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la importancia del apoyo familiar y social

La fragilidad de la vejez: adultos mayores que viven solos

“Muchos adultos mayores viven solos y son independientes, pero existe un riesgo de fragilización que puede ser su estado de salud, sus ingresos económicos, enviudar”, explicó María Alcira Scarpone, de la repartición municipal del área.


Un matrimonio de adultos mayores fue encontrado sin vida el lunes pasado en el interior de su departamento de Córdoba al 1600. Todavía se desconoce la causa de la muerte, pero las autopsias serán determinantes a la hora de establecerlas. El caso se suma al de otra pareja que falleció un día antes en Cafferata al 600, esta vez por inhalación de monóxido de carbono, y muestra la vulnerabilidad y las situaciones a las que están expuestas personas y parejas de avanzada edad que viven solas.

María Alcira Scarpone, directora de la Dirección de Adultos y Adultas Mayores de la Municipalidad, explicó a El Ciudadano la importancia de tener un registro del otro. “No todos envejecemos de la misma manera. El viejo es una persona y la mayoría vamos camino a eso. Envejecer es un proceso de cambio”, subrayó.

Desde el área de la Dirección de Adultos Mayores, Scarpone detalló que la clave en las propuestas para los mayores es generar espacios de socialización, encuentro, reflexión, pensamiento y resignificación del tiempo, los roles y la vida a partir de una determinada edad.

“Hacemos actividades sociorecreativas como, por ejemplo, talleres de teatro y estimulación en espacios propios de la Municipalidad, de vecinales, instituciones religiosas y en 9 de los centros de convivencia barrial. Es importante que uno tenga a alguien con quien compartir cosas y un acompañamiento”, aclaró Scarpone.

La directora de la Dirección de Adultos Mayores explicó que en algún momento de la vida se va a presentar un proceso de fragilización y lo importante es contar con un apoyo familiar, social, comunitario o estatal. No todos envejecen de la misma manera.

“Muchos adultos mayores viven solos y son independientes, pero existe un riesgo de fragilización que puede ser su estado de salud, sus ingresos económicos, mudarse y no tener una residencia estable y la pérdida de su lugar de pertenencia, enviudar o perder la capacidad de realizar por sí mismo actividades de la vida cotidiana que resultan imprescindibles”, especificó la funcionaria.

Scarpone aclaró que una persona que oscila entre los 60 y los 70 años y tiene un promedio de vida de 85, no puede sentarse a “esperar que llegue lo que le corresponde”.

“Tiene que formar nuevos vínculos, construir nuevos proyectos y un deseo permanente. La mujer es más longeva. De esa manera se forman redes telefónicas o personales. Hacer intercambios. El viejo es una persona y todos vamos a eso”, sostuvo la funcionaria.

Scarpone dijo que hay que pensarse en el lugar de viejo para poder entenderlos. “Uno piensa que el viejo es el otro y que nunca va a llegar a esa edad”.

Y advirtió que olvidarse una hornalla prendida le puede pasar a cualquiera, pero hay otros indicadores. “Por ejemplo, cuando uno ve que su padre o su madre se olvidó de apagar el gas en varias oportunidades está en riesgo y necesita del cuidado de un familiar, un asistente a domicilio o que en algunos casos tenga que ser institucionalizado”, remarcó la funcionaria.

Y concluyó: “Algunos toman a los adultos mayores como viejos inútiles o como enfermos, no como personas. Otros lo llaman abuelos y eso depende del rol que cada uno tiene en la vida. Si no tiene hijos o sus hijos no le dieron nietos, ¿que sería? Hay que registrar al otro. Envejecer es adaptarse a cambiar”.

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