Septiembre, Suplementos

Fundacional

La importancia de la letra T

El 11 de setiembre de 1973 nacía la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera), marcando la culminación de un largo proceso de unidad de la docencia y el comienzo de una trabajosa etapa de organización interna


Juan Pablo Sarkissian

El 11 de setiembre de 1973 nacía la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera), marcando la culminación de un largo proceso de unidad de la docencia y el comienzo de una trabajosa etapa de organización interna.

El nacimiento de Ctera estuvo atravesado por contexto político que vivía el país, como producto de largas luchas sostenidas desde el sindicalismo junto a otros sectores de la sociedad.

Hasta la década del 70 la relación entre los sindicatos, agremiaciones u otras formas organizativas de las y los docentes y el movimiento obrero era escasa. Sin embargo, militantes de distintas vertientes aportaron concepciones diferentes, que eran el emergente de debates anteriores.

El proceso de unidad se concretó en dos instancias. Primero, en un congreso realizado en la mítica Huerta Grande, provincia de Córdoba en agosto de 1973; que once años antes había elaborado y propuesto a la sociedad argentina un programa político que marcaría para siempre la historia del movimiento obrero. Y hubo un segundo congreso un mes después, el 11 de septiembre en Capital Federal donde se selló la unidad.

Como una gambeta trágica del destino, esa misma mañana en que se fundaba Ctera, el mundo se enteraba que en Chile un sangriento golpe de Estado derrocaba el presidente Salvador Allende.

El potente debate de esos tiempos en el magisterio era si la figura de “apóstol”  superaba o remplazaba a la de trabajador. Hablar de apostolado inducía a pensar que no había derechos laborales y que la docencia no formaba parte de una clase, la trabajadora.

También la mirada profesional, en su concepción liberal, despegaba a la docencia del conjunto de trabajadores y relegaba las problemáticas comunes a las del resto del movimiento obrero, y lo ligaba más a un “un sector social”.

De Confederación General de Educadores de la República Argentina (Cgera) a Ctera hubo un punto clave, la “T”. Esta sola letra potencia y resume el elemento constitutivo y profundamente filosófico de lo reflejado en el 73 en su Declaración de Principios.

En aquel documento fundacional de la organización, su artículo 1° señalaba: “La educación es un derecho de todo el pueblo y, por lo tanto, constituye un deber y una función imprescriptible, indelegable e inalienable del Estado, que responderá a las necesidades individuales y sociales del hombre argentino.”

La conciencia de unidad no se dio únicamente por el contexto del momento, también fue posible producto de la grandeza de dirigentes, que a pesar de sus diferencias, supieron encontrar los puntos de acuerdo y relegaron mezquindades de corto alcance.

Isauro Arancibia, asesinado por la dictadura más sangrienta de América Latina el mismo 24 de marzo de 1976, Marina Vilte, Alfredo Bravo, redactor del primer comunicado de Ctera en repudio al golpe de Estado en Chile y Carlos De La Torre, del Sindicato de Trabajadores de la Educación de Rosario (Sinter), entre otros, materializaron la Ctera, que en la actualidad es el más grandes de los sindicatos argentinos.

Y, además, continúa sosteniendo aquellos principios fundacionales del 11 de septiembre de 1973 de compromiso con el pueblo,  como lo hizo el primer día.

 

 

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