Ciudad, Coronavirus

Gestión en tiempos de Covid-19

“La pandemia de coronavirus desmorona la idea de Estado pequeño y de la salud como mercancía”

El secretario de Salud de Rosario, Leonardo Caruana, analizó con El Ciudadano los cambios que generó la nueva enfermedad y la necesidad de recuperar el sanitarismo en el mundo. Explicó cómo se preparan los equipos de la ciudad para un escenario de mayor contagiosidad del virus


En los siete años que Leonardo Caruana lleva al frente de la Secretaría de Salud de Rosario nunca se imaginó gestionando una pandemia como la del coronavirus. Si bien hubo situaciones como emergencias climáticas o la explosión de calle Salta que llevaron a reacomodar el sistema de Salud, el nivel de cambio de la agenda de trabajo que generó el Covid-19 está por encima de cualquier otro escenario que le haya tocado vivir. Pero el médico y funcionario prefiere no hablar desde lo personal. Si le preguntan si duerme poco contesta: “Dormimos poco”, si trabaja muchas horas, dice: “Estamos todo el día y también a la noche”. Responde cada pregunta en plural y ahí está la clave de cómo transitar la gestión en situaciones de crisis: “Nunca la pensamos como algo de superhéroes. La construcción es colectiva y con la mirada de muchos. Y ese colectivo por sobre lo individual funciona también de soporte en estos momentos que son de dedicación completa y de mucha tensión”.

Atiende a El Ciudadano en los huecos que deja el Covid-19. Mientras habla le entran llamadas, videollamadas y reuniones con especialistas de otros lugares del país. Pide disculpas y promete tener más tiempo aunque no sabe bien cuándo. Cada día se suman nuevos casos, imprevistos, lecturas, análisis, información que chequear o descartar. Lo que ayer era una certeza hoy puede estar en discusión. Lo que no cambia, dice, es la visión de la Salud Pública con la que trabajan desde hace años, en la que cada problema se aborda desde lo biológico, lo social y lo subjetivo. En esta entrevista Caruana analiza cómo la pandemia de coronavirus ya está produciendo cambios en la forma de pensar el rol del Estado a nivel mundial y hace hincapié en que es fundamental tener en cuenta las condiciones sociales de desigualdad. Además, explica cómo se prepara Rosario para un escenario de crecimiento de los contagios y cómo trabajan en la contención de los equipos de salud en un contexto de hipercirculación de noticias e información.

¿Cómo evaluaron el virus apenas surgió? ¿Se esperaban este escenario mundial?  

Apenas surgió sólo sabíamos algunos elementos de China y teníamos una mirada epidemiológica de prestarle atención sin sobreestimar ni subestimar el problema. Coincidía con los primeros casos de dengue, con una realidad en Latinoamérica muy importante porque teníamos entre 2019 y 2020 más de 1.500 fallecidos. El coronavirus aparecía más lejano pero sabemos que en Salud Pública hay que hablar de salud internacional. No hay nada en el mundo que no termine impactando en otros países por la gran conectividad y las condiciones sociales de países que están unos por encima de otros. Y en cuestión de semanas cambió la escena epidemiológica del mundo. Eso hizo que siguiéramos profundizando un camino de gestión y organización, de estrategias comunicaciones, de analizar países que tuvieron más relajamiento en el distanciamiento social y pensar críticamente la presencia de servicios de salud pública. Creo que esta pandemia nos está mostrando que los modelos más mercantilizados del Estado fueron debilitando los sistemas de salud nacionales y la provisión de servicios. Cuando hay desequilibrio en la distribución de la riqueza sólo un Estado con sistemas sanitarios de acceso equitativos e humanitarios puede equilibrar. También es parte de los procesos que hay que mirar en relación al debate de lo público. En una pandemia se necesitan infectólogos y epidemiólogos, pero también especialistas en salud pública, mental, trabajo social, ciencias políticas. Esta pandemia nos hace mirar complejamente los problemas porque la desigualdad atenta contra cualquier organización sanitaria.

Uno de los debates que se dieron tiene que ver con la economía versus la salud. ¿Qué opinión tenés al respecto?

