El Hincha, País

Sudamericano Juvenil de Venezuela de 1977

La historia de Sergio Luna, dueño de la 10 albiceleste en el primer partido como titular de Maradona

El ex futbolista y padre de Damián Luna, campeón con San Lorenzo en la Copa Sudamericana 2002, recordó su relación con Diego y sus años de carrera


Diego Maradona junto a Sergio Luna, el dueño de la 10.

 Federico Giannetti – Agencia Noticias Argentinas

 

Sergio Luna podrá contar hasta el último día de su vida que fue el dueño de la camiseta número 10 de la Selección argentina en el debut como titular de Diego Armando Maradona, en un torneo oficial.

En su primer certamen con la albiceleste, el Sudamericano Juvenil de Venezuela disputado en 1977, la 10 pertenecía a Luna, un talentoso futbolista cordobés que en ese momento jugaba en Sportivo Belgrano, cuya presencia en el plantel llevó a Maradona a usar la 9.

“Primero fui a entrenar sin participar, después estuve en la Reserva y a los 16 o 17 debuté en la Primera en la Liga Cordobesa. En ese momento se estaba formando la Selección Juvenil, preguntaron quiénes estaban jugando en la Primera División y me citaron”, recordó Luna en una entrevista con NA sobre sus inicios con la pelota.

Ese joven futbolista llamó la atención de, nada más y nada menos, que César Luis Menotti“Hablaba muy bien de mí, fui uno de los jugadores antes del Mundial 78 declarado intransferible, que no podía ser vendido al extranjero. Fue una etapa muy linda, a veces pienso que en ese momento no la valoricé”, señaló.

Antes de comenzar su recorrido, Luna había tenido dos grandes frustraciones: tras probarse y quedar en River y en Boca, no pudo llegar a ninguno de los dos clubes por falta de lugar en la pensión y por haber sido comprado por Sportivo Belgrano, respectivamente.

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Antes de su paso por el seleccionado Sub20, Maradona ya había debutado en Argentinos Juniors y había ingresado desde el banco en un amistoso con la Selección mayor, pero todavía no había sumado minutos como titular en un partido oficial con la celeste y blanca.

“Entró como entraba siempre, con los botines desatados, tirando la pelota para arriba, pegándole con un hombro, con el otro… Era asombroso, una calidad humana muy buena y en lo futbolístico ha sido lo más grande que he visto”, relató Luna sobre el primer instante en el que conoció al astro.

Y añadió: “Con la Selección fuimos a Venezuela, que no pudimos clasificar, pero tengo el orgullo de decir que Diego jugó con la 9 y yo con la 10. Fue un honor enorme compartir equipo con él, aunque el desempeño no fue el esperado”.

En su carrera, Luna estuvo también en Vélez, Racing, León de México, Colón de Santa Fe, Sarmiento de Junín, San Lorenzo, Wilstermann, Litoral y The Strongest de Bolivia, donde se convirtió en figura e ídolo.

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La particularidad es que se metió en la historia del “Ciclón”, donde tuvo un muy buen rendimiento en 1983, a partir de un hecho curioso: junto a Damián, campeón de la Copa Sudamericana 2002, forman parte de la selecta lista de cinco padres e hijos que vistieron la camiseta azulgrana.

“Lo hablo y se me pone la piel de gallina. Me enorgullece haber vestido la camiseta de San Lorenzo y que Damián haya seguido mis pasos. Me acuerdo los primeros días que lo llevábamos a Infantiles, siempre pensamos que tenía cualidades y mucho amor por el fútbol. Creció y logró los objetivos. Es un orgullo ser su padre como futbolista y como persona”, dijo Sergio a Noticias Argentinas.

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Además de papá, fue entrenador de quien luego sería apodado como el “Pibe Maravilla” en su paso por las Juveniles del elenco de Boedo. Al respecto, rememoró: “Uno como padre tiene que tener cuidado de no hacerle daño a su hijo, de no cargarle muchas exigencias. Quizás por momentos estuve equivocado, quería que él pudiera dar lo mejor. Siempre estaba pensando que podía dar más, pero ahora veo que hizo muchas cosas importantes”.

“Pasar de amateur a tener el reconocimiento, ser el ‘pibe maravilla’, ganar la Copa Sudamericana, todo eso fue muy lindo y lo vivimos con una gran intensidad. A mí me había quedado mucho cariño con San Lorenzo por haber jugado mis últimos años en la Argentina en ese maravilloso club. Después de lo de Dami, prácticamente somos hinchas”, prosiguió.

Damián, por su parte, también se reconoce sumamente “maradoneano”: “Como hijo es un orgullo que mi viejo haya jugado con Diego. Desde chiquito tengo el recuerdo de lo que se lo quería en la casa, de ver videos cassettes, llorar en el Mundial 94… Después papá me llevó a verlo en un San Lorenzo-Boca, que lo vimos chiquitito desde la tribuna pero es algo imborrable”, contó a NA.

“Me arrepiento de no haber intentado provocar algún encuentro. Me lo crucé una vez en el Luna Park, estaba con su último entorno en una pelea de Vale Todo y no me animé, no lo quise molestar. Le hubiera dicho que yo también jugaba a la pelota, que mi papa fue compañero de él, saludarlo. Ni siquiera hacía falta una foto, pero sí darle un abrazo”, agregó.

Sergio, en tanto, habló del día en el que se enteró del paso a la inmortalidad del “Diez”“No lo podíamos creer, lloramos todos. Tengo una anécdota con él que grafica su humildad: cuando yo dirigía en baby, él fue a ver al sobrino en Estrella de Maldonado y me gritaba, me hacía bromas. Agarró a Flavio, mi hijo, y le dijo: ‘Qué bien que le pegaba a la pelota tu papá…'”.

“Somos incondicionales a Diego. Soy un agradecido de haber compartido una cancha, sé que había hecho fuerza para que fuera a Argentinos después del Sudamericano. Muchos años recibimos tarjetas de fin de año de él. Para nosotros es la imagen futbolística que siempre tenemos y se la transmití a mis hijos. En los últimos años lo vi tan mal… lo quise ver pero ya era imposible llegar a él. Me quedó con la imagen de Diego dentro de una cancha de fútbol”, cerró Luna.

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