Ciudad, Edición Impresa

Eternos en la red social

La muerte física y la muerte electrónica

Ante el fallecimiento de un usuario, Facebook diseñó un mecanismo de legado y conmemoración.


El caso de la joven fallecida tras concurrir a la fiesta electrónica en el complejo Punta Stage de Arroyo Seco reactivó una de las tantas disyuntivas que nacieron con el auge de internet y las comunidades virtuales.

Muchos habrán experimentado un sentimiento de contrariedad al acceder a un perfil de red social, particularmente Facebook, que perteneció a un contacto ya fallecido y que sigue, autónomo, su existencia virtual. Una sensación que es más traumática si se trata de un amigo o un familiar. Y claro, hasta hace poco, si nadie más conocía la contraseña de una cuenta cuyo titular había muerto, el reflejo cibernético de esa vida real apagada proyectaba una enojosa y falsa luz por internet. La empresa fundada por Mark Zuckerberg tomó nota y diseñó un mecanismo para sortear tal disonancia: ahora, el usuario puede elegir si, cuando fallezca, quiere que la compañía retire su perfil o, en cambio, se convierta en lo que denomina “conmemorativo”. Para eso, hay que designar un “contacto de legado”, que será quien administrará la cuenta cuando ya no esté quien la abrió.

El procedimiento es de fácil acceso, similar en concepto al que le permite a una persona anticipar el destino final de sus restos físicos: basta ir al margen superior derecho de la página de Facebook, clickear sobre el último ícono y en el desplegable ir al ítem “configuración”. En la ventana que se abre, elegir a continuación “seguridad” y posteriormente “contacto de legado”. Allí, se puede optar por transferir a un amigo o familiar el control de la cuenta, o marcar la opción de solicitud de eliminación permanente de la misma. En este último caso, deberá ser un familiar quien, con una documentación escaneada que la misma red social detalla, certifique su parentesco y el fallecimiento del titular de la cuenta.

Si el titular del perfil opta porque un amigo –por ahora sólo entre los contactos– administre la página tras su muerte, se abren otras opciones, como permitir o no que los amigos publiquen mensajes en el muro. De cualquier modo, está contemplado que no sucedan enojosos acontecimientos como el recuerdo de la fecha de cumpleaños, o sugerencias de amistad por parte del perfil conmemorativo.

El contacto de legado que habilita Facebook tiene permisos y prohibiciones. Puede escribir una publicación marcada en tu perfil (por ejemplo, para compartir un último mensaje en tu nombre o para proporcionar información sobre el funeral), responder a nuevas solicitudes de amistad, actualizar la foto de perfil y portada. Pero no le está permitido eliminar o cambiar publicaciones o fotos antiguas ni otras cosas que el titular haya compartido en su biografía, ni leer sus mensajes o eliminar personas de la lista de amigos.

Hasta aquí, lo técnico respecto de cómo la red social pretende resolver una de las tantas paradojas que desatan las nuevas formas de la comunicación. Lo que a partir de esto queda es una discusión de fondo que atañe a cuestiones como el derecho al olvido, la disolución de las privacidades y otras recientes discusiones. En definitiva, sobre quién ejerce un apabullante dominio sobre las vidas –sus huellas, datos, recuerdos– expuestas a opacas tecnologías.

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