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EN ESCUELAS Y BIBLIOTECAS

“La lectura, una práctica educativa profundizada en la pandemia”

El profesor en letras de la UNNE Oscar Yaniselli, asesor del Plan Nacional de Lecturas, rescata el trabajo docente para que la literatura esté al alcance de las infancias y los jóvenes. Anticipa que en poco tiempo llegará a las aulas de todo el país la colección “Leer por Leer”


Marcela Isaías 

La lectura es una de las prácticas educativas que más se sostuvo en la pandemia. Se potenció y multiplicó en las escuelas de todo el país, en distintas experiencias, en especial las mediadas por las pantallas.

La afirmación la comparte el profesor en letras de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) Oscar Yaniselli, asesor del Plan Nacional de Lecturas y formador de docentes.

La pauta de cómo maestras y maestros se las ingeniaron para que los cuentos, relatos y poemas lleguen a sus alumnas y alumnos lo revela –entre otras fuentes– un reciente curso de capacitación sobre la lectura del que participaron más de cuatro mil docentes de todo el país.

En ese espacio compartieron cómo hicieron para que llegue la lectura en este tiempo de aislamiento sanitario.

Yaniselli también integró el equipo –coordinado por Mempo Giardinelli– que seleccionó los textos que forman la nueva colección de Leer por leer destinada al nivel primario, y que en poco tiempo llegará a las escuelas.

El educador tiene un recorrido de más de 25 años dedicado al fomento del libro y la lectura y coordinó por más de ocho años el Plan de Lectura de su provincia, el Chaco. Elige ante todo presentarse como docente: “Es necesario revalorizar el rol docente, para construir el conocimiento con otros, como nos enseñó Paulo Freire”.

—¿Cómo apoyar la idea de que la lectura sea una práctica amorosa, deseada, aun en pandemia?

—En todo el país hemos visto cómo los docentes en general, y los bibliotecarios en particular, empezaron a transitar nuevos soportes y plataformas para compartir libros, lecturas, recomendaciones de títulos y autores. También leyendo en voz alta. No es una práctica habitual ni fácil grabarse leyendo frente a una cámara, exponerse públicamente y, sin embargo, lo han hecho porque era la única posibilidad de encuentro con los potenciales lectores. Todo el mundo tuvo que repensar sus prácticas y, en ese marco, los nuevos dispositivos tecnológicos ayudaron a que siga sucediendo la lectura. Me consta que en todo el país hemos visto un enorme trabajo de las y los docentes, bibliotecarias y bibliotecarios. Sé que semanalmente mandan por las redes sociales (Facebook) o por WhatsApp lecturas grabadas y de esa manera mantienen un vínculo con sus alumnas y alumnos. De esto se ocupa también el Plan Nacional de Lecturas, que en su página (en Facebook y en el sitio educ.ar) cuenta con mucho material como audiolibros, con autoras y autores nacionales que prestaron su voz para leer sus propios textos, hay mucho material circulando. Obviamente que nada reemplaza a la presencialidad, porque el acto de la lectura necesita del contacto cercano, el niño o el joven necesita ver el libro, incluso el gesto corporal de la lectura que hace el adulto cuando lee; y eso a veces a no se puede reemplazar desde la virtualidad. A pesar de que a veces se escucha de referentes políticos que la escuela no está funcionando, eso no es verdad: la escuela ha seguido funcionando y el fomento de la lectura ha sido una de las aristas más fuertes que se ha visualizado.

—¿Cómo han llegado los libros a mano de las chicas y chicos, allí donde no hay pantallas? 

—En el Plan de Lecturas del Chaco, donde estoy asesorando, cuando se pudo (sanitariamente) acordamos que en las bibliotecas haya guardias mínimas, esto porque hay muchas familias que no cuentan con teléfono o a veces hay uno solo para cuatro o cinco niños. Así los libros siguieron circulando, las familias van una vez a la semana, los retiran, aunque sin una práctica de mediación de lectura presencial. Y así como los bibliotecarios, ante la situación de pandemia, han tenido que iniciar prácticas de lectura mediadas por las Tics, también las familias han iniciado prácticas de lectura en voz alta con sus propios hijos con los libros que retiraron de las bibliotecas escolares. Bienvenido sea.

—Experiencias que con distintas ideas se han replicado en todo el país ¿Es así?