La Salud Pública hay que pensarla integralmente con un soporte en lo social. Es difícil trasladar modelos de países con otras condiciones de vida, poniendo solo la virulencia del virus como prioridad y dejando en paréntesis las condiciones sociales en barrios y ciudades. Las condiciones de vida también marcan las políticas, se tienen que hacer todos los soportes sociales para disminuir la desigualdad. No es lo mismo una casa en condiciones de vida dignas, con todos los elementos, que una situación de precariedad en la vivienda o sin acceso al agua. Tenemos que tener una mirada epidemiológica que dé cuenta de ese mapa de vulnerabilidad porque van a ser distintas las formas de intervenir. Las condiciones de vida, de enfermar o morir de la población están determinadas socialmente. Entenderlo desde el Estado es organizar y planificar los recursos de otra forma. Por eso todos los niveles de la red, todos los actores institucionales y las organizaciones sociales son de máxima jerarquía.

Muchos plantean que esta pandemia está cambiando al mundo. ¿Tenés la sensación de que se está produciendo un quiebre?

Sí, un fenómeno así provoca la lectura, buscar explicaciones y análisis de los problemas sociales. Creo que la pandemia nos va a dejar cambios y va a obligar a reflexionar sobre los debilitamientos que generó esta matriz ideológica que pensaba en Estados chicos y reducidos en los que el derecho a la salud dependía sólo de la capacidad de pago de las personas. Entró en discusión tener sistemas de salud universales y equitativos. Esta pandemia desmorona la idea del Estado pequeño, ya nos está diciendo que no es lo mismo transitar esto con sistemas de salud fuertes que haberlos debilitado por una corriente más mercantil. No es que tengamos como receta un antagonismo y que sólo un Estado grande resuelve las cosas. Pero sí un Estado diferente, que trabaje con las organizaciones sociales, que sea flexible, pero que sea rector. La pandemia obliga a leer y recuperar conceptos que venimos planteando desde la salud pública de Rosario hace años. Acá venimos trabajando en un paradigma teórico que analiza de manera compleja los problemas, con mirada interdisciplinaria, con todos los saberes necesarios. Y entendiendo que no estamos sólo ante un problema biológico del virus que ataca a la gente, sino que necesitamos otros elementos. Había una corriente en el mundo que planteaba ir desjerarquizando los sistemas de salud basados en oferta de servicios, se hablaba de cápitas, de mercantilización. Y eso se puso en tensión para recuperar el sanitarismo y el campo de lo público de una forma distinta.

¿Cómo lo están viviendo desde la gestión y los equipos de Salud?

Con mucha intensidad, mucho trabajo, momentos de tensión y múltiples espacios de encuentro de gabinete y equipos. Se vive esto con una recepción permanente de información y de análisis que hace que a veces uno se sature y que se genere temor o miedo. Tratamos de preservarnos, de cuidarnos entre todos y dialogando. En lo personal me siento muy acompañado. Si bien en estos años de gestión tuve distintas contingencias en la ciudad, el nivel de cambio de la agenda de trabajo de esta pandemia está por encima de cualquier otra situación que me haya tocado. Y lo mismo en lo colectivo a todo el equipo. Nunca nos imaginamos vivir algo así. La posibilidad de tener un trabajo con equipos interdisciplinarios, no ahora sino desde hace años, nos permite abordar el temor y el miedo con precaución. Es un trabajo muy intenso de pensar esta pandemia como pensamos los problemas de salud en general, que es con una mirada integral. El cuidado y la preservación de los equipos de salud son fundamentales porque son ellos los que van a estar en las guardias, en las salas de internación y en terapia intensiva asistiendo. Los cuidamos en la salud física pero también mental. Y a la vez nos lleva a pensar en toda la red sanitaria, no solo los hospitales. Un problema como esta pandemia lo tenemos que abordar con todos los recursos y soportes sociales. Hoy tenemos la ventaja de tener más de 80 de centros de salud barriales que nos permiten generar estrategias de vacunación a domicilio, llevar los medicamentos, cuidar al adulto mayor que está en mayor riesgo. Además, la Organización Mundial de la Salud definió que estamos ante una situación de infodemia que genera malestar y al igual que el aislamiento social trae angustias, enojos. Poder abordar la salud mental desde el sistema de salud es importante. Por eso pusimos a disposición de la población atención telefónica a través del 107.

¿Cómo evalúan la medida de cuarentena hasta ahora y la evolución de casos tanto a nivel nacional como local?

