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Historias de boxeo

La pelea del siglo: Muhammad Alí vs. George Foreman en Zaire

El recuerdo de una pelea épica: el triunfo hace 42 años de Muhammad Alí sobre George Foreman en Zaire.


Los comienzos del año 1974 no fueron como otros para aquel joven promotor de boxeo. Llegaron llenos de expectativas y con marcada ansiedad. Bajo su llamativo y extraño peinado, ocultaba un pasado en la cárcel. En sus manos, temblorosas aún, tenía un documento firmado por George “Big” Foreman y Muhammad Alí. Decía que a cambio de cinco millones de dólares para cada uno, estaba en condiciones de organizar la pelea entre ambos. La más esperada en el universo del pugilismo. Se llamaba Don King y entre sus estrafalarias actitudes, era capaz de recordar y citar versos de Shakespeare de memoria.

El negocio giraba sobre su cabeza y en su mente se tejían toda clase de posibilidades. Tenía muchos proyectos, opiniones e ideas. Lo que no tenía eran los diez millones de dólares. La búsqueda, entonces, quedó centrada en lograr inversores.

La vida en Zaire (hoy República Democrática del Congo) era difícil para su pueblo. Su convulsionada imagen interna recorría el mundo. Gobernada por un dictador de reconocida firmeza. Su nombre: Mobutu Sese Seko Kuku Ngbender wa Za Banga, conocido como “Mobutu Sese Seko”.

El militar gobernante, enterado de la situación, pensó rápidamente: “Es una gran ocasión para poner a África y en especial a Zaire en el comentario mundial y además dar una imagen de líder generoso con su pueblo”.

En dos meses la pelea estaba instalada en el planeta. Todos hablaban de Zaire y del gran combate. Fue programado para el 26 de septiembre y bautizado “Rumble in the jungle”, La pelea de la selva o El rugido de la selva. También recordando Dempsey-Firpo, la señalaron como “La pelea del siglo”.

Se organizó una antesala de música afroamericana con artistas del nivel de James Brown, B.B. King, entre otros.

Un corte en una ceja de Foreman trasladó la velada al 30 de octubre.

Los medios norteamericanos para cubrir la noche enviaron a sus mejores representantes. El escritor Norman Mailer, George Plimpton y Hunter Thompson fueron algunos de los presentes.

El combate tenía un gran contexto político. Toda la logística del dictador africano se movió para destacar su figura y que su imagen quedara rodeada y asociada a gestos benévolos hacia su pueblo.

Los dos boxeadores llegaban con triunfos, pero con actualidades diferentes. Foreman, de sólo 25 años, presentaba un impactante: 40-0-0 con 37 definiciones por nocaut. Los analistas estaban asombrados con la facilidad que había vencido a Joe Frazier y Ken Norton. A los dos noqueó en dos vueltas.

Muhammad Ali, a su vez, tenía 32 años y ya no lucía como el bailarín del ring. Su récord: 44-2-0 con 31 antes del límite. Ambos de 1,91 metro. Foreman pesó 100 kilos. Alí 98.

Las apuestas favorecían a Foreman, que tenía los títulos mundiales pesado de la AMB y CMB, 7 a 1. Los medios norteamericanos se inclinaron marcadamente en favor de George Foreman. El destacado periodista y una de las estrellas de la televisión del momento, Howard Cosell, constantemente buscó con sus comentarios volcar la opinión pública en contra de Alí. Entre ellos había facturas pendientes de resolver.

El estadio 20 de Mayo en la capital Kinshasa, desbordaba. Cien mil espectadores lo cubrían. La entrada fue gratis, algo que el dictador se preocupó de difundir en el mundo.

Las clásicas salidas ocurrentes de Alí no faltaron en el pesaje oficial. “Foreman es una momia. ¿Lo han visto caminar? Se mueve como una momia”. La frase resonó entre carcajadas al subir a la balanza.

La pelea comenzó a las cuatro de la madrugada, ya que el canal que tenía los derechos de televisión acomodó los horarios para el público norteamericano.

Muhammad Alí lucía sonriente y ansioso en su rincón. George Foreman estaba serio. Algún gesto de preocupación se le deslizó. De los cuatros costados bajaba el aliento para su rival. “Alí, Bome ye… Alí, Bome ye… Alí, Bome ye…” (Alí mátalo).

Todo el pueblo estaba con Alí y lo hizo sentir. Foreman eludió el contacto con la gente. Llegó a Zaire con custodia y sus tres perros. Eran de una raza que se identificaban con los que usaba la policía africana para agredir a la gente…

El dictador Mobutu Sese Seko vio la pelea en su palacio. Hizo instalar un circuito cerrado exclusivo. Los canales locales no transmitieron la velada.

El combate fue áspero, intenso y Alí lo veía complicado. Octavo round. Foreman cansado, extenuado de tanto tirar golpes, comenzó a sentir física y mentalmente sus consecuencias. Casi al final, se encontraron intercambiando golpes. Alí, luego de unas derechas cruzadas, conectó un tremendo cross al mentón de Foreman. El campeón abrió los ojos como buscando una explicación al momento. Cayó luego de una rara pirueta. Faltaban doce segundos. El árbitro Zach Clayton, el primer referí negro en la vida del boxeo, comenzó a contar. Foreman se levantó. Maltrecho, sentido… El nocaut era inexorable.

Una vez más Muhammad Alí contra todos los pronósticos. Una vez más campeón mundial.

Las tarjetas hasta ese momento eran: Clayton 68-66; Nourdine Adalla 70-67 y James Taylor 69-66, todas para George Foreman.

Hoy todo es historia. Ha quedado grabado en el documental, ganador del Oscar, “When, when where Kings” (Cuando éramos reyes), dirigido por Leon Gost. Además, el notable escritor Norman Mailer dejó testimonio en su libro “The Fight” (El Combate), donde en un estudio etimológico del boxeo y del hombre negro, finaliza con una narración de la pelea. El resto es leyenda.

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