—En estos días estamos cerrando el curso La escuela y la biblioteca como comunidad de lectura del que participaron más de cuatro mil docentes de todo el país y que dimos con el Plan Nacional de Lecturas, en coordinación con el Instituto Nacional de Formación Docente (Infod) y a través de la Plataforma Federal Juana Manso. En ese marco, docentes de todo el país cuentan las distintas experiencias de lectura que han desarrollado y que siguen desarrollando. Son experiencias que hablan de la diversidad de prácticas de lectura, donde abundan las mediadas por las Tics (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Si hay un tema que se abordó, se trabajó y se sostuvo durante la pandemia, son las prácticas lectoras. Una de las aristas más fuertes de la práctica educativa fue la potenciación y el sostenimiento de prácticas lectoras en todo el país. Hemos tenido oportunidad, a través de la plataforma Juana Manso, de leer el trabajo que están haciendo más de cuatro mil docentes de toda la Argentina, y nos damos cuenta que esto sucedió desde Tierra del Fuego hasta La Quiaca. Y en muchas comunidades pequeñas hasta se pudo sostener la presencialidad. Hay una diversidad de realidades que permitió que la escuela y la biblioteca sigan existiendo, profundizando ese vínculo con sus lectores, porque los libros llegaron de alguna manera y siguen llegando. Si uno hace una evaluación del sistema educativo, de las prácticas educativas que se sostuvieron y profundizaron, una de esas fue indudablemente la lectura.

—En estas capacitaciones se habla de la “pedagogía de la lectura” ¿Qué la caracteriza? 

—La “pedagogía de la lectura” o, como algunos teóricos la llaman, “Nueva pedagogía de la lectura” viene consolidándose desde hace más de cinco décadas. Todos sus postulados teóricos se nutren de experiencias de lecturas concretas, de análisis y reflexiones que surgen de ponencias, tesis, de ensayos de docentes y bibliotecarios mediadores; de especialistas y de escritores que además de escribir literatura reflexionan sobre la importancia de leer, el derecho de acceder a los libros, la trascendencia de la literatura en la primera infancia, el derecho a la lectura, la literatura infantil y juvenil, la mediación como forma de intervención didáctica válida para la formación de lectores y sobre el rol fundamental de las familias, las bibliotecas y la escuela en el proceso de democratización de la cultura escrita. La “pedagogía de la lectura” no es una nueva teoría sino un enfoque que pretende revisar los postulados y enfoques teóricos anteriores, como los conductistas. Se nutre de teorías que se piensan en la práctica concreta y no sólo desde los claustros universitarios. Quienes aportan a este enfoque son docentes, escritores, mediadores, bibliotecarios que diariamente realizan prácticas de lectura y reflexionan sobre esas prácticas. Se nutre de ponencias, como los materiales que produce el Foro (Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura que cada año se realiza en el Chaco) que abonan al campo de esta “Nueva pedagogía de la lectura”.

—¿Qué autoras y autores de la literatura infantil no deberían faltar en las escuelas? 

—Están en proceso de impresión los ejemplares de Leer por leer del Plan Nacional de Lecturas para el nivel primario. En poco tiempo seguramente estarán llegando a las escuelas. Son tres tomos para las escuelas de la Argentina. Cada uno reúne 180 textos, para que tengan asegurado para cada día (del calendario escolar) un texto de calidad. El trabajo de armar esos tomos lo hizo un grupo de escritores y escritoras, coordinados por Mempo Giardinelli. Estuvieron Mempo, Oche Califa, Mario Méndez y yo participé como docente. También las escritoras María Teresa Andruetto, María Cristina Ramos, Graciela Bialet y Cinthia Kuperman. En ese trabajo están las y los autores de nuestro país que consideramos no deben faltar, los imprescindibles, comenzando por María Elena Walsh. Hay una gran variedad de títulos y autoras y autores, como Graciela Cabal, Graciela Montes, Ema Wolf, Elsa Bornemann, Gustavo Roldán, Liliana Bodoc y Laura Devetach. Se trató de incluir autoras y autores de todo el país, de cada región.

—Este es el año del centenario del natalicio de Paulo Freire ¿Qué pasa con las prácticas lectoras bajo la mirada de la educación popular? 

—Siempre marcamos la necesidad de revalorizar la figura de Paulo Freire y sobre todo su conceptualización de lo que para él era la lectura. Cada encuentro con docentes o bibliotecarios tratamos de iniciarlo con algún texto suyo. Freire tenía un concepto sumamente claro de que todos podíamos leer. Y que la lectura no era solamente la convencional de los escritos, sino la lectura del mundo. En ese marco está la pedagogía de la lectura, un enfoque con el que hablamos de leer, compartir la lectura y después desarrollar una conversación literaria. Esta pedagogía no busca analizar los textos literarios, ni tampoco que los lectores sean especialistas en literatura sino que accedan a los textos. Para eso primero tiene que haber textos, el Estado debe mandar libros a las escuelas, y debe haber mediadores adultos que hagan convites diarios, que abran esos libros y presten su voz para realizar esas prácticas de lecturas en voz alta. El autor inglés Aidan Chambers propone leer y conversar, una idea que se vincula mucho con lo que proponía Freire, con ese paradigma de la educación popular entendiendo que todos pueden leer. Ese mediador o mediadora no lee solo en ámbitos escolares sino en ámbitos comunitarios en donde quizás haya gente que nunca se vinculó directamente con un libro pero que puede leer, interactuar y sus reflexiones y sus interpretaciones son siempre válidas. Tal como nos enseñó Freire.

 

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