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Educación

La educación debe cambiar para atender a la demanda de todos

El Centro Educativo Terapéutico busca una plena participación en la vida comunitaria de las personas con discapacidad.


El filósofo Gottfried Leibniz introdujo por primera vez un concepto de “mundo posible” en un trabajo que se remonta a principios de 1700. Según este autor, los mundos posibles son las distintas maneras en las que se podría haber creado el mundo. Su profunda fe religiosa lo llevó a decir que, como Dios es benevolente, el mundo actual debe ser el mejor de todos los mundos posibles.

En nuestra ciudad, el Centro Educativo Terapéutico (CET) “Un Mundo Posible” es parte de una fundación sin fines de lucro fundada en 1993 que trabaja sobre la plena inclusión de personas con discapacidad en la sociedad, pensando que el principio esencial para la vida es asegurar la igualdad de oportunidades. Muy cerca de la definición de Leibniz, el trabajo del centro terapéutico intenta que la realidad de muchos chicos con discapacidad pueda ser “el mejor de todos los mundos posibles”.

“Sustentamos, dice la historia del Centro, la idea que la educación debe cambiar profunda y radicalmente para atender a las demanda de todos y que ese cambio es posible. Pensando que en este mundo todos podemos colaborar a construir una escuela innovadora”.

El Centro Educativo Terapéutico “Un Mundo Posible”, cuyas directoras fundadoras son la fonoaudióloga y psicomotricista María del Carmen Mamertino y la fonoaudióloga y profesora de Educación Especial Liliana Chera, tienen entre sus objetivos el de asegurar el derecho a una plena participación en la vida comunitaria de las personas con discapacidad.

En la actualidad, el CET cuenta con más de 100 concurrentes con edades que van desde los primeros días de vida hasta entrada la adultez y con 40 profesionales de diferentes disciplinas.

Se trabaja con diferentes modalidades: estimulación temprana, (basada en la atención temprana del desarrollo infantil) y con niños desde los 45 días hasta los seis años.

En el CET se aborda lo curricular desde el punto de vista educativo y lo terapéutico a través de la intervención de profesionales de la psicología, fonoaudiología, kinesiología, psicomotricidad, musicoterapia y teatro, entre otras. Además brinda apoyo a la integración, es decir, la atención especializada que necesita un niño o un joven y su grupo familiar, desde un abordaje interdisciplinario para garantizar la plena inclusión en el aula común.

La institución cuenta también con un Centro de Día con el propósito de acompañar y motivar a las personas con discapacidad, hacia el camino de la autonomía, buscando soluciones alternativas y concretas a diferentes situaciones cotidianas. Los beneficiarios se agrupan por edad y diagnóstico funcional en servicios independientes: nivel básico y nivel ocupacional, cuya propuesta de talleres se basan en una formación laboral integral.

El pedagogo Paulo Freire, dice que enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando. En ese sentido, enseñar de manera inclusiva es promover una educación que pueda tener en cuenta a todos, para posibilitar que las personas con discapacidad sean incluidas como miembros plenos y valorados en la sociedad.

Norma Bornemann es profesora de Educación Especial y fonoaudióloga y está a cargo de la coordinación pedagógica del CET, y afirma que “cuando hablamos de discapacidad, nosotros pensamos en las personas, sus necesidades, sus deseos y la posibilidad de armar un destino con todo lo que puede y no fijados en la falta”.

La profesional, sostiene que la discapacidad compromete a la sociedad en su conjunto, al entorno familiar y los diversos profesionales para aceptar el desafío y trabajar para que la realidad, incluyendo al sistema educativo, no sea discapacitante. “Muchas veces la escuela ahonda la discapacidad porque su proyecto educativo se sostiene en lo que no se logra, no sabe, no puede, no alcanza, no tiene. En realidad hay chicos que requieren ser respetados en sus tiempos, sus posibilidades y lo emocional que a veces no se tiene en cuenta”.

