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Hoy distrito municipal

La casona Villa Hortensia aloja historia, mitos y relatos de hechos paranormales

Marianela trabaja hace 14 años en el Banco Municipal que se encuentra dentro de la casona. Hace unos 11, cuando estaba sola comenzando su jornada laboral sus ojos vieron a un hombre sentado que se esfumó. Tras mucho investigar llegó a la conclusión que podría ser uno de los 9 hijos de Hortensia


Gentileza: Facebook de Rosario Secreta

Hay suficientes rincones de Rosario con dosis suficiente de historia, mitos y leyendas como para sumar misterio a las demás cualidades de la ciudad. Muchos son lugares de interés turístico. Algunos, sedes administrativas. Hace poco, el Ente Turístico municipal lanzó la aplicación Rosario Insólita, que tienta a sumergirse en relatos sobre esos espacios e invita a conocerlos. Uno de ellos es Villa Hortensia, la casona construida en 1876 que desde 1996 funciona como distrito municipal en la zona norte. Allí, frente a la plaza Alberdi, circulan además de trámites innumerables historias de sesgo paranormal. Se han organizado visitas diurnas, nocturnas y hasta escolares con el atractivo de esa densidad de sentidos. Pero las cosas extrañas no están sólo en su pasado. ¿Espíritus?  Nadie se atreve a calificarlas, pero algunos acceden a contar lo que vivieron entre sus muros. El Ciudadano habló con Marianela Gallo. Es parte del grupo Rosario Secreta, que también indaga los misterios de la urbe sin fundador. Lo que sigue es una parte de su testimonio.

Marianela tiene 44 años y hace 14 trabaja en las oficinas que el Banco Municipal tiene en la planta alta de la casona de Warnes 1917. Ya pasaron 11 años de la primera vez que fue testigo de “algo” inquietante en Villa Hortensia. “Era una mañana de invierno, yo entré sola. Era de las primeras que lo hacía, desactivaba la alarma y prendía las máquinas (computadoras). En un momento veo que frente a mí, en uno de los bancos que había entonces para que la gente se siente, estaba lo que parecía un hombre. No te puedo decir bien, no podía verle bien el rostro, sólo que no era muy alto, que era delgado y que tenía las piernas cruzadas. Vestía una especie de mameluco tipo mecánico de color azul. Miré hacia los costados para buscar una explicación. Por ejemplo, descartar que fuera el reflejo de un cuadro. Y cuando volví la vista a la silla, el «espectro» o lo que fuera ya no estaba”, recordó. “Me asusté, aunque no era la primera vez que tenía ese tipo de experiencias”, acotó y siguió: “Cuando llegó una compañera le conté lo vivido y me dijo que no era la única que había pasado por esa experiencia. También me adentró en la historia de los antiguos dueños de Villa Hortensia y cómo murieron”.

Al mes de aquella aparición, su compañera volvió sobre la historia que había comenzado a contarle. Le dijo que estuvo desayunando con uno de los nueve hijos de Hortensia, la mujer que vivía en la casa junto a su familia y quien le dio el nombre a la villa. “Era el más chico, que vivía al lado y desde que se instaló el centro de distrito iba a desayunar todas las mañanas. Mi compañera le contó lo que ví y él le respondió, sin titubear: «Ah, sí, ese es el pollerudo de mi hermano, siempre quiere estar en la habitación de mi mamá»”. El hijo de Hortensia ofreció más datos sobre su hermano: “Era aviador”. El detalle le hace pensar a Marianela que lo que le pareció un mameluco azul era el traje de piloto. Sin embargo, otro familiar en sus testimonios señala que no hubo hijos aviadores.

Hortensia Echesortu de Rouillón

Rosario Secreta

Esa experiencia motivó a Marianela a estudiar la historia de Villa Hortensia y los que pasaron por sus espacios. Así conoció a Rosario Secreta, un grupo de personas que se juntaron por el interés común en la vida cultural, arquitectónica de la ciudad. Y en sus leyendas, que también construyen su identidad. Tienen una página en Facebook y también un grupo de WhatsApp.