Argentina es un país que ha tomado una decisión anticipada en plena fase de contención con una medida de distanciamiento social en un momento en el que no había un aumento de casos como en otros países. Eso nos permitió hasta ahora no tener un crecimiento exponencial de la curva de contagios y tener tiempo de organizar el sistema de salud. Todavía no podemos decir cuándo se va a dar ese aumento de casos pero sí que no hemos tenido en estas semanas crecimientos exponenciales. Y el distanciamiento es la medida más eficaz para disminuir la contagiosidad. Vemos con preocupación lo que pasó con las personas mayores en los bancos porque generó mucho más movimiento del que debería haber sido. Es una enseñanza de que cuando se planifica la apertura tiene que ser en forma progresiva. En relación a la contagiosidad, en Rosario tenemos una evolución similar a la nacional. El único momento en que tuvimos un aumento de casos fue cuando empezamos a testear en el Cemar. Insistimos en las medidas de distanciamiento porque esa disminución del número de contagios permite que los servicios de salud funcionen correctamente, que estén por encima de la curva epidemiológica, es decir, hay mayor oferta de salud que el número de casos. Esa es la explicación del aplanamiento de la curva: los casos se dan en un tiempo más prolongado, espaciado y progresivo, y hace que el giro de camas, el funcionamiento de los dispositivos de admisión, internación y la rotación en espacios de aislamiento puedan funcionar cuando se dé el ascenso. La disminución del distanciamiento social debe ser programada para llegar a la mínima posibilidad de saturación de los servicios.

¿Cómo se está preparando el sistema de salud de Rosario para un escenario de mayor contagiosidad del virus?

Por un lado, venimos trabajando en los hospitales preparando todo el sistema sanitario. Hacemos planificación, entrenamiento de protocolos, conseguir todo el equipamiento y los insumos para los equipos de trabajo, organizar los lugares ociosos para potenciales aumentos de camas en general, el equipamiento de las camas de terapia intensiva y la coordinación con el resto de la salud pública y privada provincial. Por otro lado, estamos preparando lugares de aislamiento no hospitalario para personas con baja complejidad de coronavirus muy leve, que en vez de estar en sus casas van a poder estar aislados de forma institucional. Esto lo hacemos previendo que hay familias que por sus condiciones sociales de vida es mejor que estén en un lugar con personas que ya están diagnosticadas y no donde puedan contagiar a otras. Es un criterio que estamos analizando a partir de ver que en otros países mucha población que ha ido al domicilio ha provocado focos de contagio. En general, el trabajo es en base a distintos escenarios. Si bien nadie puede definir hoy cuál va a ser el número de consultas y de casos, sí vemos que al no tener un crecimiento exponencial podemos trabajar de una forma planificada para no tener que armar un sistema sanitario en el pleno aumento de casos. Lo que queremos es que cuando se empiece a dar un aumento mayor, sumado a las demandas estacionales de mayo a julio, estemos más aceitados.

En relación al trabajo de los centros de salud, ¿Cómo está siendo la cuarentena en los barrios y qué vienen relevando estos espacios de atención?

Los centros de salud están trabajando de forma intensa en la estrategia de vacunación antigripal con más de 100 móviles y vacunado a las personas de grupo de riesgo, priorizando adultos mayores. Siempre para nosotros el análisis de este problema es poniéndolo en consonancia con la realidad social de los barrios, el problema de la vivienda, la dificultad en el trabajo y otras cuestiones en relación a la desigualdad. Lo decimos cuando hablamos de dengue también. Las condiciones de prevención no son las mismas de acuerdo a las condiciones sociales. Para eso están nuestros centros de salud, para estar más cerca. Tuvimos demanda alimentaria y eso es trabajado con los centros de salud y derivando a las áreas de desarrollo social con el fin de que el sistema de Salud priorice la atención sanitaria.

¿Cuántas camas dispone el sistema de salud y cuántas puede llegar a necesitar?

