Ciudad

Marcharon por la peatonal

La ficción que entró en el debate del aborto llegó a Rosario

Un grupo de 30 mujeres marchó por el centro con sotanas rojas y sombreros blancos al recrear los personajes de la novela de Margaret Atwood sobre una sociedad en la que son obligadas gestar. La intervención replicó la movida iniciada por activistas y periodistas frente al Congreso Nacional


Una fila de 30 mujeres con sotanas rojas y sombreros blancos caminaron por el centro de Rosario. Marcharon en silencio desde la plaza San Martín hasta el Monumento Nacional a la Bandera. No estaban en la República de Gilead, el régimen totalitario y teocrático ficticio que creó la escritora canadiense Margaret Atwood en el libro El Cuento de la criada en 1984. Tampoco en la serie de HBO The Handmaid’s Tale, basada en el texto sobre cómo en un futuro las mujeres fértiles son secuestradas, violadas y obligadas a tener hijos para entregar a las familias al frente de la dictadura. Estaban en Rosario. A diferencia de la ficción las mujeres “cortaron” el rojo y blanco del uniforme de las criadas con el pañuelo verde, el símbolo de la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito. Lo hicieron a una semana de que el Congreso defina si abortar seguirá siendo un delito de la clandestinidad o pasará a ser una política de salud garantizada en los hospitales públicos y clínicas privadas.

Procesión

La intervención se hizo semanas antes en la puerta del Senado y es parte de las acciones de organizaciones de mujeres a favor del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). La de Rosario arrancó a las 11 en la Plaza San Martín. Las integrantes del colectivo Ni Una Menos, Mujeres Evita, Mala Junta, mujeres en escena y escritoras caminaron en silencio hasta la sede del gobierno provincial, donde hicieron la primera parada. Después recorrieron la peatonal Córdoba. Las personas que conocían la historia sacaban los teléfonos celulares y filmaban. A la altura de Presidente Roca, un hombre les gritó que tenían que usar preservativo si no querían quedar embarazadas. Ellas no contestaron y siguieron hasta el monumento, donde leyeron la carta que la escritora Atwood había enviado al diario Uno de Santa Fe dando su posición ante el debate del aborto legal en Argentina. “Muchos de los argumentos que se escucharon en el debate plantean una sociedad como la de El cuento de la criada. La vicepresidenta Gabriela Michetti plantea con liviandad que se puede dar en adopción. Nosotros respondemos que no somos criadas. En un país en el que las mujeres no tenemos derecho a decidir si queremos ser madres o no, somos esclavas de esa nación”, explicó después de la intervención Majo Gerez, integrante del colectivo Mala Junta.

Origen de acá

Atwood contó que para escribir se inspiró en el régimen nazi y en la apropiación de bebés de la última dictadura militar de 1976. El argumento de El Cuento de la criada plantea un futuro cercano en el que la tasa de natalidad del mundo cae por infecciones de transmisión sexual y contaminación ambiental. En ese contexto, en Estados Unidos se instala un gobierno teocrático, totalitario y fundamentalista religioso de la República de Gilead. En el régimen de Gilead las mujeres perdieron todos los derechos. No pueden trabajar, leer ni participar de las decisiones. Las pocas palabras están atravesadas por la doctrina religiosa. Por ejemplo: “Bendito sea el fruto”. Las personas están clasificadas por función y vestimenta. Las criadas visten de rojo y son los cuerpos gestantes. Cada una pertenece a una de las familias de los comandantes, los líderes de la nueva nación. Una vez al mes son sometidas a un ritual de violación para concebir. Una vez que quedan embarazadas y pasan por el parto son asignadas a una nueva familia. Las esposas de los comandantes visten de azul. Además de participar del rito, organizan las tareas de la casa y tejen. Con ropa gris está el grupo de Las Martas, que cumplen la función del servicio doméstico. Por último, la Tía Lydia, entrenadora de criadas, viste de marrón. En la serie toman fuerza las referencias a la vida anterior a la dictadura. Muestran vidas cotidianas perdidas. El deseo sexual femenino está prohibido. La vocación, el trabajo, la orientación sexual, las parejas, las familias y los hijos quedaron en el pasado. Ya no hay científicas, médicas, empresarias ni ningún tipo de trabajadoras. No hay lesbianas ni matrimonio igualitario. No hay bares para tomar café, ni pistas de baile.

Unión

El Cuento de la criada se convirtió en una de las banderas de quienes defienden la ley en Argentina para plantear que el aborto no es sólo un problema de salud pública. Es también la reivindicación de la autonomía de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y el derecho a la maternidad deseada y no forzada. Como pasó con la pelea por el aborto legal, unió a generaciones. Mientras las referentes históricas de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito recomiendan el libro, las más jóvenes siguen capítulo a capítulo la serie que ya va por la segunda temporada. Las primeras referencias empezaron en las redes sociales con memes y videos que mezclaban escenas de la serie con argumentos de los grupos antiabortistas. Mostraban que muchos de los discursos en contra del proyecto de ley atrasaban 100 años en la legislación argentina porque sugerían llevar la maternidad a término incluso en casos de violación y riesgo de salud, despenalizados desde 1921.

Después de que la actriz Dolores Fonzi expuso en el plenario de comisiones ante los diputados salió empezaron a repetirse las referencias a los personajes del cuento. La periodista María Florencia Alcaraz planteó en su exposición ante los diputados: “¿Qué tan lejos queda esa distopía de nuestra realidad? ¿Cuántas historias replican, en parte, el cuento de la criada? ¿Cuántas mujeres en Argentina se sienten presas de sus propios úteros? ¿Cuántas son castigadas con el poder punitivo del Estado porque no quieren ser madres? En nuestro país todavía hay muchas mujeres, lesbianas, travestis y trans que no tienen derecho a decir que no. Decir que no tiene que dejar de ser un privilegio en este país. Vengo a revindicar el derecho a decir no frente a aquello que no se desea: una pareja, un embarazo, un acto sexual, un modo de vida preestablecido, la heterosexualidad obligatoria, la maternidad”.

La diputada Victoria Donda también usó la historia de las criadas cuando habló en el debate del 13 de junio en el recinto. “En Argentina tenemos un gen autoritario que pone a la mujer en un lugar de encierro para criar a sus hijos”, dijo y recordó el plan sistemático de robo de bebes de la última dictadura cívico militar. “Usaron el útero (de las detenidas desaparecidas) como botín de guerra. Si alguno quiere hablar de la dictadura, que venga y que me cuente. Les puedo decir qué es la clandestinidad, te pasa por el cuerpo, te sentís sola”, respondió al jefe de la bancada de Cambiemos, Nicolás Massot, quien había dicho que ni en la dictadura se habían animado a tanto.

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