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Línea blanca

La empresa de electrodomésticos Liliana renace tras sortear macrismo y pandemia

La firma, jaqueada por las importaciones de Macri y luego por la crisis del covid, volvió a generar empleo. Con apoyo del Estado nacional, la firma local aprovecha el envión poscoronavirus


Foto: Sebastián Granata | Agencia Télam

La empresa de electrodomésticos Liliana logró duplicar su personal y proyecta ampliaciones después de atravesar la pandemia con una reconversión hacia la fabricación de mascarillas para el personal médico, iniciativa que le permitió mantenerse en pie junto con la ayuda del Estado a través del programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) destinado al pago de salarios.

“Tuvimos esa asistencia del Estado que nos permitió sostener esa situación y salir adelante. Dejar el auto regulando, pero en marcha”, explicó Leonardo Jacobson, socio propietario junto a sus hermanos Cintia y Fernando de la empresa familiar con sede en Granadero Baigorria que hoy es líder en el rubro, en una entrevista con Télam.

“Tenemos un optimismo implícito con este país. No nos da lo mismo tener 1.100 empleados o 500; alguien me puede decir «pero con 500 estarías más tranquilo». Tal vez, no sé, pero ver a tanta gente trabajando, que tantas familias puedan tener su ingreso a partir del emprendimiento que uno lleva adelante realmente es muy gratificante”, puntualizó.

A mediados de marzo de 2020, con la puesta en marcha de las medidas de aislamiento destinadas a morigerar el avance del coronavirus en el país, la empresa debió parar temporalmente su producción. En este contexto, logró reconvertirse y comenzó a producir mascarillas para el personal médico. “Se nos ocurrió el tema de las máscaras faciales, empezamos a desarrollarlas con la Municipalidad de Rosario, la provincia de Santa Fe y con Nación a ver cuál era el producto que se necesitaba”, contó Jacobson.

“Comenzamos a vender –aunque donamos más de lo que vendimos–, porque era nuestro único ingreso para pagar los sueldos”, recordó. “Entonces recibimos los ATP (Asistencia al Trabajo y la Producción) cuando teníamos la fábrica cerrada y no sabíamos qué hacer con la estructura que teníamos, de 800 personas”, reconstruyó.

Un fenómeno social, también asociado con la pandemia, contribuyó a enfrentar la crisis: el boom de consumo de electrodomésticos de sectores con capacidad de ahorro, excedente que también se volcó a otros rubros como ferreterías y pinturas. “El que iba al cine o salía a comer se encontraba con ese dinero y decía ‘qué hago’. Y estaba encerrado en su casa, entonces veía la tostadora viejita, o la pava, y la cambiaba. Explotó la venta de la batidora al 120 por ciento”, señaló Jacobson.

Y completó: “Se vio una explosión en el segundo semestre (de 2020), y ahí obviamente empezamos a remontar volúmenes de producción. Fue lo raro y lo loco de la pandemia”. El empresario recordó que, antes de los desafíos que planteó la pandemia de coronavirus, la empresa logró “sobrevivir” al proceso de apertura de importaciones registrado entre 2016 y 2019 durante el gobierno de Mauricio Macri.

“Hubo un cambio de políticas importantes y tuvimos que adaptarnos a ese contexto: mantener algunos productos (de fabricación local) y comenzar a importar otros”, explicó. Sin embargo, Jacobson advirtió que “el principal problema” de esa etapa fue la caída del consumo.

“Ya no se vendía ni el importado ni el nacional”, dijo, y recordó que la planta en la ciudad de Rosario se puso “en modo supervivencia” con 550 empleados. “Otro rasgo que tiene esta empresa es que cuando ve una oportunidad de crecimiento salimos a buscarla, por eso hoy tenemos más de 1.100 personas”, añadió. Con más de 70 años de historia en el mercado local, Liliana es hoy la principal fabricante de electrodomésticos del país, tanto de su marca propia como de artículos para terceros, a la vez que exporta a países de la región.

Cuenta con una gama de 250 productos diferentes que se fabrican en su planta, desde donde actualmente salen 12 mil artículos terminados por día, lo que le permite tener un market share de 50% en calefactores, ser “número uno en procesadoras” y retener el 35% del mercado de electrodomésticos en general. Desde 2014 tiene una planta de 25 mil metros cubiertos en un terreno de 75 mil metros cuadrados en las afueras de Rosario, en el que se está “construyendo un galpón nuevo para depósito de materia prima y arrancando una obra de 10 mil metros cuadrados más de ampliación”, contó Jacobson.