Contabilizamos todas las camas del sector público y privado. El número puede variar porque no todas las camas de terapia intensiva pueden ser dispuestas para la atención de esta enfermedad. Pospusimos las consultas ambulatorias y cirugías programadas. Estamos en un número de 390 camas del sector privado, 30 camas de Pami y 100 del sector público municipal y provincial. Todos los lugares públicos tienen posibilidad de ampliar en un 50 o un 75 por ciento. La ampliación de la cama crítica va a depender de la presencia de respiradores y en eso es importante la distribución que se haga desde el Ministerio de Salud nacional, que será con indicadores como población, capacidad instalada y realidad epidemiológica. Las camas del sector privado tienen 270 respiradores. Es fundamental la incorporación de más camas críticas con asistencia respiratoria mecánica y para eso son necesarios respiradores. Por otro lado, hay casi 3 mil camas clínicas en general. En este sentido, tener la posibilidad de pensar al aislamiento para patologías leves en otras instituciones como el Hipódromo nos permite un giro de camas rápido donde se necesiten las camas generales para pacientes de mediana complejidad y que los leves no tengan que estar en hospitales.

¿Cómo está el abastecimiento de insumos?  

Estamos bien. Tenemos un tablero de control distribuyendo en todos los hospitales. Los insumos los gestionamos con compras propias. También recibimos de Provincia y esperamos de Nación. Hay muchas empresas textiles que se reconvirtieron y están haciendo barbijos, batas, mamelucos, y creemos que de ahí va a haber provisión cuando sea necesario. Fijamos un protocolo de utilización de la ropa para todos los trabajadores del sector salud de acuerdo al grado de complejidad de la atención con mascarillas que protegen toda la cara de la persona. Estamos haciendo mascarillas con impresión 3D con distintos aportes solidarios de organizaciones. Y tenemos distintos proyectos estratégicos que permiten tener todos estos insumos, tanto los que son descartables como los que no. En cada hospital hay un comité de crisis formado por el director y personal de farmacia, epidemiología, contabilidad y bioingeniería. Estos equipos garantizan que en todos los horarios los trabajadores tengan la capacitación, el ejercicio y entrenamiento de protocolo, y los insumos, tanto nominalizados como los descartables en cada turno.

La semana pasada desde el gobierno nacional hablaron de declarar el sistema de Salud de interés público y eso generó que desde el sector privado haya reparos ¿Cuál es tu opinión y cómo es el trabajo con ese sector en Rosario?

Creo que entre todos los fragmentos que forman el sistema de Salud de la Argentina existe uno que está por encima de otros en responsabilidad y conducción. Cualquier coordinación con el sector privado y la seguridad social es un punto de llegada. Necesitamos trabajar en esto y es el Estado el que conduce. Vivimos en los últimos años un debilitamiento de esa capacidad de conducción del Estado y retomarlo va a llevar un tiempo. En la ciudad no tenemos ese escenario de fragmentación. Venimos trabajando desde hace años en coordinación con el sector privado con la gestión integrada de camas críticas, como hacemos todos los inviernos. En esta pandemia también. Estamos en mesas de trabajo juntos desde antes del coronavirus. Y esto hay que hacerlo a nivel nacional con una mirada que tiene que ser rectora, para que el Estado regule los medicamentos de alto costo y los modelos de atención y gestión para avanzar en un sistema articulado de Salud único, independientemente de que existan subsectores. Esto en Argentina es un paisaje lejano porque la salud tiene responsabilidad provincial y el Estado nacional tiene una mirada de asesoría, de propuestas, pero quienes conducen son cada una de las provincias. El escenario de conducción en una pandemia se hace más difícil. Creo que la construcción es cotidiana con una responsabilidad del fragmento estatal por encima de los otros.

Desde que comenzó a circular información sobre el coronavirus hubo distintas explicaciones sobre las y los asintomáticos y si contagian o no. ¿Cuál es el criterio que siguen?

Hubo diferentes miradas en relación a esto. Sí se plantea que puede haber contagiosidad en el período asintomático o previo a la aparición de síntomas a partir de las secreciones. El tema de la baja contagiosidad en asintomáticos se da porque no habría presencia de tos y de secreciones nasales. Pero eso no significa que no pueda haber contagio porque este es un virus de superficie más que uno que se mantenga en el ambiente. Por ejemplo, compartir el mate o llevarse las manos a la boca y después tocar puede generar contagios. Por eso el criterio de aislamiento, que se tomó en un principio para las personas con antecedentes de viaje más allá de que tuviesen o no sintomatología y el distanciamiento social para toda la población propuesto después, intentan evitar que sin síntomas, con un bajo grado de contagiosidad pero con un virus que es contagioso, se reduzcan al mínimo las posibilidades de contagio.

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