El Ciudadano Global

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La integración africana, una verdadera incógnita

Cada 25 de mayo se celebra internacionalmente el “Día de África” en conmemoración de la creación de la Organización de la Unidad Africana (OUA) en el año 1963.


Carla Morasso

Cada 25 de mayo se celebra internacionalmente el “Día de África” en conmemoración de la creación de la Organización de la Unidad Africana (OUA) en el año 1963. Este organismo encarnó institucionalmente los idearios panafricanistas de los líderes de la descolonización y hoy, ya convertido en Unión Africana (UA), continúa reflejando las aspiraciones de integración regional. Es por ello que el reciente anuncio de la firma de un Acuerdo de Libre Comercio en el marco de la UA nos invita a reflexionar sobre la unidad africana y a preguntarnos sobre la viabilidad de un área de libre comercio de escala continental.

El proyecto para poner en marcha un área de libre comercio africana fue lanzado en 2015 como una de las iniciativas insignias de la “Agenda 2063” de la UA. Esta agenda representa la visión del “Renacimiento Africano” y propone un plan de transformación estructural para el desarrollo inclusivo y sustentable, entre cuyos pilares se encuentra la integración económica-comercial. Así, tras varias rondas de conversaciones y el trabajo de un comité de alto nivel, durante la última reunión de Jefes de Estado de la UA, realizada en marzo pasado en Kigali (Ruanda), 44 países suscribieron el tratado del Área de Libre Comercio Continental (Cfta, por sus siglas en inglés).

Se espera que el Cfta entre en funcionamiento en 2019 y que a partir de su implementación se duplique el comercio intrarregional. Sin embargo, hay fuertes indicios de que esta meta pueda alejarse en el tiempo. Entre los principales factores a tener en cuenta podemos señalar la superposición y el solapamiento de normas y esquemas tarifarios entre los ocho esquemas de integración subregional que ya existen; la debilidad de las estructuras institucionales, tanto nacionales como regionales; y la escasez de financiamiento para el mantenimiento de las organizaciones de integración –basta como ejemplo considerar que la UA en gran parte se financia con fondos de la Unión Europea–.

Junto a las mencionadas limitantes debe mencionarse especialmente la débil infraestructura para la conectividad intra–africana y la extroversión de su comercio internacional. Las principales rutas, puertos y aeropuertos responden a la lógica colonial donde la producción africana es exportada fuera del continente. Así vemos como sólo un cuarto del total del comercio del continente se realiza entre los países africanos. Por otra parte, también deben considerarse las situaciones de inestabilidad política y focos de violencia que atraviesan la región, tales como los conflictos civiles en Somalia, Sudán y la República Democrática del Congo y el accionar de grupos terroristas en el Norte africano en Somalí y en Nigeria.

Otro dato no menor a tener en cuenta, es que el Cfta, a pesar de haber sido impulsado fuertemente por otros organismos como el Banco Africano de Desarrollo, la Unión Europea y la Comisión de Naciones Unidas para África, no fue firmado por la totalidad de los miembros de la UA. Pero lo más significativo es que entre los ausentes estuvieron Sudáfrica y Nigeria, las dos mayores economías subsaharianas. Esto no implica que en el futuro no se sumen al Cfta, de hecho adujeron continuar estudiando la propuesta, pero su actual negativa complica la viabilidad política de la implementación a corto plazo y pone de relieve las fuertes asimetrías regionales y el juego de intereses domésticos que se plasman en las negociaciones regionales.

Este conjunto de problemáticas abre interrogantes importantes sobre el futuro del área de libre comercio regional. Pero no todas son malas noticias. Es necesario tener presente el crecimiento de las economías africanas en los últimos años, el dinamismo que ha generado la presencia de China en la región, el fortalecimiento de los mercados internos y sobre todo, la voluntad africana de continuar con el proceso de integración y dar a África una voz más potente en el concierto mundial. De hecho, este proyecto de zona de libre comercio mantiene las banderas del “Plan de Acción de Lagos” de los años ochenta, dando cuenta así de la persistencia de un panafricanismo aún latente en los proyectos políticos.

África es un continente con marcadas heterogeneidades y un legado colonial que persiste a través del tiempo: hablamos de 55 países cuyas economías se basan en la exportación de reducidos números de commodities, donde no se desarrolló la industria y donde casi la mitad de la población es pobre. Es por ello que muchos esperan que la integración africana sea una herramienta para fortalecer las economías y contribuir con los objetivos de desarrollo. Pero aún es un escenario muy lejano y de nada servirá la integración sino contribuye realmente a romper con las “4D”: dependencia tecnológica; dependencia de la importación de alimentos; dependencia de los flujos financieros externos; y dependencia de la exportación de materias primas.

Docente de la Escuela de Relaciones Internacionales

Coordinadora del Programa Estudios América Latina – África (PEALA)

Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales – Universidad Nacional de Rosario

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