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La historia de los pueblos que piden casa en su tierra

Collas, mocovíes, qom, guaraníes y mapuches empiezan a darle forma a la Casa de la Cultura en Rosario

Ofelia Morales, oYegnache, encarna en la ciudad la lucha de los pueblos originarios.(Foto: Sofía Korol)
Ofelia Morales, oYegnache, encarna en la ciudad la lucha de los pueblos originarios.(Foto: Sofía Korol)

Daniel Zecca

Ofelia Morales es en realidad Yegnache. Ésa es la correcta forma de llamarla, a través de la palabra del pueblo Qom (los mal llamados tobas) que define su esencia espiritual más profunda. Yegnache lleva veinte años luchando en Rosario para lograr canales de expresión a la riqueza cultural de los pueblos originarios. Collas, mocovíes, guaraníes, mapuches la acompañan en una batalla que en el mes de abril del año pasado tuvo una gran noticia. A través de exitosas gestiones realizadas en el Concejo municipal se logró que les cedieran a los pueblos originarios el predio de la ex Estación Sorrento para que funcione como sede de su Casa Cultural. La concreción del proyecto se demoró por diferentes motivos, pero ayer –lluvia mediante– se realizó en ese lugar, Cabo Álvarez y Siria (Rondeau altura Sorrento) un espectáculo para recaudar fondos que permitan que ese viejo edificio de fines del siglo XIX se transforme en un centro cultural de los pueblos originarios “con una biblioteca especializada, proyección de películas, videos, cursos de lenguas nativas y todo tipo de actividades culturales”.
La reunión, donde actuaron artistas criollos y de pueblos originarios y se vendieron unas ricas empanadas salteñas y chaqueñas, fue un buen motivo para hablar con esta mujer nacida en Pampa del Indio, Chaco, del origen de su lucha por la dignidad de su pueblo: “A mi padre le pusieron el apellido Morales siendo esclavo de un terrateniente español. Eso fue porque para quitar los territorios dividieron por apellidos. Yo tengo tíos Pérez, Medina, Sánchez, Ramírez, Rodríguez. Son tíos míos, parte de la sangre, pero mi nombre original es Yegnache, ese es el linaje de mi madre”, explicó.
—¿Nombre y apellido en una sola palabra?
—Sí, todo junto, porque es una esencia espiritual integral. Quiere decir Triángulo: una base y dos lados recíprocos que forman el triángulo con las palabras lectura-escritura-lectura. Se entrelazan las dos palabras en las tres condiciones. Y cómo será la profundidad del sentido del nombre que ahora estoy escribiendo párrafos de leyes, escribiendo historia como la de hoy (por ayer), un día especial. Es mi nombre el que me autoriza a hablar en nombre de mi comunidad.
—¿Pero en tu documento figura Morales?
—El apellido Morales es de un español, pero gracias a ese apellido pude insertarme en la Argentina, porque cuando yo nací era despreciado el nombre indígena.
—¿Cómo está hoy la comunidad Qom?
—Mi pueblo, mi nación, está abarcando cinco estados americanos: Argentina, Paraguay, Bolivia, Perú y parte de Brasil. Nuestro territorio es el gran Chaco sudamericano, donde hablamos todos el mismo idioma. Quizás nos ven muy calladitos, muy pasivos, pero somos un ente cultural, una nación con sus propias formas culturales, con lengua, costumbres, forma de vida. En Rosario somos 24 mil y tenemos varias comunidades (Almafuerte y Travesía, Los Pumitas donde trabaja la hermana Jordán, Bella Vista Oeste, Villa Banana, Funes, San Lorenzo y Baigorria). El sesenta por ciento nacidos y criados en Rosario. En toda la Argentina somos cerca de 500 mil.
—¿Cómo fue su llegada a Rosario?
—Vine aquí a comienzos de los 90 para ayudar a instalar la educación intercultural bilingüe de la provincia de Santa Fe, y para insertar un capítulo en la constitución de la provincia que reconozca poblaciones indígenas, porque en la constitución de Santa Fe hasta ahora no tenemos ese artículo, como sí lo tienen las provincias de Chaco, Formosa, Río Negro y Misiones. Hace falta que nuestros senadores inserten un capítulo entero para las comunidades indígenas. Con respecto a las escuelas bilingües logramos que haya dos establecimientos interculturales en Rosario, algo muy importante.
—¿Qué otros objetivos se plantean hacia el futuro?
—También estamos luchando para acceder a un pedazo de tierra que permita el desarrollo de nuestras comunidades. Queremos la titularidad de las tierras, pero en forma comunitaria. Somos cooperantes y solidarios. La cooperación hace vivir a nuestra nación a la par de la otra nación formada, llamada Argentina.
Yegnache mostraba ayer la alegría y el orgullo de alguien que ha conseguido algo importante, aunque la historia recién empieza. Todavía habrá que esperar un tiempo para que Rosario disfrute de la riqueza de la casa de la cultura de los pueblos originarios y para que un pedacito todavía muy pequeño de justicia empiece a destellar.

Proyectos de la comunidad toba

Los ministerios de Desarrollo Social y de Trabajo y Seguridad Social presentaron microemprendimientos llevados adelante por grupos de las comunidades tobas de los barrios Travesía, Rouillón y Pumita. Se trata de cuatro microemprendimientos vinculados a los rubros tapicería, textil, orfebrería y reciclado de plástico, en los que trabajan más de 60 personas. Estos proyectos surgieron en el marco de la Agenda de Trabajo Decente y la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades y son desarrollados conjuntamente por las carteras de Trabajo y de Desarrollo Social.
Del microemprendimiento en Pumita participan 14 vecinos, que fueron capacitados para realizar labores de tapicería de autos, motos, sillas y almohadones. Luego de unos meses de trabajo los emprendedores buscan conformar una pequeña empresa de servicios dedicada exclusivamente al rubro tapicería.
En el mismo barrio, 17 mujeres emprendieron un proyecto de orfebrería para la fabricación de modelos de sandalias de cuero con el fin de generar un circuito de comercialización. En tanto, son 14 los vecinos de los barrios Travesía y Juan José Paso que se capacitaron en el reciclado de plástico. Actualmente trabajan los procesos de molido y abrumado del material, pero ya tienen proyectado la compra de maquinarias que les posibilite generar más ingreso y empleo. El plástico reciclado es proveído por cartoneros de las comunidades aborígenes.
Por último, 16 mujeres del barrio Rouillón llevan adelante un microemprendimiento a través del cual confeccionan sábanas, manteles, toallas y delantales. Los productos se venden a diferentes organismos públicos, tanto a nivel provincial como municipal, y en la Fundación Madres de Plaza de Mayo.

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