Y agregó: “Puede llegar a obturar el aprendizaje. Muchas escuelas no son contenedoras y en ese contexto, expulsan. Es ahí donde la educación especial empieza a batallar con los proyectos de integración y todo lo que el sistema todavía no garantiza”.

En ese sentido, una de las problemáticas que suelen presentarse en las personas asistidas en una institución especial es la relación con la escuela común, donde muchas veces, por negligencia o impericia, los alumnos suelen quedar en el medio de disputas de docentes, padres e instituciones. “La idea –sostiene Bornemann– no es atomizar al niño, sino organizar una propuesta de aprendizaje de modo integral, no disgregando. Por eso la idea de nuestro centro es trabajar junto a la escuela común.

La integración es un tema muy complejo porque si bien la inclusión es un derecho, cada caso debe evaluarse y pensarse con el máximo de profesionalismo. Propiciamos la inclusión, pero no adherimos a un proyecto insostenible. Un niño que no juega con sus pares, que no puede compartir un cuento, un momento de recreación, que no es invitado a un cumpleaños, realmente sufre mucho más que no aprender y nos debe hacer pensar si ése es el espacio adecuado para que se desarrolle el aprendizaje”.

El relato de la discapacidad se instaló hace mucho tiempo, ¿pero se avanzó realmente en la problemática?

Si bien hay un avance, todavía persiste un mandato cultural, que define a la sociedad desde un concepto patriarcal donde debe haber un matrimonio con dos hijos, preferentemente un varón y una mujer. Estos mandatos, que de alguna manera marcan un ideario, suelen no contemplar lo diferente y esto complica el abordaje. Cuesta aceptar que cualquiera de nosotros puede tener a futuro una problemática de este tipo, en nuestra familia, hijos, nietos, sobrinos o nosotros mismos. Esto te moviliza y te enfrenta a lo diverso, a lo distinto, al déficit y no todos pueden asumirlo y llevarlo adelante.

Tenemos muchas limitaciones donde el discurso hegemónico del deber ser, aún subyace. Igualmente se ha avanzado mucho, principalmente en lo educativo, donde la ley Integral de Atención a las Personas con Discapacidad vino a completar la posibilidad de que estos chicos pudieran estar en un lugar que antes era impensado.

Otro concepto que se repite con mucha recurrencia es la inclusión, ¿cómo se definiría?

No es solo formar parte de algo, inclusión es compartir un destino, aprendizajes, vivencias, momentos de recreación. Si pensamos la inclusión sólo desde el punto de vista educativo, podemos equivocarnos.

Muchos niños tienen brechas importantes de aprendizajes en relación con otros compañeros, por eso, si el punto de partida está en el rendimiento y en las competencias alcanzadas, estamos en un error.

Suele decirse que la escuela tiene un mandato alfabetizador y para estar socialmente incluidos, hay otros espacios como el club o la vecinal. Pero la escuela también tiene un mandato socializador, donde uno tiene que pensar que quizás a partir de esos vínculos, de ese otro, de esa relación, adviene el aprendizaje.

Otro aspecto complementario de lo educativo es alcanzar competencias para la salida laboral. ¿Cómo abordan este desafío desde el CET?

Es importante tener en cuenta que al final del camino hay un adulto que tiene derecho a tener un destino, a formar una familia o quedarse con su familia de origen con independencia y autonomía, si no se tiene previsto eso, se pasan los años y se pierde de vista la inclusión laboral como fin último. Muchas veces hablamos de inclusión a nivel educativo pero después no hay inclusión a nivel social y laboral. Es como entretener a una persona durante muchos años para después decirle: te tenés que quedar en tu casa. Nosotros trabajamos con talleres ocupacionales para lograr que estos jóvenes-adultos aprendan conductas laborales que contribuyan a desempeñarse en su vida adulta.

Un fragmento de la declaración de Salamanca sostiene: “Cada niño tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje que le son propios, los sistemas educativos deben ser diseñados y los programas aplicados de modo que tengan en cuenta toda la gama de esas diferentes características y necesidades”. Es inminente avanzar hacia una educación inclusiva como modelo educativo, que pueda responder al desafío de una educación de calidad para todos”.

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