué cuestiona el Documento Verde?

—El Documento Verde tiene una historia interesante porque lo escriben en 1971 un grupo de ex militantes de Montoneros detenidos quienes, desde dentro de la cárcel, plantean una serie de críticas a la organización política. Ellos ven y señalan que hay una clara desviación, esto entre comillas, hacia un rasgo militarista. Los Sabino sostienen que es necesario volcarse hacia la clase obrera. Al mismo tiempo, sin embargo, proponen una organización autónoma de la clase obrera y esto también debemos ponerlo entre comillas porque es propio de la Sabino, una categoría que expresan en ese texto. Lo llaman Documento Verde porque lo escriben y lo van sacando mediante pequeños papelitos mientras están encarcelados. Fuera de la prisión esto fue armado y editado con cartulinas de color verde y por eso terminó llamándose así. El propósito inicial era que formara parte del debate interno de Montoneros. Como se sabe, en esa organización no había perspectivas de debate interno y, menos, aquellos propuestos por las bases. Quienes adscriben a ese posible debate planteado por este documento, los alternativistas tenían la intención de organizar a la clase obrera por fuera de las estructuras del movimiento peronista. El alternativismo escribió este documento y fue expulsado de Montoneros. A partir de allí surgió La Sabino Navarro.

—¿Hasta cuándo duró la organización?

—La Sabino Navarro permaneció en un contexto de agudización contra las fuerzas represivas. Ya con la Triple A actuando indiscriminadamente en el secuestro y asesinato de referentes sindicales, políticos y sociales antes de 1976. Ya había una clara antesala de lo que fue la faceta represiva más abierta de la última dictadura militar. Los Sabinos plantearon que ya no estaban dadas las condiciones para plantear alternativas y que era necesario acumular fuerzas en las organizaciones que eran más fuertes. En ese momento propusieron una salida novedosa y solidaria que fue disolver su organización y ayudar a sus militantes a volver a las estructuras que cada uno considere posible. Si sus militantes querían ir a Montoneros o al PRT-ERP, contaban con su colaboración en la Regional de Rosario.

—¿Tu trabajo fue en base a la historial oral?  

—Mi trabajo fue hecho en base a relatos orales pero eso no es lo único porque también usé fuentes escritas. Ellos tenían una publicación que se llamaba Puro pueblo, y también trabajé con revistas como Militancia u otras revistas montoneras. Además, intenté ver cómo se daba el contraste en el debate en torno a las diferentes experiencias de agrupaciones. Con entrevistas orales pude reconstruir las experiencias militares y los inicios de La Sabino porque eso no está en ningún lugar.

—¿Qué recopilaste de las experiencias de las mujeres en ese espacio? ¿Qué balance hacen ellas?

—Ese es un diálogo que se dio entre feministas. Las mujeres que participaron de la Sabino Navarro devinieron luego feministas y se pudo revisitar esa experiencia con nuevos interrogantes, cuestionamientos que no se dieron en los 70. En ese momento de los 70 tenían otras preocupaciones. No se preguntaron por su lugar de mujeres en esa organización, y ahora desde el feminismo pudieron recordar o evocar esa experiencia con una perspectiva feminista. Es interesante analizar el recorrido de esas mujeres porque siempre se rebelaron contra las injusticias pero estas cuestiones fueron cambiando sus jerarquías. En los 70 se rebelaban contra el imperialismo, contra la dictadura. En los 80, en el contexto de sus exilios, se hallaron con otras preocupaciones y ahí se dio el encuentro con el feminismo. Al retorno de su exilio, empezaron a encontrar un espacio de militancia en el que el feminismo cobró un rol preponderante que perdura hasta hoy.

—¿Qué encontraste en relación a las intervenciones armadas?

—Ese aspecto también es interesante porque la responsable militar de la Sabino Navarro era una mujer. Monina, la llamaban. Era la principal dirigente de la faceta armada y los militantes señalan que al ser mujer la cuestión era diferente. Sin embargo, se puede apreciar que era tan autoritaria como cualquier varón. Al mismo tiempo fue recordada con mucho cariño porque era una mujer que generaba mucha empatía, tenía muchos valores. Más allá de esto, en La Sabino se planteaba que lo militar estaba al servicio de lo político, y esa faceta tenía cierta autonomía. Es decir, funcionaba como un modo de garantizar el financiamiento de la organización. La parte política de la organización no era clandestina sino que era legal, sobre todo la que se conectaba con la cuestión sindical. Había un gran compromiso con los trabajadores del Cordón industrial del Gran Rosario. Incluso tenían una fuerte militancia entre los estudiantes universitarios. La parte armada era clandestina y solamente contaba con un mínimo de su militancia. Estaba totalmente compartimentada y tenía como fin sostener a la organización. La crítica a Montoneros era que lo militar terminaba guiando a lo político. Que había una cierta autonomización de la faceta militarizada y que había una ansiedad por generar condiciones políticas a partir de lo militar.

—¿Qué pasó después de la disolución?

—Mi mamá estuvo en La Sabino poco tiempo. Mi viejo militaba ahí, en la parte universitaria, y tuvo un “reingreso” a Montoneros pero muy fugaz porque ya había iniciado su exilio junto a mi mamá. Primero nos fuimos a Brasil y luego terminamos viviendo en Dinamarca. Yo nací en el 77 y llegamos a Brasil en el 79. Ahí estuvimos seis meses que es lo que tarda el trámite de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados políticos, y luego nos aceptaron en Dinamarca. En ese país vivimos seis años. Mi papá se quedó allá.

—¿Qué pasó con los integrantes de La Sabino?

—Es un grupo numeroso y diverso, con recorridos disímiles. Hay militantes que siguen participando activamente en política. Hay otros que no participan de esa manera, como mi papá.

Con este trabajo, Seminara se propuso dar cuenta de lo que sucedió durante los 70 con este grupo, de sus lazos identitarios que perduran. Tal vez no sean amigos pero hay algo en lo que se reconocen. “Cuando fue publicado mi libro, ellas y ellos se lo mostraron a sus hijos e hijas y algunos se enteraron que sus padres y madres habían formado parte de la Sabino Navarro. Hubo un reconocimiento de una cuestión que podría resumirse en “nosotros quisimos hacer algo distinto”.

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