El Hincha, Newell's Old Boys, Rosario Central

Semana clásica

La fiesta de la ciudad: Central y Newell’s salen a la cancha en un duelo con mucho en juego

Juegan Central y Newell’s en el Gigante. Por dos horas la vida de la ciudad quedará paralizada. El Clásico más pasional del fútbol argentino marcará la vida de los rosarinos por lo que resta del 2022. Tómelo o déjelo


“Que el Clásico sea algo que disfrutemos”. Las palabras del intendente Pablo Javkin salen des-de la sinceridad de alguien que, más allá de su simpatía por uno de los dos clubes, busca darle valor emocional y no de violencia a un partido que cambia el humor de una ciudad. CentralNewell’s lleva desde hace años el título de Clásico más pasional del fútbol argentino. Y sobran los argumentos para respaldar esa idea, aunque a veces la locura supere los propios límites que puede pre-suponer un partido de fútbol. Es que este no es un simple partido de fútbol.

Cuesta conciliar el sueño. La adrenalina fluye cada vez que se menciona la proximidad del partido. Algunos eligen leer y escuchar todo lo que se dice del partido: quién juega, cómo están, si hay sorpresas, qué táctica usará cada entrenador. Otros prefieren abstraerse, pensar sólo en que llegue la hora del partido y disfrutarlo, o sufrirlo.

Habrá un grupo de privilegiados que lo vivirá en el estadio, un derecho que desde hace años sólo tienen los locales. El resto de canallas y leprosos elegirá su propia forma de vivirlo. Algunos lo harán por radio, con el mismo valor de hacerlo en una Spica o un celular de última generación. Al fin y al cabo, las tensiones van más allá de los avances tecnológicos. Y se sufre igual sin importar desde donde se escuche el sonido.

Otros lo verán por TV. El sistema Premium de estos partidos obliga a ir a un bar, juntarse con amigos desde el cómodo sillón de una casa o mirarlo desde una vidriera de negocio. Todo vale. Mucho más en un día laborable donde aparecerán las excusas para escaparse del laburo, los partes de enfermo serán moneda corriente o se suplicará por la benevolencia del jefe o dueño, que si es futbolero sabrá entender.

El Clásico esta vez será con dos técnicos foráneos. Pero eso no impide que tanto Sanguinetti como Tévez lo vivan con la intensidad que este partido obliga. El DT leproso trae en su currículum una victoria reciente en el último cruce en el mismo escenario. Y eso le quita algo de presión luego de muchos años donde los entrenadores leprosos llegaban a este partido con el peso de resultados anteriores adversos. Y el Apache, con apenas un puñado de cotejos al frente del elenco canalla, sabe que un resultado favorable le abrirá el crédito en la cuenta de los hinchas, y en estos tiempos donde a Central no le sobra nada, tener ese aval sería fundamental para transitar el resto del año.

Newell’s llega en la zona de arriba; Central intenta acomodarse en un año lleno de frustraciones. “El Clásico es un partido aparte”, se dice desde siempre. Algo de realidad que también sirve para sacarle presión a los que llegan como candidatos a ganar. Es un partido donde emocionalmente se pone demasiado en juego. Por eso transita por momentos de miedo, en especial a perder; de euforia, de ansiedad, de nervios, de éxtasis. La felicidad o la frustración de todo un semestre se pone en juego en 90 minutos.

Un partido de héroes y villanos. De esos que pone eternamente en un pedestal a jugadores como el Chaqueño Herrera o el Pájaro Domizzi. Que reditan eternamente la palomita de Poy o la Zurda de Zanabria. Un partido que tiene reservado un lugar de privilegio para el que marque la diferencia, ese que logre que media ciudad viva feliz por un tiempo sin importar las penurias de la vida.

Juegan Central y Newell’s en el Gigante. Por dos horas la vida de la ciudad quedará paralizada. El Clásico más pasional del fútbol argentino marcará la vida de los rosarinos por lo que resta del 2022. Tómelo o déjelo.

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