Economía

Panorama económico

La industria se suma al grupo de perdedores

Los últimos datos del Indec muestran que la producción profundizó la caída, y explica en parte la progresiva destrucción de puestos que releva la Secretaría de Trabajo de la Nación. La volatilidad cambiaria y las altas tasas de interés del BCRA están llevando al quiebre de la cadena de pagos


Fundación Pueblos del Sur (*)

Los últimos datos publicados por el Indec confirman que la producción industrial en Argentina profundizó su caída, lo que explica en parte la progresiva destrucción de puestos de trabajo que releva la Secretaría de Trabajo de la Nación. Se trata de un modelo económico que, a la hora de castigar con rigor, no hace discriminación entre producción y trabajo.

Desde la asunción de Cambiemos al gobierno, la industria manufacturera ha sido uno de los sectores que más sufrió los efectos de las políticas económicas. Las empresas se vieron perjudicadas por varios factores: la apertura comercial (entrada indiscriminada de productos importados), el aumento en los costos (insumos importados, tarifas, combustibles y financiamiento) y la contracción del consumo interno. Sólo aquellas firmas con poder y capacidad para fijar precios han lograron compensar los incrementos de costos y la caída en las ventas, pero con un mercado más chico y pobre, las perspectivas tampoco son buenas para las grandes empresas.

En septiembre, mes signado por la volatilidad cambiaria y el rebrote inflacionario, la actividad industrial se contrajo por quinto mes consecutivo. La caída fue del orden del 11,5% en términos interanuales, en tanto que la caída acumulada en lo que va del año asciende a 2,1% respecto de igual periodo del año anterior.

Los altos niveles de volatilidad cambiaria y las altas tasas de interés impulsadas por el Banco Central están complicando el funcionamiento de las empresas y llevando al quiebre de la cadena de pagos. Las tasas de interés de referencia al 70% anual terminaron de cerrar el acceso al financiamiento bancario para las todas las empresas, aún aquellas con buenas calificaciones bancarias.

Esta retracción en la actividad industrial se observa en los bloques que componen el sector; la única excepción refiere a las industrias metálicas básicas (acero y aluminio) que subieron un 2,5% interanual, y que se caracterizan por un nivel elevado de concentración. En efecto, once de los doce sectores que comprenden al sector manufacturero sufrieron caídas importantes, y la retracción del consumo interno aparece como el factor principal que explica esta situación.

La industria textil es la que mayor caída presentó en términos interanuales (específicamente, cayó 24,6%). Le siguieron la edición e impresión con -21,6%, la metalmecánica excluida la automotriz (-20,5%), los productos de caucho y plástico (-20,4%), los productos del tabaco (-15,8%), el sector automotriz (-15,7%), la refinación de petróleo (-11%), y el bloque de papel y cartón (-8%). Asimismo, las sustancias y los productos químicos, los alimentos y bebidas, y los minerales no metálicos se contrajeron 4,7%, 3,2% y 3%, respectivamente.

El sector automotriz, que venía mostrando una tendencia alcista producto de las exportaciones a Brasil, se contrajo un 15,7% en septiembre con respecto a igual mes de 2017. Esta caída denotó que aun con un dólar cercano a los 41 pesos no se logró incentivar la producción destinada a la exportación ya que, junto con la demanda interna, las ventas al país vecino cayeron también. Este es un dato no menor, puesto que el sector automotriz y la industria de minerales no metálicos habían sido los sectores que venían amortiguando la caída de la industria en su conjunto, pero en septiembre se sumaron a la contracción.

El desplome de la industria argentina, profundizado a partir del mes de agosto, resulta preocupante porque implica menos valor agregado para la producción nacional y menos trabajo. Los pronósticos no son favorables para el resto del año, puesto que se anticipa una caída del consumo privado del 3,4% anual. Tampoco para 2019, año en que el propio gobierno (que siempre ha sobreestimado la realidad) prevé una contracción del consumo de 1,6%.

En términos de empleo la industria sigue expulsando mano de obra. Al mes de agosto de 2018 (antes de los efectos más duros de la crisis y las medidas recesivas de estabilización) ya se registraban 33.170 puestos de trabajo menos que los computados en igual mes del año anterior.

En vista de que el gobierno ha asumido una posición férrea en la defensa de este modelo, no se prevén medidas económicas que le permitan al sector industrial mejorar su situación en el corto plazo, más aun teniendo en cuenta el aumento de impuestos y el ajuste fiscal previsto para 2019 y exigido por el Fondo Monetario Internacional.

No está de más recordar que los países desarrollados están muy lejos de abandonarse al mercado, puesto que han logrado tal status priorizando la industria y promoviendo la incorporación de valor agregado. Difícilmente la economía argentina pueda encaminarse en un sendero de crecimiento y desarrollo sostenible sin una industria dinámica que genere trabajo de calidad, sustituya importaciones y se proyecte con éxito al mercado externo.

 

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