Espectáculos, Teatro

Estreno en gira

La obra ‘Todas las Rayuelas’ se presenta en La Comedia

El talentoso Hugo Arana habla de “Todas las Rayuelas”, la premiada obra de Carlos La Casa, con dirección de Andrés Bazzalo, que lo trae de regreso a los escenarios rosarinos. Este sábado desde las 21 en el teatro de Mitre y Ricardone.


Instalar una metáfora que encuentre en el presente una caja de resonancia es una de las tareas más complejas que atraviesa el teatro, sobre todo en momentos en los que busca acercarse al público sin perder intensidad poética y sin “traicionar” esa metáfora inicial que debería dar origen a la idea de la obra.

Un hombre que llega a un aeropuerto con una valija cargada de libros (sólo de libros), precisamente, con todas las ediciones de la inmanente Rayuela, de Julio Cortázar, marcadas en una misma hoja, puede volverse un hombre “peligroso”. “A la policía aeroportuaria, al ver que el tipo sólo trae libros en su valija, se le vuelve alguien muy sospechoso; y esa es una ironía maravillosa”, dice Hugo Arana acerca de Lisandro, su personaje en la obra de Carlos La Casa, ganadora del Contar 3, concurso organizado por la Asociación de Empresarios Teatrales (Aadet), la Asociación Argentina de Actores (AAA) y Argentores al que se presentaron 180 autores de los cuales se eligieron seis finalistas, para derivar en el estreno de Todas las Rayuelas, un texto marcado por un infrecuente equilibrio entre los elementos de un teatro alternativo con la inteligente cuota de algo más comercial.

“Los espectadores no tienen que haber leído Rayuela para entender esta obra; el símbolo del juego de la Rayuela en sí mismo, esto de ir de la Tierra al Cielo a los saltos, a través de una serie de pruebas, de alguna manera marca el recorrido de la vida de Lisandro: un tipo que se tuvo que ir a España en 1978, exiliado, porque escribía, opinaba; claramente, alguien muy peligroso para esa época, que un día regresa”, dijo Arana, que en la obra dirigida por Andrés Bazzalo que hoy llega a Rosario comparte el escenario con los talentosos Esteban Meloni, Paula Ransenberg, Daniel Dibiase y Heidi Fauth.

“Lisandro se tuvo que ir, como tantos otros, porque alguien que piensa se vuelve peligroso. Dejó aquí una hijita por entonces de 4 años, y esa vuelta tan complicada es toda una aventura para que se produzca el reencuentro con esa hija. Es una obra con un nudo dramático muy claro, muy popular, también muy vigente, con un humor vital y, al mismo tiempo, un grado de sensibilidad muy especial”, opinó el actor que por estos días también disfruta de los elogios por la composición de un hombre no vidente en la película Delicia, de Marcelo Mangone.

Un personaje a medida

 

“Los que cumplimos 70 años ya podemos constatar la finitud; este personaje, que tiene mi edad, ve que su vida se termina pronto y quiere reparar un error enorme como fue no volver a ver a su hija”, dice el actor, que en escena desanda grandes momentos junto al talentoso Esteban Meloni, un joven trabajador del aeropuerto que viendo la situación que atraviesa Lisandro con la valija y los libros se lo lleva a su casa, donde el personaje desata otra pequeña gran revolución con su singular manera de poner en valor el aquí y ahora de la vida.

“Es un personaje entrañable porque es alguien que piensa, que reflexiona, y por eso tanto a él como la madre de su hija, que está desaparecida, los persiguieron en la dictadura. Para los grandes poderes, la posibilidad de reflexión siempre es un peligro. Cuando veo a diario que tenemos un 80 por ciento o más de malas noticias, no es algo inocente: bombardear a una sociedad con malas noticias es fragilizarla; tampoco no dar las malas noticias porque eso sería censura. Pero, bombardeada de malas noticias, la gente no puede pensar qué está pasando; tenemos miedo de salir a la calle, el futuro es negro y la dignidad está por el piso; así no se puede reflexionar nada”, analizó. Y completó: “La posibilidad de reflexión, que es una marca en este personaje, siempre es un peligro para los poderosos, los dueños de los capitales, la banca internacional; y eso pasa ahora en todo el mundo, no sólo en la Argentina”.

Arana, cuya carrera televisiva va desde recordados personajes en ciclos como Matrimonios y algo más hasta su inolvidable y reciente Pedro Leone en la tira La Leona, pasando por un debut en el cine en El Santo de la Espada, de 1970, junto a Alfredo Alcón, “con el que tomaba mate en Campo de Mayo en un papel chiquito, pero era como estar con San Martín”, dijo que en el teatro “la gran aventura es que siempre esté vivo”.

“En el teatro, siempre decís el mismo texto y estás en la misma situación, pero yo no puedo nunca estar copiando lo que hice ayer; no puedo trastocar esos valores que le dan intensidad a eso que está viviendo el personaje”, dijo contemplativo. Y completó: “Hacer teatro es como cruzar la selva todas las noches, pero eso me hace mantener a mi niño vivo; yo soy todas las noches en el escenario ese mismo niño que jugaba a los cinco años; yo soy ese mismo niño que fui, el mismo que fabricaba un caballo blanco arriba de un escobillón y cabalgaba, sabiendo que era un escobillón”.