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Patrimonio local

La configuración de la ciudad y las obras escultóricas de Rosario

Con la intención de difundir y valorizar el acervo cultural de la ciudad la Comisión de Preservación del Colegio de Arquitectos local impulsa desde 2001 la celebración anual de la Semana del Patrimonio


Maite Acosta / Especial para El Ciudadano

Con la intención de difundir y valorizar el acervo cultural de la ciudad la Comisión de Preservación del Colegio de Arquitectos local impulsa desde 2001 la celebración anual de la Semana del Patrimonio. Organizado junto con Rotary Rosario y Cedodal Rosario, el evento fue declarado de interés municipal y cada año se abren edificios al público, se hacen recorridos y actividades considerando que “se valora lo que se conoce”. Este año fue seleccionado el edificio de la Asociación Cultural Dante Alighieri (Oroño 1160). Pablo Mercado es arquitecto y participa de la organización desde su primera edición. “La idea es transmitir lo que significa un inmueble en la historia de nuestra ciudad, no se trata sólo de una descripción de las características arquitectónicas. El patrimonio se conforma por lo tangible, el inmueble en sí, y por lo intangible, las vivencias que hay en ese espacio, como el alma de ese edificio que se va descubriendo. Cada edificio tiene un autor, ese autor tiene a su vez una familia de obras, y además está la identificación con la gente”, afirma Mercado.
La semana del patrimonio invita a detenerse en algunas obras que están en el espacio público y de las cuales no siempre conocemos su historia, su autor, su valor. Es interesante preguntarnos de qué manera el arte convive con nosotros y con la arquitectura, qué funciones tiene, cuál es el vínculo en la conceptualización y proyección de nuestra ciudad. “La trama urbana nos propone un juego simbólico y de significados, algunos presentes y otros que necesitan ser decodificados. En Rosario –que no reconoce fundador- se plantean estos interrogantes y es importante pensarlos” agrega Mercado. En relación a las obras escultóricas dice: “Hay una primera línea de obras que tienen que ver con el urbanismo, con la arquitectura clásica, la representación, lo simbólico. Esta primera conexión está vinculada al eje de una calle, a una plaza, a una fuente. Hay una manera específica de colocar las esculturas que en su mayoría son de corte monumental. Aparece así el arte como algo que agrada y embellece, que favorece a un recorrido, no existe la concepción del arte para pensar en otra cosa. La escultura clásica está en la calle, o arriba del edificio como el grupo escultórico en la Bolsa de Comercio, La Virgen en La Catedral o la campana en la Municipalidad”.

 

Los orígenes

Considerando los ejes originales de la ciudad, puede que la mejor ubicación para un conjunto escultórico sea la plaza 25 de Mayo, ubicada en el casco histórico de Rosario. Demetrio Isola construye alrededor de 1850 esta obra que originalmente tenía una pirámide central, y la base rodeada por cuatro figuras femeninas. Estas representaciones estaban vinculadas cada una a una estación del año, al clima, a la tierra, al tiempo y a la libertad. Esta obra se destruye alrededor de 1882 y es reemplazada por el “Monumento a la Constitución”, de Alejandro Biggi. Esas cuatro estaciones ahora son reemplazadas por los cuatro héroes nacionales: Bernardino Rivadavia, Manuel Belgrano, San Martín y Mariano Moreno. La identificación ya es con Europa. En este sentido, Mercado aclara: “el nombre de las calles nos da una idea del capital simbólico de ese momento: Urquiza, que nace en la Bajada Grande (Bajada Sargento Cabral), Puerto (San Martín) y Aduana (Maipú), Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe. Rosario es una ciudad cuyos ideales son la Libertad (Sarmiento), el Progreso (Mitre) y el Comercio (Laprida). Las sucesivas oleadas inmigratorias modificaron la estructura socio-económica de la región y Rosario se convirtió en el centro irradiador de desarrollo. El puerto de nuestra ciudad empieza a funcionar en 1852 y se necesitan productos que son traídos por el ferrocarril a fines de la década de 1860. Ya para estas fechas se exporta el trigo argentino a Europa, y este hecho será conmemorado, casi un siglo después, por el bajorrelieve “Sembrador”, del escultor Lucio Fontana, en la avenida Belgrano.

