Política

Juicios por la verdad

“La justicia federal convocó a la universidad como garantía científica”

Alejandra Buzaglo fue la arquitecta responsable de los trabajos de peritaje en los ex centros clandestinos de detención en Rosario que se hicieron entre 2005 y 2009. Habla de la importancia de estos relevamientos que ayudan a reconstruir parte de la memoria local


El equipo estuvo a cargo de relevar y maquetar La Calamita en Granadero Baigorria y cuatro espacios más que fueron utilizados como centros clandestinos de detención. Foto: Museo de la Memoria.

En diciembre de 2005, un móvil policial llegó a la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño en busca de “un arquitecto idóneo en derrumbes”. El pedido venía de la Justicia Federal, en un contexto de reciente apertura de juicios de lesa humanidad en todo el país. Ese fue el primer paso para lo que al año siguiente se constituiría como un equipo que estaría a cargo de relevar y maquetar La Calamita y más tarde cuatro espacios más que durante la última dictadura cívico militar fueron utilizados como centros clandestinos de detención –CCD– y tortura.

El 24 de marzo del año siguiente, en 2006, se constituyó el área de Derechos Humanos en la Facultad. Quien lo dirigió fue Alejandra Buzaglo que también terminó siendo la responsable a cargo del equipo que generaría maquetas de los ex CCD. La arquitecta y docente de la UNR define al contexto como “alucinante, de mucho optimismo político”. Subraya que por entonces nadie en la facultad tomaba estos temas y que desde 2001 había una disociación muy grande entre academia y lo que pasaba en el territorio, en las calles.

“Abrimos una pasantía abierta, me acerqué a las agrupaciones, busqué gente que no solo supiera del oficio, que sean buenos estudiantes y maquetistas, sino que también intenté poner en relevancia la circunstancia histórica de poder participar de este trabajo”, cuenta.

El pedido de realizar maquetas sobre estos lugares fue inédito, Buzaglo plantea que es algo propio del proceso de justicia y memoria de Rosario ya que en otros lugares del país no se hizo. Recuerda que en un principio, creyeron que tal pedido podía ser una traba para el avance de las causas, les resultó muy extraño. Sin embargo, con el tiempo fueron tomando conciencia de la importancia del trabajo que estaban realizando.

“La Justicia Federal convocó a la universidad como garantía científica para determinar qué registros materiales pueden ser documentos de memoria. Las maquetas son un instrumento de precisión, no es algo aproximativo. Fue un trabajo muy grande”.

Alejandra Buzaglo.

 

Entre 2005 y 2009 relevaron cinco CCD: La Calamita, el Servicio de Informaciones, la Quinta de Funes, la Quinta de Fisherton y la Fábrica de Armas Domingo Matheu. El primero fue La Calamita, ubicado en Granadero Baigorria, y fue donde aprendieron de nuevo esta modalidad de trabajo de maquetar: ya que no había antecedentes tuvieron que imaginar y ejecutar nuevas formas de relevar los materiales a disposición.

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Durante el proceso, no tenían contacto con testimonios de sobrevivientes, aquellos no debían suponer una guía para su trabajo sino que debían lograr que la misma “materialidad hable”. Buzaglo señala que hasta ese momento, las maquetas tenían una forma bastante abstracta. Para estos peritajes tuvieron que tomarse el tiempo de pensar, por ejemplo, cómo vería una persona tiene los ojos vendados el techo, el piso, una puerta. En este sentido, después de la realización de la primera maqueta, de La Calamita, les pasó lo siguiente: la hija del sereno de este lugar -a la que contactaron desde la Facultad para que viera la pieza- no reconoció el lugar. Entonces, consideraron que esa abstracción propia de las maquetas estaba en exceso y no estaba al servicio de una verdad histórica. Ya que, de alguna manera, durante los juicios sus maquetas sirven para validar o no los testimonios de sobrevivientes.

“Los planos de estos sitios están desaparecidos”

En 2016 se demolió la Quinta de Fisherton. El juicio por los crímenes que se cometieron allí comenzó este año, por lo que todo el material reunido por el equipo es fundamental ya que actualmente no se pueden tomar más pruebas o hacer nuevas visitas.

Cada CCD tiene sus particularidades pero los lugares elegidos por los militares para llevar adelante sesiones de tortura tenían características que podían responder a diversos requisitos como lograr algún nivel de aislamiento (para que no escuchen los gritos de las víctimas) o que los materiales de las paredes o pisos pudieran ser de fácil limpieza (para borrar manchas de sangre).

Además de las maquetas, el equipo tomó fotos y videos e intentó localizar los planos de cada espacio. Ahí se encontraron con un problema: “Los planos de estos sitios están desaparecidos. En ningún archivo público están los lugares que funcionaron como CCD. Esto fue algo que no nos esperábamos”. Así que también tuvieron que reconstruirlos. “El plan sistemático de desaparición de personas es tan claro que ni siquiera dejaron huellas de los planos de los sitios que fueron CCD”.

En este sentido, el caso que más les sorprendió fue el del ex Servicio de Informaciones -Dorrego y Santa Fe- ya que es un edificio emblemático del poder político en la ciudad: sin embargo, aunque encontraron su plano original no pudieron conseguir el que contenía las reformas que le hicieron para acondicionarlo como centro de tortura.

La mayoría de los lugares sufrieron modificaciones antes y después de ser CCD. En segundo lugar para borrar huellas de las detenciones, hacinamientos y torturas.

Por último, Buzaglo describe una utilidad que algunos sobrevivientes le dieron a sus maquetas, algo que les fue inesperado: muchas de las personas que pasaron por el ex Servicio de Informaciones -el mayor CCD de Rosario y la provincia de Santa Fe- utilizaron la maqueta para reunirse alrededor y reconstruir su propia memoria individual y colectiva.

Todo el material que relevaron en cuatro años de trabajo lo donaron al Museo de la Memoria bajo el nombre Patrimonio Hostil. Son documentos públicos, de libre acceso para toda la ciudadanía.

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