Cine, Espectáculos

32° Festival de Cine de Mar del Plata

La película palestina “Wajib” fue la gran ganadora en La Feliz

Dirigida por la realizadora Annemarie Jacir, la elogiada producción obtuvo ayer la máxima distinción, el premio Astor, en la Competencia Internacional. La ceremonia de premiación, de muy bajo perfil, estuvo teñida por el drama del submarino ARA San Juan.


La película Wajib, de la directora palestina Annemarie Jacir, obtuvo este sábado la máxima distinción, el premio Astor a la mejor película, en la Competencia Internacional del 32° Festival de Cine de Mar del Plata, que llegó formalmente a su fin. La ceremonia, de bajo perfil, fue realizada en el salón Dauphine del Gran Hotel Provincial, sin la alfombra roja, pompa ni el glamour de otras ediciones, por respeto a la tragedia que viven los familiares de los 44 ocupantes del submarino ARA San Juan. Fue en ese marco que se dieron a conocer los ganadores de las Competencias Internacional, Latinoamericana y Argentina.

Las ganadoras

Wajib, película que aborda la diferencia generacional y la discrepancia de culturas dentro de una misma familia, se llevó también el premio a mejor actor para Mohammed Bakri; mientras que el jurado, integrado por Edouard Waintrop, Boyd van Hoeij, Érica Rivas, Amedeo Pagani y Catalina Sandina Moreno, eligió a Eli Harboe como mejor actriz por su excepcional desempeño en Thelma, donde da vida a una joven que en pleno despertar sexual descubre en ella una fuerza sobrenatural capaz de generar consecuencias tan intensas como devastadoras.

Otra mujer ocupó el máximo podio: la joven realizadora alemana Valeska Grisebach fue la mejor directora por su film Western, una revisión de los códigos del western a través de conflictos actuales en escenarios de la Bulgaria profunda para, desde allí, abordar el tema de la inmigración económica, tema puesto muy de manifiesto en varios títulos que se vieron durante el festival.

 

Por su parte, Kairiana Núñez Santaliz recibió un premio especial del jurado por su participación en el drama El silencio del viento, de Álvaro Aponte, sobre la historia de un hombre que trabaja con el ilegal traslado de indocumentados de República Dominicana a Puerto Rico.

Por último, el cineasta coreano Kim Dae-hwan obtuvo el premio a mejor guión por su film The First Lap.

Por la Competencia Latinoamericana pasaron grandes títulos. De hecho, a la hora de seleccionar la mejor película, el jurado optó por premiar a dos: Cocote, de Nelson Carlo de Los Santos Arias, y Baronesa, de Juliana Antunes. Mientras que en la Competencia Argentina, la elegida del jurado fue El Azote, lo nuevo de José Celestino Campusano.

Una apuesta a la diversidad

Fueron diez días intensos donde el mundo del séptimo arte tuvo su cita anual más importante en Mar del Plata, uno de los quince festivales clase “A” del mundo y el único de su categoría en América latina. Trescientas películas provenientes de más de noventa países ofrecieron un panorama repleto de realidades diversas con ficciones, documentales, animaciones, dramas y hasta ciencia ficción.

Esas divergentes miradas encontraron su síntesis en un punto: contar historias que retraten, con diferentes intensidades, un mundo actual convulsionado en lo laboral, los afectos y las relaciones interpersonales.

Un punto a destacar fueron las retrospectivas, gracias al trabajo que vienen realizando la Cinemateca y el Archivo de la Imagen Nacional para recuperar una parte fundamental de la historia a través de momentos icónicos del cine argentino. Charlas públicas, focos especiales y otras actividades alternativas sumaron contenido a los estrenos y completaron la propuesta.

La idea de llamar a Corea del Sur como país invitado fue otro de los aciertos de este año, porque le permitió al público acceder a un cine de excelencia al que le cuesta ingresar en el circuito comercial.

Columbus, película protagonizada por John Cho y Haley Lu Richardson, del realizador Kogonada, recibió una ovación durante la función de prensa tras presentar una combinación armoniosa entre la narración cerebral y la emocional que, partiendo de la arquitectura de una ciudad, aborda cómo se experimentan el espacio y las ausencias.

La Competencia Internacional dejó otros títulos valiosos, algunos de los cuales, se espera, lleguen pronto a Rosario.

Tal es el caso de Al Desierto, de Ulises Rosell, la potente Primas, de Laura Bari; e Invisible, de Pablo Giorgelli. También se vio A fabrica de nada, un film del portugués Pedro Pinho que, combinando documental y ficción, y coqueteando además con el musical, se permite hablar de un tema muy vigente: la crisis del sistema y la resistencia laboral autogestiva como forma de sobrevivir.

También se vio la francesa Madame Hyde, de Serge Bozon, protagonizada por Isabelle Huppert, una relectura en clave cómica de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, que fue la elegida para dar comienzo al festival cuando la lluvia parecía ser la principal preocupación.

El mal tiempo llegó días después: el festival no pudo escapar a la preocupación nacional por el destino de los tripulantes del de submarino ARA San Juan. En ese contexto, los organizadores estuvieron rápidos de reflejo: primero brindando su solidaridad pública, luego posponiendo shows y eventos musicales y masivos, y más tarde, dejando sin efecto la pomposa ceremonia de cierre prevista para anoche en el Teatro Auditorium.

La presencia del estadounidense Peter Scarlet como director artístico del certamen, el primer extranjero en comandar Mar del Plata en su historia, despertó suspicacias. Se esperaba que, por derrame, su presencia causara una masiva llegada de figuras internacionales. Eso no ocurrió, aunque sí fueron de la partida algunos nombres emblemáticos como el legendario realizador francés Claude Lelouch y la actriz británica Vanessa Redgrave.

Lelouch, director de la recordada película Los unos y los otros, acompañó una retrospectiva de sus films y mostró un largometraje recién terminado, Chacun sa vie. A su tiempo, Redgrave se hizo escuchar en una nutrida master class en la que habló sobre los refugiados, al acompañar el estreno de su primer film como directora (Sea Sorrow), y puso especial atención en la tragedia del ARA San Juan.

El único cineasta rosarino en competición fue el artista plástico Adrián Villar Rojas que formó parte de la Competencia Latinoamericana, donde presentó El teatro de la desaparición, un producto que navega entre el cine y el arte, y que fue reconocido por la Asociación de Sonidistas de la Argentina en la premiación “no oficial”.

Otra buena: locales y visitantes de todo el continente confluyeron en las calles y playas de La Feliz durante estos días. En los primeros cinco, el festival contabilizó unos 75 mil espectadores que, según cifras oficiales, superó en un veinte por ciento a los concurrentes de la edición anterior.