 

Celebraciones y derroteros

Más adelante, en 1909, en el marco de los festejos en conmemoración de los 100 años de la Revolución de Mayo, se contrata a Lola Mora para realizar el conjunto escultórico del Monumento Nacional a la Bandera. Si bien hoy es considerada la primera escultora argentina, en ese momento se dieron situaciones complejas que pusieron en tela de juicio su capacidad artística. En 1942, tras el nuevo concurso de maquetas, el monumento se adjudicó a los arquitectos Ángel Guido y Alejandro Bustillo, y a los escultores José Fioravanti y Alfredo Bigatti. Se inauguró en 1957, tras varias postergaciones, 59 años después de colocada la piedra fundamental y 21 años después de la muerte de Lola Mora. Sus esculturas quedaron abandonadas y deambularon por distintos espacios públicos de nuestra ciudad hasta que a fines de 1990 fueron emplazadas en el Pasaje Juramento, donde se encuentran actualmente. Ellas son La Libertad o La República, La Gloria, El Gaucho o Paisano, La Madre y el Hijo o La Maternidad, El Soldado y El Clarín o Clarín de la Patria, Belgrano y la Bandera o La Jura de la Bandera, Fray Gorriti bendiciendo la Bandera, Los Granaderos. Un primer sector se inaugura con un puente peatonal sobre un espejo de agua con las esculturas y luego se abre el camino entre la Iglesia Catedral y el Palacio Municipal de Rosario, uniendo el Monumento con la plaza 25 de Mayo.

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Nuevas búsquedas

El sembrador fue inaugurado en 1943, luego de ganar el concurso de 1941 que les permite a Lucio Fontana y Raúl Palacios su realización. Esta obra tapa la entrada al antiguo túnel hacia la estación ferroviaria, es una monumental talla mural que mide 8,10 metros de ancho por 8,80 metros de alto. Está integrado por treinta placas constituidas por una mezcla de cemento con arena gruesa, vidrio molido y óxido de hierro, que le da la coloración rojiza. Vinculado al aspecto portuario de Rosario, trata de homenajear al hombre de campo, cuya figura está planteada en un primer plano, con el paisaje pampeano detrás, organizada en una fuerza oblicua hacia la derecha, que podría interpretarse como el futuro. De carácter figurativo, mantiene una distancia en relación a las formas clásicas por su lenguaje modernista, de formas sintéticas y experimentación material. Fontana es un artista rosarino que recibió reconocimiento internacional como pionero en lo que se denominaría “espacialismo”.

 

Presencias que transforman el entorno

Las obras de Lola Mora y de Pérez Celis convivieron unos años en el Patio de la Madera. Este espacio fue una estación ferroviaria que se rediseñó, quedando su entrada principal frente a la Terminal Mariano Moreno. Se inaugura en 1988 y desde ese momento en la plazoleta del Centro de Convenciones contamos con “Presencia transformadora”, pieza de Pérez Celis. Está en un espacio abierto, y genera un fuerte impacto visual ya que sus formas geométricas se elevan hasta los 16 metros de altura y se recortan del paisaje por el contraste de sus colores primarios (amarillo, rojo y azul). Sus curvas sintéticas parecen apoyarse unas en otras, como en una danza, sobre este eje oblicuo que sostiene al conjunto de planos de hierro policromado. Hace dos años, en el marco de la inauguración del Mercado del Patio, se realizaron una serie de actividades destinadas a la puesta en valor del área circundante, y se restauraron sus colores.

 

El Paraná, escenario elegido

Una de las últimas obras que se emplazan en el espacio público corresponde a Marta Minujín, referente a nivel internacional, que realiza obras para alcanzar lo popular, masivo, espectacular y lúdico. El año pasado se sumaron al patrimonio cultural de Rosario, las esculturas “Marzo” y “Abril”, pertenecientes a la obra <Los meses del año<. Están inspiradas en el arte cicládico que viene de Grecia, y su tema es la relatividad del tiempo. Estas figuras son siluetas de hierro y metal pintado que remiten a formas humanas, cuyas curvas tienen un movimiento suave que se alza por sobre el horizonte del Paraná, y se pueden ver en la explanada del Macro. La artista afirma que son obras ecológicas porque se transforman con el clima y se integran al paisaje.

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