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Pisaré las calles nuevamente

La gravitante figura de Salvador Allende en Chile, medio siglo después

En medio de una coyuntura política caliente, Chile recuerda los 50 años del día en que Chicho fue electo presidente en unos comicios democráticos que fueron un hito histórico e inédito que marcaría a fuego la historia del país


En medio de una coyuntura política caliente, 11 meses después del estallido social y siete semanas antes del plebiscito de octubre en el que los chilenos decidirán sobre una nueva Constitución, Chile recuerda los 50 años del día en que Salvador Allende fue electo presidente en unos comicios democráticos que fueron un hito histórico e inédito que marcaría a fuego la historia del país.

Allende encarnó el sueño de la “vía chilena al socialismo” un proyecto político que intentó implementar una transición hacia un sistema socialista dentro del marco democrático y la Constitución, experiencia que abrazaron millones, pero concluyó trágicamente tres años y medio después, con el golpe de Estado encabezado por el dictador Augusto Pinochet.

Medio siglo después, la figura de “Chicho”, como le decían sus adherentes, aún separa aguas de modo irreconciliable entre los que lo rechazan de plano y quienes lo consideran una figura liminar, un cuadro político de excepción que inauguró un nuevo vínculo entre la elitista clase política chilena y las masas populares, además de legar una tradición política de justicia social que ni la dictadura pudo borrar.

Coyuntura política efervescente

“El legado de Chicho está más vigente que nunca” aseguró Maya Fernández Allende, nieta del exmandatario, diputada por el Partido Socialista. La legisladora argumenta que “muchas de las demandas que levantó el estallido social (octubre de 2019) ya se recogían en el programa de la Unidad Popular” (UP), la coalición de partidos socialistas, comunistas, radicales e independientes con la que Allende llegó a la Moneda.

Este 50 aniversario se produce en medio de una coyuntura política efervescente y atípica en Chile, 11 meses después del estallido sin precedentes que reclamó el fin de la herencia institucional y política de la dictadura, y algo más de un mes antes de un plebiscito en el que el país decidirá si entierra la Constitución impuesta a fuego por el dictador en 1980.

“El plebiscito que vamos a celebrar es el hecho más importante de la democracia” agrega Maya, quien señala orgullosa como miles de jóvenes portaron pancartas y carteles con la imagen de Allende durante las manifestaciones el estallido, cuya masividad y fuerza obligó al gobierno de Sebastián Piñera a convocar a la consulta que –aspiran sus impulsores– sea la estocada final al modelo económico que legó la dictadura (1973-1990).

Allende: una bisagra en la historia del país

La persistencia de su imagen como símbolo, explica la legisladora “tiene que ver con lo que él defendía, con este legado, con estos ideales en los que él realmente creía: la participación, lo colectivo. Todos esos valores coinciden con lo que encarna el estallido y con el reclamo de la necesidad de una nueva Carta Magna”.

“¡Qué mejor que conmemorar los 50 años de la Unidad Popular ganando el plebiscito y la convención constitucional!”, agrega. Tras obtener su título de médico cirujano, Allende se dedicó a la medicina social y antes de cumplir los 30 años, fue electo diputado por Valparaíso y Quillota.

Bajo el gobierno del presidente chileno Pedro Aguirre Cerda (1938 y 1944), Allende fue ministro de Salud y un año después, en 1945, fue electo senador, llegando a presidir la Cámara alta del Congreso.

Allende intentó llegar a la Moneda en cuatro oportunidades: en las elecciones celebradas en 1952, 1958, 1964 y 1970, cuando ganó.

El triunfo de la UP pareció transformar el sueño de la “vía chilena al socialismo” en una realidad concreta y una utopía alcanzable y fue un hecho que constituyó una bisagra en la historia del país y marcó para siempre a la sociedad chilena.

Un proyecto impregnado de hondo sentido humanista

Para los votantes de Allende ese 4 de septiembre fue el día más alegre de la historia de la nación. Sin embargo la fecha marcó el inicio de una furiosa reacción conservadora y persecución política que no sólo acabó con el mandato popular poco más de tres años después, sino que también allanó el camino a la dictadura que dañó profundamente a varias generaciones, hasta el día de hoy.

Su proyecto, era –decía el propio Chicho– marxista e impregnado de un hondo sentido humanista, donde el materialismo dialéctico es su fundamento filosófico”, y constituye un camino novedoso y único en ese momento en el mundo.

Buscó la construcción de una sociedad donde se expresa la máxima libertad y el respeto del individuo, y en lo económico, a través de una producción planificada, fabricar bienes de uso que debían ser distribuidos de acuerdo a la cantidad de trabajo realizado y aportado por cada hombre.

Por esos años, la cultura chilena floreció en referentes políticos y artísticos como el cantautor Víctor Jara (asesinado por la dictadura el 16 de septiembre de 1973) o el poeta Nobel de Literatura 1971, Pablo Neruda.

Esta experiencia que despertó la esperanza de una parte de la sociedad chilena, era también rechazada por amplios sectores medios y la élite económica.

La segunda independencia

Allende siempre supo que el camino en el que embarcaba a los chilenos, no estaba exento de riesgos. “Somos los herederos legítimos de los padres de la patria y juntos haremos la segunda independencia, la independencia económica de Chile”, dijo aquel viernes 4 de septiembre desde los balcones de la Federación de Estudiantes de Chile, frente al céntrico cerro Santa Lucía de Santiago, en su discurso, poco después de conocer los resultados que lo consagraban triunfador.

“Les pido se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Piensen en el mañana duro que tendremos por delante cuando tengamos que poner más pasión y más cariño para hacer cada vez más grande a Chile y cada vez más justa la vida en nuestra patria”, dijo.

Por esas horas las élites económicas y la Embajada de Estados Unidos ya evaluaban alternativas para evitar su ascenso al poder y la construcción de eventuales alianzas políticas y militares que permitieran derrocarlo, como ocurrió el 11 de septiembre de 1973.

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