“El grupo se formó el 14 de septiembre de 2015 y yo entré en diciembre. Me invitaron a formar parte de los recorridos nocturnos por la villa. Pedí permiso en la Municipalidad, me lo concedieron y me autodesigné guía. Nunca había hecho eso, pero me permitió conocer más sobre los mitos, incluso para desmitificar algunos. Y continuar con experiencias paranormales dentro de sus muros”.

Ascensores con vida propia

Marianela vivió muchas experiencias singulares en la casa. Parte pudo justificarlas racionalmente. Otras, permanecen en la zona de misterio. Entre las últimas, está la de los ascensores. “Se abren y cierran constantemente, me pasó a mi dos veces y sé que a un guardia también”. Para contrarrestar la incredulidad, señaló en una de las visitas el hecho quedó filmado, y está subido a las redes.

 

Historia y mitos

Villa Hortensia fue construida en 1876 por el arquitecto Boyd Walker para la familia de José Nicolás Puccio, fundador del “ex Pueblo Alberdi”. Murió sin habitarla y la compró Ciro Echesortu, casado con Hortensia Larrechea, la del nombre de la villa. Su hija, también llamada Hortensia, se casó con Alfredo Rouillon, otro apellido “ilustre”. Tuvieron nueve hijos y utilizaban la casona como residencia veraniega. Cuando muere de forma natural en 1970, la casa queda cerrada. Sus propietarios acumulan deudas. En 1989, se la declara Monumento Histórico Nacional. La villa fue comprada por la Municipalidad el 30 de mayo de 1996, para destinarla a lo que es hoy: uno de los distritos de la gestión descentralizada.

Uno de los mitos que rondan en la casona es el de una ventana tapiada que se ve desde afuera. Decidieron cerrarla con ladrillos después de la muerte de Hortensia, porque no paraba de abrirse y cerrarse sola. “Algunas versiones dicen que era porque Hortensia se suicidó y se tiró por esa ventana. No es cierto, sabemos que murió de muerte natural”, refutó Marianela.

“Supimos que la habitación de Hortensia no era donde hoy funciona el Banco Municipal, como se creyó al principio, sino que estaba al lado, donde está Catastro“, avanzó. “Muchos guardias de seguridad renunciaron, eso es verdad. Se volvían locos, escuchaban ruidos”, aseguró la mujer. La hermana de un ex custodio se lo confirmó. “Hay otros tres empleados que vieron pasar espectros en el distrito”, afirmó.

“Hay una cosa que no puedo verificar, pero que se dice: antes de la decisión de instalar allí el centro de distrito, la Municipalidad contrató una médium que, aseguran, logró contactarse con Hortensia. Ella le dijo que estaba molesta con que empezaran a transitar muchas personas por su casa, y que quería que esté más iluminada, que abran las ventanas”, dijo. Creer o reventar, pero con el “cumplimiento” de al menos una de esos pedidos –la casa está bien iluminada– disminuyeron los episodios difíciles de explicar con el sentido común.

Mientras la casa permaneció abandonada, circuló fuerte la versión del “embrujamiento”. Como guía de las recorridas nocturnas, Marianela escuchó varios relatos en ese sentido: “Personas que vivían en la zona veían como se prendían y apagaban las luces sin que haya electricidad y oían ruidos en la casa, que suponían deshabitada”, reiteró.

De películas

Marianela dice que es como en los guiones trillados de las películas de terror: las cosas raras pasan cuando hay poca gente en la casa, y de noche. Como la radio que se prende sola en el subsuelo.

“Igual está todo mucho más tranquilo que antes. Yo pienso que es alguien que se quiere comunicar y que no tiene nada que ver a la familia”, expresó la mujer que desde chica está ligada al mundo de la metafísica: sus padres fueron pioneros de esa rama de la filosofía en Rosario.

De recorridos va la cosa

Hubo recorridos nocturnos teatralizados organizados por la Municipalidad de Rosario. También hubo un tiempo que las visitas eran diurnas, que también se dejaron de realizar.

Rosario Secreta continúa convocando a recorridas por los lugares enigmáticos de la ciudad. El año pasado fue la última en la villa que da a la plaza Alberdi. El grupo está en Facebook, pero las convocatorias son más íntimas: se hacen por WhatsApp.

Los únicos afortunados en conocer cada rincón de la casona, conocer su historia y admirar su arquitectura son los más pequeños. Las visitas escolares se mantienen.

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