Junto a sus hermanos Cintia y Fernando, Leonardo administra la fábrica que en el siglo pasado creó su abuelo Aarón Jacobson, quien pasó del rubro textil al metalúrgico con la producción de una máquina de coser y luego “con la primera licuadora que se comercializó con la marca Liliana”. “En la actualidad somos los principales proveedores de Electrolux, Black & Decker, marcas de clientes como Frávega, en su momento Garbarino y electrodomésticos Walmart”, concluyó.

Nació en los 40 como fábrica de máquinas de coser y hoy es líder en electrodomésticos

La firma Liliana nació en la década del 40 como una fábrica de máquinas de coser que Aarón Jacobson puso en marcha en su casa en la ciudad de Rosario, un espacio que con el paso del tiempo se fue expandiendo con la compra de viviendas vecinas.

En 1946, en Granadero Baigorria (entonces Pueblo Paganini) Jacobson adquirió un lote y allí montó la primera fábrica en la que comenzó a producir electrodomésticos.

Luego la posta fue tomada por su hijo, Oscar Jacobson, y en la actualidad el manejo de la firma está a cargo de los hermanos Leonardo, Cintia y Fernando, tercera generación de la familia Jacobson.

Fernando Jacobson dijo que su padre fue quien más empujó el negocio de electrodomésticos, con la producción de “productos de temporada, línea ventilación y calefacción”, y luego la “línea pequeños electrodomésticos”. A fines de los 90, Liliana “dio el primer salto” al entrar en el mercado de Buenos Aires, ya que hasta entonces “era un fábrica del interior”, detalló uno de los propietarios de la firma de capitales nacionales.

“Allí empezamos a venderle a Frávega, Garbarino y Riveiro, y a las principales cadenas de supermercados como Coto, Wallmart, Cencosud (Jumbo); las venta tuvieron un incremento exponencial”, dijo el empresario, para graficar que “hoy de lo que vendemos el 50% se lo lleva Buenos Aires y el resto para el resto del país”.

De aquel crecimiento “se duplicaron las ventas y el personal”, aunque “hasta ese momento era una fábrica de 200 personas”. La primera gran crisis le tocó enfrentarla a Oscar Jacobson en 2001: “La empresa pudo sortearlo aunque quedaron cicatrices, porque fue una crisis muy fuerte; en la década del 90 la industria nacional venía perdiendo muchísimo terreno frente a lo importado”, dijo.

Según el empresario, “por un capricho de mi viejo (fallecido en 2015) de no cerrar la fábrica nunca, casi se funde; pero haber tenido la fábrica, aunque sea reducida pero funcionando, le permitió acelerar en 2003 porque ya lo encontró con algo armado”.

“Ese es uno de los rasgos principales de los industriales argentinos, que a veces contra muchos pronósticos es tozudo y es apasionado, somos insistidores; el industrial ha tenido muchas palizas, muchos tropiezos a lo largo de la historia; en este país nos ponemos a pensar si industria sí o no, cuando en realidad somos más de 40 millones de habitantes y deberíamos tener ese punto como innegociable”, agregó.

Jacobson contó que a partir de 2003, Liliana retomó el camino de la producción con mayor énfasis “en la marca propia”.

“A medida que fuimos invirtiendo en la marca, Liliana empezó a ser nuestro caballito de batalla, nuestro negocio y empezamos a encauzar la fábrica detrás de la marca, sin abandonar la producción a terceros que al día de hoy mantenemos”, explicó.

Jacobson agregó que actualmente son “los principales proveedores de Electrolux, de Black & Decker, de las marcas de nuestros clientes como Frávega, en su momento Garbarino, la marca de electrodomésticos Walmart”.

A partir de 2016 el cambio de políticas oficiales en relación a la industria nacional, mediante la apertura de importaciones, obligó a la empresa “pegar un timonazo”.

“Eso implicó ajustar las estructuras, llegamos a tener 550 personas, y a adaptarse. Nos pusimos en modo supervivencia”, recordó la historia familiar y empresarial.

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